Muy confidencial

Banco malo: a medio camino entre Berlín y Dublín

El debate de moda en círculos financieros (al margen de quien será el nuevo ministro de Economía) es cómo podría poner en marcha un banco malo el nuevo Gobierno. La necesidad de que el sector bancario digiera el empacho de ladrillo que tiene en su balance es más que evidente. Ahora bien, ¿cómo puede el sector público apoyar a las entidades financieras, sin aumentar el déficit, y sin poner en peligro la estabilidad del sistema?

El dilema surge al comprobar lo ocurrido con la fórmula de banco malo que pusieron en marcha Irlanda y Alemania. En el primer caso, el Estado compró activos inmobiliarios a la banca a precios de mercado, lo que les supuso fortísimas pérdidas y acabó por obligar al Estado a rescatar a los grandes grupos financieros y, después, a que la Unión Europea tuviera que rescatar a Irlanda.

Berlín optó por ofrecerse a comprar los activos inmobiliarios al precio que tenían registrados los bancos en sus balances. De esta forma, las entidades no tuvieron que apuntarse minusvalías ni levantar capital adicional. El riesgo que existe es que el Estado tenga que vender a precios más bajos, y sean los contribuyentes los que corran a cargo de los números rojos.

Una fórmula intermedia entre la adoptada por Irlanda y la de Alemania sería la idónea, a decir de un directivo de una entidad financiera española. "El Estado podría ofrecerse a comprar activos inmobiliarios, especialmente suelo, aunque tendría que ofrecer un precio intermedio entre el valor de mercado, que puede ser cero, y el que está en los libros", asegura. "Además, debería establecerse una cláusula para que los bancos se hagan cargo, al menos parcialmente, de las posibles minusvalías generadas por la venta de esos activos". Esta fórmula permitiría a la banca desprenderse de su cartera inmobiliaria, asumiendo un primer impacto inicial y otro dilatado en el tiempo.