EDITORIAL

Valores sólidos en un entorno agitado

La inestabilidad que impera actualmente en la economía está actuando como un verdadero lastre sobre los índices bursátiles. La fuerte reacción de los mercados ante determinadas incidencias que en los últimos tiempos se han hecho especialmente frecuentes -es el caso de las rebajas de calificación por parte de las agencias crediticias o la publicación de datos y previsiones económicas negativas o insuficientemente positivas- están provocando que numerosos valores bursátiles no vean reflejado en el parqué su verdadero potencial. Una muestra de ello es el hecho de que el PER del Ibex 35 (el ratio que refleja el número de veces que el beneficio está contenido en el precio de la acción) está en estos momentos un 50% por debajo de su promedio histórico. Una situación que contrasta con los buenos resultados, balances saneados y excelentes valoraciones que están ofreciendo muchas de las empresas cotizadas.

Pese a esas grandes dosis de volatilidad en los mercados, tanto gestores como analistas confían en que la coyuntura económica -en especial, la europea- mejore en la segunda mitad del año y en que los números negros devuelvan poco a poco la alegría a los parqués. De acuerdo a esa previsión, el verano puede ser una buena ocasión para apostar por la Bolsa e invertir en compañías que ahora mismo están siendo infravaloradas. Valores españoles como Santander, o BBVA; Telefónica, Catalana Occidente o Técnicas Reunidas; europeos, como Royal Dutch, BP, Xtrata, Arcelor, Unilever, Capgemini, BNP Paribas, Allianz o GDF Suez; con especial atención a compañías alemanas -la economía más potente de la zona euro-, como Siemens, Deutsche Telekom o Volkswagen, entre otras, son algunas de las propuestas que recomiendan los expertos. El mensaje es claro: es momento de confiar en compañías con buenos márgenes, rentabilidad por dividendo y cotizaciones atractivas. Todo ello sin olvidar que la coyuntura actual continúa siendo inestable y que toda rentabilidad implica -siempre- una cierta dosis de riesgo.

Las previsiones sobre una mejora de la situación actual en la zona euro pasan necesariamente por avanzar en la resolución de la crisis de deuda soberana, con Grecia y Portugal como principales focos de conflicto. El espaldarazo proporcionado a Lisboa esta misma semana por el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, al anunciar la eliminación de las restricciones de rating mínimo sobre la deuda lusa y la decisión del organismo de aceptar los títulos portugueses como colateral en próximas emisiones supone un paso indudable en ese sentido. En respuesta a la rebaja de calificación de la deuda portuguesa hasta el nivel de bono basura, anunciada el pasado martes por Moody's, Trichet ha querido dejar claro que el BCE aprueba la hoja de ruta adoptada por Lisboa y valora "positivamente" su plan de ajuste fiscal. El financiero francés ha sido también tajante respecto a Grecia al reiterar que un impago selectivo no está contemplado en la agenda de la autoridad monetaria europea. Ambos mensajes son un balón de oxígeno tanto para una como para otra economía, además de una muy necesaria señal de calma hacia los mercados.

La necesidad de despejar incertidumbres es esencial no solo para Grecia y Portugal, sino también para toda la zona euro y, en especial, para las economías periféricas, sometidas a una incesante y agobiante presión por parte de los mercados financieros. En el caso de España, esa tarea pasa por despejar cuanto antes las inevitables incógnitas que despierta el calendario electoral. Si el Gobierno, como ha sostenido hasta el momento, continúa decidido a agotar los plazos de la legislatura, resulta de vital importancia que aproveche esos plazos para avanzar en reformas estructurales que ayuden a recuperar la confianza de los mercados y permitan cimentar la reactivación de la economía española. Como recordó en su comparecencia el presidente del BCE, el capítulo de las reformas en las economías periféricas todavía no se ha cerrado y son muchos los frentes a atender. Culminar esa tarea es la mejor forma de calmar la agitación de los mercados.