Las ventas cayeron un 25% en el primer trimestre

Las cuatro claves de la guerra del tabaco

La segunda bajada de precios de las marcas de Philip Morris en menos de dos semanas ha recrudecido la guerra de precios del tabaco. ¿Cuáles son los motivos de esta campaña? ¿Cuáles serán las consecuencias?

¿Qué ha pasado?

A partir del sábado las cajetillas de tabaco de las marcas de Philip Morris, la mayor tabacalera del mundo, serán más baratas. Marlboro pasará de 4.25 euros a cuatro. Chesterfield pasa de 4 a 3,70 euros y L%M se sitúa de 3,60 a 3,40. Es la nueva ofensiva en la guerra de precios declarada en el sector desde hace dos semanas. El 19 de mayo Philip Morris recortó cinco céntimos las cajetillas de L&M y mantuvo sin cambios las de Marlboro.

¿Por qué ahora?

"Este movimiento tiene lugar como reacción a la significativa bajada de precios realizada por sus principales competidores del sector", aseguran desde Philip Morris Spain. Se refiere a Imperial Tobacco (Altadis), y British American Tobacco (BAT). Ambas decidieron reducir sus precios al día siguiente del primer movimiento de Phlip Morris. Altadis abarató en 15 céntimos Fortuna y Nobel y otros en 10 céntimos en Ducados. BAT, redujo Lucky Strike, en 15 céntimos, y Pall Mall, en 20.

El sector vive momentos complicados. El año 2011 empezó para las tabacaleras con dos malas noticias. La subida de impuestos especiales (la segunda en tres años) y la nueva ley del tabaco. Las ventas de cigarrillos se han desplomado un 24,86% en el primer trimestre del año. Nadie lo reconoce en público, pero detrás de estos movimientos de la industria subyace una llamada de atención al Gobierno para que revise y rediseñe el sistema impositivo del tabaco en España. Una bajada de precios del tabaco supone una menor recaudación para Hacienda.

¿Cómo funciona la tributación sobre el tabaco?

La presión fiscal sobre el tabaco se impone en mayor proporción sobre el precio de venta que sobre la cantidad de tabaco. Una cajetilla soporta, además del IVA, dos impuestos singulares. Por un lado, el llamado tributo específico, que ha pasado desde 10,2 hasta 12,7 euros por cada mil cigarrillos. Por otro, el denominado ad valorem, que supone el 57% del precio de venta al público. "Este sistema desincentiva las subidas de precios porque una parte mayor va a impuesto y no a ingreso del productor", según AFI (Consultores de las Administraciones Públicas). Es decir, otorga mayores incentivos a bajadas de precios porque se consigue ganar cuota de mercado, y sin embargo parte de la rebaja la soporta el Estado al gravar en mayor proporción el precio.

Además se aplica un impuesto mínimo, para evitar que las marcas de tabaco baratas sean excesivamente accesibles, especialmente para los jóvenes. La última reforma obligó a todas las marcas a pagar a Hacienda como mínimo 116,9 euros por cada mil cigarrillos.

¿Quién pierde y quién gana?

El pulso lanzado por las tabacaleras al Gobierno perjudica a todas las partes implicadas. Pese a la expectativa de ganar cuota de mercado, lo que es seguro es que al bajar los precios las tabacaleras verán reducidos sus márgenes. El Gobierno ejecutó la subida de impuestos con el objetivo obtener una recaudación adicional de 780 millones. Paradójicamente, una subida de tasas no ha significado un aumento de la recaudación. Tras la caía de las ventas en el primer trimestre, Hacienda ha ingresado en concepto de tributos al tabaco un 5,5% menos que en el primer trimestre de 2010.

Los estanqueros también verán mermados sus ingresos, que derivan de un porcentaje del precio de venta al público. Además, la industria del tabaco está preocupada por el incremento del tráfico ilegal (contrabando y falsificaciones). Los únicos posibles beneficiados podrán ser los fabricantes de picadura de liar. Según AFI, el tratamiento fiscal no equilibrado de todas las labores del tabaco incentiva estrategias de promoción de los segmentos con menor carga fiscal, como la picadura de liar o la picadura de pipa. Los tipos impositivos aplicables a estas últimas se elevaron del 14,5% al 15,8%. Mientras la venta de cigarrillos cayó durante el primer trimestre de 2011, la de picadura creció en un 30%.