Nueva reconversión de la banca europea

Dexia claudica ante la deuda y abre la fase de nuevas ayudas públicas a los bancos

Dexia claudicó ayer ante los problemas de liquidez que le producía su exposición a la deuda soberana de la periferia de Europa, lo que abre la puerta a una segunda ronda de ayudas públicas a los bancos. El grupo, que será desmembrado y recibirá avales de Francia y Bélgica, creará un banco malo.

Logo de Dexia
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Tras meses de azotes, la crisis de deuda soberana se ha cobrado su primera víctima. Dexia hincaba ayer la rodilla y anunciaba que "ha encomendado al consejero delegado Pierre Mariani (...) que prepare las medidas necesarias para resolver los problemas estructurales que penalizan al grupo". Con este anuncio, abría la puerta a la constitución de un banco malo que atesore sus activos problemáticos y marcaba la senda que podrán transitar ahora otras entidades europeas. Dexia llegó a caer un 38% al conocerse la noticia, si bien cerró la sesión con una bajada del 22,5%.

La prensa francesa y belga no tardó en informar abiertamente del "desmantelamiento" del grupo. Y es que este anuncio, resultado de seis horas de reunión de la cúpula de Dexia en Bruselas el pasado lunes, equivale a asumir la derrota de un banco que solo logró capear la quiebra de Lehman Brothers, acaecida en 2008, con una inyección de 6.000 millones de euros de dinero público efectuada por los Gobiernos de Francia y Bélgica.

En esta ocasión, los dos Estados no estaban por la labor de apuntalar al grupo. Temen deteriorar sus finanzas públicas y ver su rating soberano castigado. En su lugar, los ministerios de Economía y Finanzas francés y belga han optado por actuar como avalistas de los activos problemáticos de Dexia y sostén de los ahorros minoristas. En un comunicado conjunto, estos organismos señalaron que "tomarán las medidas necesarias para certificar la seguridad de depositantes y acreedores. A tal fin, los Gobiernos se comprometen a aportar su garantía sobre los fondos recabados por Dexia".

Todos estos anuncios se produjeron después de que Fitch y Moody's anunciaran en los últimos días revisiones a la baja de la calificación de Dexia.

Hasta la llegada de la crisis financiera, la firma destacaba por su actividad con instituciones públicas y por un modelo de financiación a corto plazo dependiente de los mercados mayoristas. La caída de Lehman le obligó a acometer un duro proceso de reestructuración. En tres años, redujo sus necesidades de financiación a corto plazo de 250.000 a 96.000 millones. Pero ha sido insuficiente.

La entidad ha encontrado crecientes problemas para refinanciarse por su exposición a la deuda de la periferia de Europa. De hecho, en el segundo trimestre del año cosechó el peor resultado de su historia al anotar depreciaciones de activos por 4.048 millones. De este importe, 338 millones correspondieron a bonos griegos, para los que asumió una pérdida de valor del 21%.

El agravamiento de la crisis helena ha dejado muy expuesto a Dexia. Bloomberg estima que este banco podía anotar hasta 3.020 millones de euros de depreciaciones adicionales ligadas a emisiones griegas, italianas, portuguesas, españolas e irlandesas. La entidad acumula en su balance 21.000 millones en bonos de estos países, cuando sus activos cuantificables como capital Tier 1 ascienden a 14.400 millones. Ante esta coyuntura, Dexia ha optado por crear un banco malo que atesore los activos problemáticos y acometer la venta de sus negocios rentables.

Un senador galo reconoció ayer que la Caisse de Dépôts (CDC) y Banque Postale, ambos de titularidad pública, analizan la posibilidad de asumir el negocio de financiación a entes locales de Dexia en Francia. Entre tanto, es previsible que se fragmenten las áreas de banca minorista de Francia, Bélgica y Luxemburgo, así como la venta del negocio de custodia, la joint venture con Royal Bank of Canada (RBC) y de Denizbank, la rentable filial turca.

La caída de Dexia está cargada de simbolismo porque con él perece la última entidad de vocación paneuropea, puesto que Fortis fue repartido en 2008 entre Francia, Holanda y Bélgica. El fracaso de Dexia también deja en evidencia los tests de estrés europeos de verano, porque la entidad los superó con comodidad.

El comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia, no descartó ayer que otros bancos europeos deban reestructurarse. Elena Salgado trató de marcar distancias. La vicepresidenta económica descartó que la caída de Dexia contagie a los bancos nacionales.

Dexia Sabadell

Dexia es propietario en España del 60% de Dexia Sabadell. Esta entidad se dedica a la financiación de infraestructuras y servicios públicos. Ganaba a cierre de junio 41 millones de euros. La prensa francesa vaticina que formará parte del banco malo con el italiano Crediop.