TRIBUNA

Otra mala tarde para Europa

Se han publicado los resultados de las pruebas de esfuerzo bancarias. Con los rumores habidos y por haber de estos días puede decirse que ha habido pocas sorpresas, pero lo que cabe preguntarse es: ¿para qué han servido? El propósito de una prueba de resistencia de estas características es aportar transparencia y confianza. A la luz de los hechos, España ha hecho mejor los deberes y, sin embargo, la actitud y el esfuerzo de otros países europeos ha dejado mucho que desear.

En realidad, con los procesos de aportación de capital del FROB y las ampliaciones de capital que están por venir, no hará falta aportar ninguna cantidad no prevista para alcanzar los 1.563 millones de euros que las pruebas señalan que precisan cuatro grupos de cajas españoles y un banco para llegar al 5% de core capital en el escenario más adverso. Que suspendan cinco bancos españoles, dos griegos y uno austriaco no dice nada, porque ni los suspensos significan mucho en sí mismos (sino lo que se puede hacer a partir de ellos) ni están todos los que son, ni mucho menos, en otros países.

La European Banking Association (EBA) -que se encarga de coordinar y elaborar las pruebas- ha podido fallar en el propósito para el conjunto de Europa porque la cobertura ha sido, una vez más, desigual, como también lo han sido los escenarios. En materia de cobertura, lo que resulta realmente poco práctico e irregular es que se pueda decidir quién participa y quién no en estas pruebas. Algunos comportamientos podrían calificarse incluso de indignantes, como la decisión de Alemania de retirar de los test al banco Helaba, simplemente porque iba a suspenderlos. Es más, algunos dirigentes de este banco señalan, sin vergüenza alguna, que no es necesario que se realicen pruebas de solvencia recurrentes a las entidades. Esta situación nos lleva a plantearnos qué papel juega la EBA en este proceso y qué valor tienen el mandato y poderes que se le han conferido. O, en términos más simples, para qué sirve esta institución. La EBA -según el Reglamento 1093/2010 del Parlamento Europeo y aprobado por el Consejo Europeo el 24 de noviembre de 2010- tiene supuestamente amplias competencias, entre las que están prevenir el arbitraje regulatorio y "garantizar condiciones de igualdad entre los participantes, así como reforzar la coordinación de la supervisión internacional". ¿Realmente se han garantizado condiciones de igualdad? No lo parece, puesto que la cobertura de activos del sector bancario español ha sido mucho más elevada que en cualquier otro país y porque los escenarios macroeconómicos considerados han sido mucho más duros para España que para el resto, algo que puede entenderse en alguna medida pero no en otros casos. Por ejemplo, es posible que el mayor riesgo actual para Europa sea la falta de un mecanismo de apoyo y resolución para la crisis de la deuda soberana y la exposición de otros países es mucho más importante que la de España aquí, entre otros la de Alemania y Francia. Llama la atención también que algunos escenarios de estrés sean también más duros para España que para otros países como Grecia.

Sea cual sea la configuración de metodologías y supuestos, cabe hacer, en cualquier caso, varias reflexiones. Realmente parece necesario, al menos mientras que persista la incertidumbre, que se desarrollen estas pruebas de solvencia con cierta regularidad. A pesar de las claras diferencias de actitud ante la transparencia, España debe salir beneficiada a medio plazo porque está poniendo toda la carne en el asador. Persisten las críticas sobre la exposición inmobiliaria de las entidades financieras españolas pero se han acumulado -y, lo que es más importante, se siguen acumulando- provisiones (genéricas y específicas) que están dando una muy importante cobertura ante eventuales escenarios de mayores caídas de precios inmobiliarios, entre otros. España ha apostado por tres cosas que, en el terreno de lo positivo, nos diferencian de otros países europeos y nos acabarán beneficiando. La primera, se ha optado por una transparencia aumentada, sin tapujos. La segunda, no solo se está trabajando por el saneamiento de activos, sino por la reestructuración del sector bancario, una tarea que otros países (Alemania incluida) tendrán que acometer tarde o temprano. Y la tercera y no menos importante, España ha adelantado -con el RD-l 2/2011- algunos de los requerimientos de solvencia de Basilea III, con lo que, a la vuelta de este duro proceso, podremos empezar a retomar con más fuerza nuestra tradicional posición de liderazgo en banca minorista.

En definitiva, el desarrollo y credibilidad de las pruebas han dejado a Europa, una vez más estos días, en evidencia. Sin embargo España, aunque en el corto plazo parece tener peores resultados, es muy probable que en el medio y largo plazo su mayor transparencia le beneficie.

Santiago Carbó Valverde. Catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Granada