EDITORIAL

La crisis eterna, las empresas y la inversión

La descomunal crisis económica que generó la no menos descomunal crisis financiera en 2008 y 2009 puso a disposición de los inversores oportunidades para correr riesgos muy aceptables, que solo fructificaron una vez que llegaron las primeras soluciones aportadas por las autoridades políticas y monetarias. Tras tocar fondo en la primavera de 2009, las Bolsas, atemorizadas por el cuestionamiento del capitalismo mismo tal como lo conocíamos, reportaron notables revalorizaciones en los trimestres posteriores, que finalmente se truncaron porque algunas de las soluciones aportadas devinieron en problemas adicionales y otras agotaron su efecto súbito. Hoy, tras el tradicional prueba y error al que están acostumbradas la política y la economía aplicada, empiezan a vislumbrarse soluciones que pueden devolver a la actividad económica el vigor del pasado y a las empresas su valor verdadero.

En todos los mercados del mundo, pero especialmente en España, hay empresas con un valor muy superior a su precio. Atrapadas en un clima de pesimismo y en una crisis cierta de algunos de los parámetros económicos, sociedades de gran valor implícito arrastran sus cotizaciones en la Bolsa española, sobre la que pesa el agregado desasosiego de un estancamiento de medio y largo plazo para depurar los excesos del endeudamiento pasado. Pero cuando el mundo logre sacudirse la camisa de fuerza de la desconfianza, cuando el sistema financiero haya resuelto sus problemas y se haya recapitalizado, cuando los países hayan controlado los alocados avances del gasto público, cuando haya otra vez más certezas que dudas, aflorará el auténtico valor de las empresas españolas.

Tanto el índice selectivo de la Bolsa española, en el que cotizan empresas más internacionales que nacionales, como en el conjunto del mercado continuo esconden unas cuantas decenas de oportunidades de rentabilizar el dinero en el medio y largo plazo. Aunque sigue habiendo analistas que consideran la liquidez como el mejor refugio del ahorro, también los hay que consideran que tardará en haber una oportunidad tan históricamente buena para la inversión en renta variable.

Mídase por la rentabilidad que las compañías proporcionan por los dividendos distribuidos entre sus accionistas; mídase por la relación entre el precio de las cotizaciones y el valor contable de las compañías; mídase por el PER (número de veces que el beneficio por acción está incluido en el precio de cada título); mídase por la revalorización potencial para alcanzar los precios objetivos que por fundamentales le otorgan los especialistas a las empresas; mídase como se mida, aunque los riesgos no hayan desaparecido plenamente, la Bolsa española ofrece oportunidades muy sólidas de rentabilizar las inversiones que tardarán en reproducirse.