Sector industrial de defensa y seguridad

Defensa, una industria clave en la encrucijada

El sector de defensa y seguridad en España, con 20.000 empleos directos y que factura el equivalente al 0,5% del PIB, trata de resituarse en un momento de crisis y nuevos retos.

Fin de ciclo en el sector industrial de defensa y seguridad. La crisis económica y los consiguientes recortes presupuestarios, la asfixia financiera en la que se encuentra el Ministerio de Defensa, el fin de la presencia aliada en Afganistán e Irak y la aparición de nuevas amenazas sitúan a un sector estratégico y con un peso nada desdeñable en la economía española en la encrucijada. Responsables políticos y dirigentes empresariales son conscientes de que toca poner en marcha un nuevo modelo en un entorno que supone todo un desafío.

"La seguridad y la defensa precisan ahora una base industrial que ya no puede seguir con la organización y funcionamiento del pasado", resume el último informe elaborado por Félix Arteaga, investigador del Real Instituto Elcano, con la colaboración de las empresas del sector.

¿Cuál es la situación actual y la dimensión de esta industria? Precisamente, uno de los principales problemas para presentar una radiografía del tejido empresarial español en el negocio de la defensa es la falta de datos actualizados, la dificultad de acceder a información homogénea y la disparidad de cifras según las fuentes consultadas.

Facturación en alza

Las estadísticas más recientes son las que maneja Tedae, la patronal de aeronáutica y defensa que preside el exministro socialista Julián García Vargas. Según sus datos, la facturación de las empresas de defensa y seguridad llegó a los 5.431,05 millones de euros en 2010, lo que supone un incremento del 41% desde las cifras alcanzadas en 2008, cuando ya se dejó notar el impacto de la crisis.

En el periodo 2008-2010, el negocio de la industria ha pasado de gravitar, principalmente, en torno a la demanda interior (sobre todo la generada por los Ministerios de Defensa e Interior y otros clientes institucionales) a hacerlo en torno a las exportaciones. Al cierre de 2010, el 54,2% de las ventas del sector ya eran a países extranjeros (en especial, dentro de la propia UE o naciones aliadas de la OTAN).

Este giro y la positiva evolución de la cifra de negocio del conjunto del sector está relacionado directamente con la buena marcha del sector aeronáutico, encabezado por el consorcio europeo EADS. Los hitos logrados en el avión de transporte militar A-400M y las exportaciones de los aviones tanqueros de Airbus Military han disparado la facturación del negocio de la aeronáutica militar a los 2.876 millones. Sigue siendo, de lejos, el negocio con más peso en el sector de la defensa en España (supone el 54%), por delante del naval, que lidera Navantia (que llega al 27,6%).

En conjunto, el sector factura el equivalente al 0,5% del PIB y da empleo de forma directa a 19.270 personas. Estas cifras se deberían multiplicar por cuatro o por cinco para tener en cuenta el empleo indirecto e inducido que genera la industria.

La defensa y la seguridad concentran alrededor del 10,7% de las inversiones estatales y la I+D militar supone el 11,4% de todo el gasto estatal en investigación y desarrollo.

¿Cómo es la estructura del sector? Según el último informe oficial hecho público por el Ministerio de Defensa (con datos de 2008), el número de empresas registradas en la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) es de 407. El 89% de ellas son pymes, cuyo peso en la facturación global es del 37%. De hecho, el 75% de las ventas del sector se concentran en cinco empresas (en realidad, en solo cuatro grupos empresariales): en EADS-Casa y Airbus Military (del consorcio EADS); en los astilleros públicos de Navantia; en la compañía tecnológica Indra, y en Santa Bárbara Sistemas (filial de la estadounidense General Dynamics).

La atomización de la industria española es uno de los retos que pretende afrontar el sector. Las grandes empresas están impulsando la fusión e integración de las más pequeñas, que necesitan ganar peso si quieren competir en el ámbito internacional. Estas pymes, que en general actúan como subcontratistas de las de mayor tamaño, se encuentran ahora con una nueva dificultad: una directiva de Bruselas impide a los grupos españoles privilegiar a las empresas nacionales a la hora de subcontratar carga de trabajo frente a otros competidores europeos.

La reordenación del sector ha sido defendida en público por el propio García Vargas, que se ha mostrado partidario de crear un gigante industrial de la defensa en España para integrar capacidades y compartir tecnologías, siguiendo los modelos de otros países europeos. No obstante, la iniciativa parece poco viable a estas alturas, dada la diferencia de modelos empresariales en las cuatro grandes compañías del sector en España.

El otro gran reto para la industria vendrá dado por el nuevo esquema de impulso industrial que tendrá que diseñar el Ministerio de Defensa, atascado financieramente con una deuda que, al cierre de 2011, superaba los 26.500 millones de euros. El ministro Pedro Morenés ya ha advertido que los grandes programas de compra de armamento van a ser revisados y está previsto que se reprogramen calendarios de entrega y pagos, que en algunos casos se renegocien las unidades inicialmente contratadas y que en otros, directamente, se opte por la cancelación.

El sector reclama al Gobierno una racionalización de los sistemas de compras, con la creación de agencias especializadas e integradas que también serían las encargadas de planificar y gestionar las necesidades en defensa y seguridad, el impulso a los contratos de colaboración público-privados y una mayor participación de la industria en los programas de apoyo y de I+D generales de los que disfrutan otros sectores.

Las empresas también son conscientes de que en un contexto de recortes presupuestarios tienen más oportunidades de negocio a medio plazo si dan un mayor peso a las actividades relacionadas con la seguridad, a programas con aplicaciones duales (civiles y militares) y a áreas de negocio que permiten unos ingresos sostenidos a largo plazo, como las relacionadas con servicios y mantenimiento.

La vigencia del debate entre cañones y mantequilla

La crisis económica y los recortes presupuestarios vuelven a poner en primer plano el debate planteado hace años por el Nobel de Economía Paul Samuelson: a la hora de asignar recursos escasos de la manera más eficiente posible, ¿qué es lo que hay que priorizar, cañones o mantequilla?

En la balanza de los cañones, las empresas de defensa y seguridad defienden la capacidad para generar empleo del sector y su impulso tractor para otros negocios. Según las recientes estimaciones hechas por el Instituto de Economía de Barcelona para los Cuadernos de Política Industrial de la ingeniería pública Isdefe, con datos de 2005 la contribución a la actividad económica de cada euro que se invierte en defensa equivale a 2,5 euros. Y llega a los 4 euros a través de exportaciones y de retornos de cooperación en el ámbito industrial. Sin embargo, esta percepción no es unánime.

Los defensores de la opción de la mantequilla consideran que privilegiar el gasto social frente al militar ayuda a reactivar la economía productiva a través del consumo de los ciudadanos que más lo necesitan. Según el último informe sobre gasto militar elaborado por el Centro de Estudios para la Paz JM Delàs, con los Presupuestos del Estado para 2011 en la mano, el recorte que el anterior Gobierno aplicó en defensa fue del 7%, un porcentaje sensiblemente inferior a la reducción del 8,1% puesta en marcha en educación, del 8,2% en sanidad, del 8,1% en servicios sociales y del 19,9% en ayuda al desarrollo.