COLUMNA

Sin jugar duro

Los especuladores pueden hacer fortuna haciendo que lo muy probable se convierta en inevitable. En 1992, George Soros ganó 1.000 millones de libras sacando fuera a Reino Unido de un tipo de cambio fijo que no estaba dispuesto a mantener. Los inversores que apuestan por la ruptura del euro tal vez desean repetir el logro de Soros. El camino es sencillo. Primero sacan ventaja de su poder para reducir a cualquier país fuertemente endeudado hasta la insolvencia subiendo los tipos de interés y negándose a renovar los préstamos. Los países entonces entran en suspensión de pagos. Pero solo Grecia ha cedido. Todos los demás miembros están mostrando más voluntad política de lo que los escépticos habían previsto. Ningún Gobierno ha vacilado en su compromiso de mantener el euro con una fiscalidad razonable y el BCE ha hecho todo lo necesario para que la presión sea soportable.

Muchos inversores se han sorprendido con esta capacidad de resistencia. Aunque deberían haber estudiado las décadas de lento progreso hacia una completa UE. Los líderes de estas naciones siempre han dejado para el último minuto el no hacer más de lo suficiente. El nuevo elemento de la crisis actual no es el comportamiento de las autoridades sino la interpretación de cada desarrollo. Las noticias de la semana pasada siguieron la misma trayectoria, pero la interpretación del mercado fue diferente -y más optimista-. Los rendimientos de los bonos comenzaron a caer. Las acciones subieron. Incluso una advertencia masiva de rebaja de calificación de Standard & Poor's no tuvo demasiado efecto. ¿Qué ha cambiado? Los inversores dirán que un compromiso político con el euro por fin parece creíble. Es una manera de salvar la cara diciendo: "Interpretamos mal la situación". Pero quizás también se han dado cuenta de que el euro no es lo mismo que el tipo de cambio de una moneda.

Por Edward Hadas