COLUMNA

'Draghiadictos'

Mario Draghi debe estar poniendo los ojos en blanco. El Banco Central Europeo (BCE) ha dado a conocer las medidas que deberían proteger la eurozona de un colapso al estilo de Lehman Brothers, y ayudar a evitar una repentina contracción del crédito. Pero lejos de reestablecer la confianza entre los inversores de deuda, las nuevas facilidades a tres años del BCE pueden espantarlos.

Las dos operaciones de refinanciación a largo plazo (ORLP) de tres años del BCE, que se ofrecerán la próxima semana y en febrero, permitirán a los bancos cantidades ilimitadas durante 36 meses. Eso debería dar a los prestamistas un poco de confianza para poder financiar sus préstamos, reduciendo el riesgo de un rápido desapalancamiento. Sin embargo, se supone que el beneficio real de las ORLP de tres años será estimular a los inversores privados. El mercado de deuda bancaria europea está cerrado desde el verano. La esperanza es que el apoyo a largo plazo de los bancos centrales dé a los inversores confianza para ayudar a refinanciar la montaña de deudas sin garantía de los bancos que vence en 2012.

Pero la generosidad del BCE puede no resultar un éxito. La aversión de los inversores a la deuda de los bancos no está relacionada solo con la liquidez, sino también con las preocupaciones por la insolvencia de algunos países o por la posibilidad de abandonar el euro. La reciente cumbre de la eurozona no ha disipado el miedo. Y eso puede dejar al BCE como única fuente de financiación para muchos bancos. Pero cuanto más dependientes sean los países del BCE, más cautelosos serán los inversores privados. A medida que los bancos vayan aumentando el uso de las ORLP, tendrán que comprometer una porción mayor de sus activos al banco central. Lo que deja sin garantía a los bonistas con menor demanda en el resto de los activos, dándoles menos incentivos para comprar papel bancario. Por la misma razón, los tesoreros corporativos se verán animados a retirar los depósitos de las empresas, agravando los problemas de liquidez. El BCE podría haber evitado un colapso bancario a corto plazo. Pero el riesgo está en crear una serie de bancos zombis europeos.