Secretos de despacho

Pasión y diferencia en Carrasco

Juan Atanasio Carrasco ha aportado modernidad al sector del embutido ibérico.

La pasión por el negocio emana de cada una de sus palabras. Juan Atanasio Carrasco, salmantino de 48 años, vive entregado, junto a su hermano Francisco, al negocio familiar, dedicado a la producción de embutido de ibéricos de gama alta. La historia empresarial de la familia Carrasco se remonta al siglo XIX, con un pequeño negocio, que cada generación, y van por la cuarta, ha ido consolidando. En la actualidad, la compañía produce 50.000 piezas de jamón ibérico anuales, de las cuales el 10% se vende fuera, y facturó el año pasado 11 millones de euros. "No es una producción muy elevada, pero en este sector volumen y calidad suelen ir reñidos porque es muy difícil un buen aprovisionamiento de buena materia prima".

A pesar de que el cuartel general de Carrasco está en Guijuelo (Salamanca), en pleno corazón del ibérico en España, la crianza del cerdo la hacen en Jerez de los Caballeros (Badajoz) y en el norte de Huelva. "Es el mejor encinar del mundo, no hay otro mejor que el que existe en el suroeste de la península Ibérica". Y define la dehesa española de esta zona como el mar Caspio del caviar. Por ello, se siente cómodo andando por estas tierras, a las que le condujo su abuelo cuando compró una finca en esta zona extremeña. Juan Atanasio Carrasco, de conversación ilustrada y gran apasionado de la historia, siempre está en movimiento, es un ejecutivo de acción, al que no le gusta estar parado ni un instante. Por ello, asegura que pasa muy poco tiempo en su despacho, tan solo dos días a la semana los dedica al trabajo de oficina. "Mi hermano Francisco, que hace una magnifica labor comercial y de relaciones públicas, y yo tenemos muy bien definidos nuestros roles dentro de la compañía. Yo me ocupo de la parte gerencial".

Asegura que es un hombre de rutinas, que comienza cada mañana atendiendo el correo electrónico y los asuntos pendientes, que siempre hay, así como revisar objetivos periódicos, a los que conviene hacer seguimiento, y que abarcan distintas disciplinas, desde la producción al área financiera o legal. "Soy muy exigente, y me gusta que todas las decisiones tengan un por qué. No soy nada visceral. Lo que me gusta es estar rodeado de un buen equipo".

Ninguna explicación suele quedar en el aire con este empresario, quien para todo tiene argumentario, y a las razones de por qué le gusta estar rodeado de los mejores agrega que "la gente que es buena y competente suele tener un carácter independiente y suele ser muy creíble". Y no recuerda haber alzado la voz en la empresa. Estudió Veterinaria, aunque hasta el tercer curso no encarriló su destino profesional, "ya se sabe que los hijos mayores siempre suelen ser los más rebeldes". Fue entonces cuando decidió hacer la especialización en Bromatología, lo que le conducía a tener un profundo conocimiento de la ciencia de los alimentos. Con esta formación técnica estaba preparado para dedicarse al negocio familiar, aunque le faltaba el barniz empresarial, que obtuvo con un máster en Administración y Dirección de Empresas en Icade, y un con un programa de desarrollo directivo en San Telmo (Sevilla). En 1988 se incorporó a la empresa, y desde entonces, siempre en perfecto tándem con su hermano, ha tenido un objetivo: dotar a la organización de una visión empresarial y técnica.

En definitiva, más profesionalizada. "La generación de mis padres trabajaba mucho pero con un compromiso diferente al que tenemos ahora, como es hacer el mejor jamón, con una visión empresarial a medio y largo plazo que antes no se tenía, solo existía la preocupación de sacar la familia adelante". Evidentemente, los tiempos han cambiado y la hoja de ruta, así como perseguir la máxima calidad, que hace que los embutidos Carrasco se encuentren entre los tres más valorados del mercado nacional, es lo que hace a una marca diferente. "Ahora tienes que saber cómo quieres ser a medio y largo plazo, y marcarte un itinerario, que te haga ser diferente". Para ello hay que innovar, y los Carrasco no han dejado de hacerlo siempre: "Hemos aportado una manera de dirigir dentro del sector del ibérico diferente, aportando modernidad a un sector tradicional".

Un jamonero con vocación pastelera

Dice que todo el mundo envidia su profesión. No en vano, el jamón es el producto de la gastronomía española mejor valorado, y amistades, conocidos y familia siempre esperan que disponga de unas buenas lonchas a mano. Pero lo que envidiaba de pequeño era ser pastelero, dada su afición a la buena confitería y gastronomía.

En la vida de Juan Atanasio Carrasco todo se vive con intensidad. Como tal entendió la decoración del despacho que ocupa en la sede central de la compañía en Guijuelo (también tienen delegación en Madrid, Barcelona y País Vasco). Las paredes son de un blanco inmaculado, que contrastan con el color negro de la mesa y de un pequeño armario, ambos de cristal y hierro forjado. "Me gustan los contrastes, y los espacios grandes, los necesito para desenvolverme. Necesito resarcirme del tiempo que pasé compartiendo espacios pequeños en los colegios mayores". Le gusta estar rodeado de libros de medicina, de tecnología del jamón, de economía. Y de su obra de cabecera, El arte de la guerra, de Sun Tzu, "me gusta mucho la estrategia, creo que soy un estratega. Otras pasiones son Aníbal y Julio César". Como también lo es la lectura, jugar al golf y disfrutar de la familia.