Ir al contenido
_
_
_
_
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

La vida es dulce para el 0,001%

Puede que fuera arte contemporáneo el que estuviera en venta la pasada semana en Sotheby's. Pero la escena era más propia del surrealismo. Unas horas antes los mercados financieros tenían su peor día en meses. Una Italia asediada amenazaba con desestabilizar los cimientos de la economía global. Cientos de manifestantes clamaban frente a la famosa casa de subastas, apostados junto a las limusinas de los compradores, por una mayor equidad de ingresos. En el interior, los ultrarricos se gastaban un dineral de más de 300 millones de dólares en lo que los entendidos llamaron una subasta épica.

Una interpretación moderna sugiere que el arte se ha convertido más en un refugio para la plutocracia, como barras de oro colgadas en la pared. Es una manera de explicar el impactante aumento de los precios de un relativamente desconocido Clyfford Still. La sensación de la noche fue su 1949-A-No. 1. Una guerra de ofertas por el cuadro rojo y negro llevó el precio hasta casi 62 millones de dólares, más del doble de la estimación y un récord para el artista. Las obras de Gerhard Richter pulverizaron también las expectativas para dar a Sotheby's la subasta más alta en arte contemporáneo en más de tres años. Pero ese no es el único signo de que el estruendo del movimiento Occupy Wall Street no se escucha desde las terrazas del ático. Sanford Weill, ex presidente ejecutivo de Citigroup, puso en el mercado su ático de Central Park West por 88 millones de dólares. Eso es el doble de lo que pagó hace cuatro años y un récord para Manhattan. Weill dijo que planea destinar lo recaudado a caridad, pero de momento es una deducción en su renta imponible.

La cuestión es que la asediada clase banquera se ocupa aún de sus negocios -con considerable influencia-. Una lección aprendida por el famoso chef Mario Batali tras comparar a los banqueros con Adolf Hitler y Josef Stalin. Tras las noticias sobre esos comentarios azotando Wall Street y del boicot de la clientela adinerada de Batali, éste se disculpó. Con el 99% unido contra ellos, los ricos claramente no pueden permitirse volverse sobre sí mismos. Los titulares de hogares y cuadros de ocho cifras coincidiendo son nuevos aires para los manifestantes conforme pasa el otoño. Pero más que nada, muestra que para el 0,001% la vida transcurre dulcemente.

Archivado En

_
_