COLUMNA

España, las sumas difíciles del déficit

El nuevo Gobierno de España no puede permitirse tomarse el año nuevo con calma. Ha heredado un déficit de más del 8% del PIB en 2011 y quiere mantener el objetivo de reducirlo hasta el 4,4% este año, justo cuando la economía se desacelera. Las matemáticas se presentan difíciles, si no imposibles.

Para llegar al objetivo de este año, el Gobierno necesita ahorrar el equivalente al 3,8% del PIB, o alrededor de 38.000 millones de euros. El Gobierno anunció la semana pasada recortes e impuestos que suman unos 15.000 millones, que afectarán al crecimiento ya mucho más bajo de lo previsto. El objetivo original de 2012 fue acordado por el anterior Gobierno bajo el supuesto de que la economía española creciera este año un 2,3%. En lugar de eso, podría reducirse hasta en un 1,5%, según Goldman Sachs. Sus economistas estiman que el deterioro podría neutralizar totalmente las medidas anunciadas la semana pasada y mandar a Madrid a la casilla de partida: tener que ahorrar 38.000 millones.

El Gobierno dice que puede recaudar otros 8.200 millones con un nuevo plan para combatir el fraude, un fenómeno extendido. Eso, sin duda, ayudaría, pero incluso si se cumple con este objetivo optimista, el Gobierno tendrá aún una enorme montaña por escalar.

Al menos las fuertes medidas tomadas desde el principio están mandando una señal de que España se ha comprometido a hacer lo necesario para alcanzar la meta. Quizás no importe tanto que lo consiga mientras las finanzas del país se encaminen en la dirección correcta. El nuevo ministro de Economía dijo también que el Gobierno prepara una ley para controlar los presupuestos de las comunidades autónomas. Lo más importante es que España demuestre con el tiempo que crecerá de nuevo. Esa es la razón por la que el Gobierno también se centra en las reformas estructurales, cruciales para que España logre disminuir el 23% de paro. El Gobierno espera que esto sea suficiente para generar confianza, su lema favorito. Por ahora, los mercados se mantienen cautelosos. Los rendimientos españoles han subido desde comienzos de año, mostrando que no hay lugar para la complacencia.