Análisis

Ezentis y el bucle que nunca acaba

El refranero popular está plagado de dichos que alertan sobre el riego de no aprender de lo que la historia enseña o de la capacidad del ser humano para tropezar varias veces con la misma piedra.

Ezentis debería aplicarse todos ellos, pero no lo ha hecho. Y es que la situación en la que se encuentra la compañía en estos momentos es una repetición, con ligeras variaciones, de una historia de caídas que dura ya dos décadas; de una trayectoria cargada de grandes expectativas que nunca se concretaron, de problemas financieros, de inestabilidad en el accionariado, de inversores defraudados, de batacazos bursátiles y de deudas sin pagar...

La primera vez que sucedió, la empresa respondía al nombre de Radiotrónica, era parte de la Corporación Banesto y fue vendida al financiero Javier Tallada para poner fin a una crisis financiera y de negocio provocada por la drástica reducción de pedidos de Telefónica.

El exmonopolio suponía el 80% de los ingresos de Radiotrónica, una de sus principales instaladoras de red, junto con Sintel y Amper, entre otras. El recorte de los pedidos, una vez que las principales redes de telefonía fija ya estaban hechas, produjo la primera crisis en la compañía. Al borde de la quiebra y con fuertes recortes de empleo, Tallada y su entonces socio Guillermo Mesonero-Romanos tomaron las riendas e iniciaron una huida hacia adelante que incluyó una sonada (y frustrada) opa sobre Amper.

Las luchas internas, las consecuencias de la oferta truncada y los problemas financieros provocaron un cambio de poderes del que emergió Juan Bautista Pérez Aparicio (hoy encausado por apropiación indebida de fondos de la compañía). Nueva huida hacia adelante, nuevos planes de negocio con previsiones estratosféricas y una controvertida fusión con Telson, una compañía audiovisual sin nada en común con Radiotrónica, sembraron el campo para el nacimiento de una compañía renovada bajo el nombre de Avánzit.

Nuevos accionistas con intereses diferentes (Acciona), nuevas subidas verticales de la cotización y nuevo batacazo. Avánzit suspendió pagos en 2002 incapaz de llegar a un acuerdo con los bancos para refinanciar su abultada deuda.

De vuelta a la vida empresarial normal, Tallada protagonizó una nueva entrada en el capital, volvió a impulsar la cotización y a plantear ambiciosos objetivos de negocio. Y, otra vez, llegaron los problemas financieros. Tallada buscó respuesta en el banco japonés Nomura, asesorado en España por Thesan Capital, para encontrar el capital con que seguir adelante.

Pronto llegaron las desavenencias y las denuncias entre ambos. Tallada salió por la puerta de atrás y Mario Armero tomó las riendas. Otra vez, huida hacia adelante (diversificación, en el lenguaje de la compañía). La respuesta en este caso fue entrar en el negocio de la construcción, con la compra de Sedesa, una empresa plagada, igual que Avánzit, de problemas financieros.

La adquisición se cerró hace menos de un año, con una compradora convencida de que lograría financiación para encauzar su nueva propiedad en medio de la peor crisis que se recuerda. Se modificó el nombre, ahora se llama Ezentis, se mudó a Andalucía a cambio de la entrada en el capital de la junta y proyectó nuevos planes de negocio llamados a terminar de una vez por todas con su negro pasado.

Por supuesto, no ha sido así. El auditor no dejaba lugar a dudas de su escepticismo en el informe anual de 2010. Por décimo octavo año consecutivo, un auditor ponía peros a las cuentas anuales de Ezentis. Pero, en este caso, iba más allá. Con un fondo de maniobra negativo de 87,6 millones de euros y unas deudas muy elevadas, PricewaterhouseCoopers resaltaba que la salvación de la compañía dependía de un proceso de refinanciación todavía por abordar. Todo ello "indica la existencia de una incertidumbre sobre la capacidad del grupo para continuar con sus operaciones", decía PricewaterhouseCoopers, según la auditoría registrada en la CNMV.

El viernes, los primeros problemas salieron a la luz. Dos filiales de Ezentis, Asedes Capital y Ezentis Infraestructuras (la antigua Sedesa), se acogieron al preconcurso para dilatar el pago de sus deudas. Tienen cuatro meses para resolver su situación; si no, el próximo paso será el concurso de acreedores.

Ezentis asegura que los problemas se circunscriben a las dos filiales en preconcurso, pero el mercado ha dado su veredicto. La cotización ha arrancado este lunes con una caída que ha llegado al 33% en los peores momentos de la sesión y ha acabado perdiendo un 25% de su valor en una sola jornada. Ezentis vale ahora menos que nunca.

Es el resultado de una empresa incapaz de encontrar su hueco en el mercado, de reconvertirse como lo hicieron otras en su misma situación inicial. Amper o Indra, por ejemplo, han dejado atrás sus marcas de nacimiento y son ya otra historia. Ezentis no; sigue viviendo en un bucle que nunca acaba.