TRIBUNA

Espejismo del mercado a la espera del Gobierno

Parece que los mercados financieros continúan de vacaciones navideñas, tras la inyección masiva de liquidez del Banco Central Europeo a mediados de diciembre y su intervención periódica. Ni la rebaja masiva del rating de la deuda pública de casi todos los Estados miembros de la Unión por parte de Standard & Poor's parece remover los mercados. Sin embargo, todo ello es un espejismo, explicado principalmente por la revisión de la posición de la autoridad monetaria, mientras esperamos los pasos a dar por los países de la eurozona.

En primer lugar, Sarkozy y Merkel avanzan en la negociación del nuevo pacto fiscal marcado esencialmente por el equilibrio presupuestario a largo plazo y por una contracción a corto. Sin duda, la Unión necesita una política fiscal común. Pero esto es muy distinto a una misma política para todos y cada uno de los países, mientras los problemas de fondo permanecen sin resolverse.

Casi dos años después del estallido de la crisis griega, el país heleno continúa en el ojo del huracán pendiente en estos momentos de una negociación incierta para acordar la quita voluntaria de la mitad de su deuda pública. El Fondo Europeo de Estabilidad Financiera no solo cuenta con recursos insuficientes, sino que su potencial apalancamiento y la búsqueda de socios internacionales se mantiene expedita, toda vez que ha visto reducido su rating empujado por la rebaja de Francia. Además, continúan pendientes las concreciones de los nuevos objetivos, acordados en el Consejo Europeo del pasado julio, que le permitirían capitalizar al sector bancario a través de los Estados, algo clave para avanzar en la reestructuración financiera en nuestro país. Así pues, aun cuando se adelante la entrada en funcionamiento del Mecanismo de Estabilidad permanente no parece que se acabe de cerrar el modelo entre tantas incertidumbres. En este escenario, solo la reorientación del BCE, que aún está pendiente de confirmarse, está manteniendo a la eurozona en una relativa calma, si bien los problemas estructurales siguen minando las perspectivas de crecimiento y, por ende, las probabilidades de superación de la crisis.

Por nuestra parte, España se encuentra en una posición compleja con un programa de estabilidad cuyo cumplimiento parece cada vez más difícil, sujeto a la desconfianza de los mercados financieros y con una agenda de reformas pendiente de concreción. En este sentido, el país debería reflexionar sobre la actual pauta de consolidación pactada en la primera parte de 2011, cuando parecía que la recesión quedaba atrás y se preveía un crecimiento para 2012 del 2,3%. Si el déficit fiscal cierra 2011 ligeramente por encima del 8,0% del PIB, alcanzar el 4,4% en este ejercicio con un estancamiento del PIB nominal implica un ajuste superior a 40.000 millones de euros. Hasta ahora el nuevo Ejecutivo ha anunciado una reducción del gasto en torno a 9.000 millones de euros y un incremento impositivo con el que se espera recaudar 6.000 millones, centrados en la subida del IRPF, mientras se espera una recaída del empleo. Así pues, aun quedaría pendiente un ajuste adicional que debería reducir el déficit en no menos de 25.000 millones adicionales y esperar que tales políticas no depriman la actividad de tal modo que nos deslicemos hacia un círculo vicioso. Estos objetivos resultan poco plausibles, si bien cualquier revisión que se pudiera incluir los próximos presupuestos debería ser posterior a la redefinición del marco europeo y al avance decidido en las reformas estructurales.

Y en esta área, el Ejecutivo aún no ha mostrado todas sus cartas. Por una parte, la universalización de la desgravación por compra de vivienda supone un paso atrás de negativas consecuencias fiscales y de reorientación de la estructura económica del país. Por otra, la suavización de la regulación para la transformación de las cajas de ahorros en fundaciones elimina una espada de Damocles bien orientada para forzar la despolitización de la gestión financiera. Además, la renuencia a la creación de un banco malo o a instrumentos más incisivos para proceder al saneamiento de los balances bancarios solo prolonga temporalmente el proceso de desapalancamiento, cuyo coste necesario pasa por la reducción de la oferta de crédito. Y todo ello en medio de un debate europeo sobre los requerimientos de capital trufado de incertidumbres, con un comportamiento, por cierto, cuando menos vacilante de la ABE. Y por último, seguimos a la espera de la reforma laboral.

En los próximos meses, la zona euro seguirá jugando con su propia existencia, en medio de debates políticos de baja altura y promesas electorales ante los comicios presidenciales franceses. Parece que el BCE está suavizando la situación pero los acuerdos deben dar lugar a medidas concretas. En España, hemos visto algunos pasos equivocados y otros dubitativos. Esperemos que se concreten mejor en las próximas semanas.

Jonás Fernández Álvarez. Director del Servicio de Estudios de Solchaga Recio & Asociados