Secretos de despacho

Espíritu humanista en Biogen

Guido Decap, expreso de la dictadura chilena, llena de valores a la filial española

La vida de Guido Decap (Los Ángeles, Chile, 1951) cambió de rumbo por la dictadura de Pinochet. Tal vez hoy sería un médico chileno que pasase consulta en Santiago o en su región natal del Biobío, en el sur austral. La realidad es que es un ciudadano "enamorado de Madrid, de España, de Europa", según sus palabras, que dirige Biogen Idec en España y Portugal, filial de la multinacional de biotecnología farmacéutica con sede en Cambridge (EE UU).

De forma discreta, reconoce que tuvo que huir de su país, primero a Perú y Brasil y luego a España. Pero no da más razones. Solo insistiendo reconoce: "Fui expulsado de la universidad por razones políticas y estuve preso seis meses, justo al comienzo de la dictadura".

Le ingresaron en la recién creada cárcel de Isla Teja, una prisión modelo sin muros, solo con una malla metálica recién creada en 1973 por el Gobierno democrático de Salvador Allende. Pero las condiciones con las que los militares trataron a los enemigos políticos no eran tan ideales. "Estábamos hacinados 12 presos en una celda para cuatro", a base de sopa, agua caliente y una lata común para hacer las necesidades.

"Somos una empresa con fin de lucro, pero en el centro siempre debe estar el paciente"

Pero aún hay un infierno mayor. Durante ese periodo Decap fue torturado. "Sacaban a uno de nosotros por la noche y por las mañanas lo tiraban de nuevo a la celda. Es algo muy duro. Yo tuve pesadillas durante 10 años todas las noches". Se nota que Decap quiere pasar página rápidamente a ese episodio, como si no quisiera ser protagonista de una historia tan cruel. "La verdad es que no había contado nunca lo de las torturas", reconoce. Si hay algo positivo de aquella experiencia, además del paisaje que veían desde la prisión, fueron sus compañeros de celda, todo el departamento de Literatura de la Universidad Austral. Así que las charlas culturales fueron una constante.

Un humanismo y pasión por el arte que luego ha permanecido en su vida. Escribe poesía y ha publicado dos libros. Podrían ser tres, pero hace unas semanas se borraron todas las notas que tenía tomadas en su Blackberry, cuando se disponía a plasmarlas en una nueva edición. "Escribo en viajes, en las esperas en el aeropuerto, en el avión", explica.

Lamenta que el médico haya perdido el carácter humanista, que por ejemplo reflejara Pío Baroja en El árbol de la ciencia. "Uno de los grandes problemas de la medicina actual es la falta de relación del médico con el paciente. Siempre hay interpuesta una máquina. La otra es la superespecialización. A un especialista de la retina no le preguntes por la nariz, aunque estén al lado. Yo creo en el médico humanista. Yo decidí estudiar Medicina para estar al lado del dolor, que como la pobreza, iguala a las personas. Ahí es donde se ve la verdadera dimensión del ser humano, su miseria y su grandeza".

Sin embargo cree que la educación de los médicos en España es muy mala, "después de seis años deben estudiar otros cuatro para poder saber hacer algo", asegura. Sobre todo echa en falta la conversación del facultativo con el paciente. æpermil;l, que no pudo ejercer la medicina en España por las dificultades de la época al tener pasaporte chileno, se dedicó a la investigación médica y a la gestión en laboratorios (Schering, Bristol, MSD), incluida una etapa en Alemania. Hasta que en 2002, Biogen (multinacional centrada sobre todo en enfermedades raras como la esclerosis múltiple) le encargó poner en marcha la filial española. Así que su estilo ha marcado a la empresa (de 85 millones de facturación y 55 empleados en España). "Somos una empresa con fin de lucro, pero en el centro siempre debe estar el paciente".

E insiste en la importancia de que la compañía haya crecido con valores. El lugar de trabajo debe ser normal y sano. Normal porque todo el mundo se debe comportar sin asumir roles extraños, sino como estuviera en casa. Y sano, porque no debe haber miedos ni neurosis. Hay gente que va al trabajo con terror y eso no puede ser". Además para él lo más importante es el respeto mutuo, la integridad y la ética, junto al trabajo en equipo. "En muchas empresas debería haber un cartel que diga: sé intolerante a la arrogancia. Muchos jefes no son humildes, tratan mal a su equipo y eso daña mucho a las compañías".

Arte por las esquinas

Biogen Idec es una de las grandes biotecnológicas del mundo, aunque el despacho de Decap no da muchas pistas sobre la investigación médica, excepto si uno se para a mirar los manuales en las estanterías y algunos detalles como postales de fotos antiguas donde aparece Sigmund Freud o algún dibujo de Ramón y Cajal. En otra imagen destaca el compositor Gustav Mahler. Y es que a este médico le apasiona "la poesía, el arte, la literatura, pero sobre todo la música". Tiene un equipo para escuchar canciones mientras trabaja y un par de enormes cajones repletos de CD.

Casi en cualquier rincón surge un detalle artístico. Destacan algunos cuadros que ha ido comprando (Antonio Saura o Tàpies) a lo largo de su vida. Y destaca una pequeña escultura de hierro fundido macizo de Koldobika Jáuregui, "el único discípulo verdadero de Eduardo Chillida", señala, que representa una casa etíope de adobe. "Me gusta porque me pone los pies en el suelo, por la pobreza". También, entre otras piezas, cuenta con una obra gráfica de Francis Bacon.

Y desde luego otra cosa llama la atención nada más entrar al despacho: un enorme ventanal circular al paseo de la Castellana de Madrid. "Cuando hablo con mis colegas por videoconferencia cierro las cortinas, porque se despistan con la vista".