EDITORIAL

Paños calientes de los gobernadores

Los bancos centrales de EE UU, Europa, Japón, Suiza y Canadá acordaron ayer aplicar nuevas medidas de inyección de liquidez en el sistema financiero mundial para flexibilizar las condiciones de acceso de la banca, desbloquear los mercados interbancarios y facilitar los flujos de crédito de empresas y hogares. Se trata de una reedición, corregida y aumentada, de la primera acción concertada por la Fed y el BCE hace dos meses para alimentar los mercados de liquidez en dólares, de los que estaban especialmente necesitados los bancos europeos. No es, por tanto, nada nuevo. Y no es la solución definitiva a la crisis financiera, sino únicamente un alivio temporal.

Tanto la decisión de hace dos meses como la de ahora, que ha disparado la euforia en los mercados, viene a llenar el vacío en la determinación de las autoridades políticas de atajar la crisis de deuda. De las europeas, que no terminan de ponerse de acuerdo ni sobre la cuantía ni sobre los mecanismos de financiación del fondo de rescate, y de las de varios países, que caminan lentos en la senda de reformas, ajustes fiscales y recapitalización de la banca. No estaría de más que el BCE sumara a su iniciativa de ayer la apertura de líneas de financiación a los bancos en euros por periodos de al menos tres años que complementasen las decisiones políticas.