TRIBUNA

Presente y futuro de la (des)igualdad de género

Cuando en el siglo XXI se sigue hablando de (des)igualdad de género, uno se pregunta por qué esta cuestión sigue estando en boca de todos. Lo cierto es que hoy se debate sobre este asunto más que en épocas pasadas, ya que la sociedad española ha dado un gran paso otorgando a las mujeres los mismos derechos que a los hombres y situando la igualdad al mismo nivel que otros derechos reconocidos en la Constitución.

A pesar de los avances conseguidos, queda un amplio margen de mejora para que las mujeres alcancen el lugar que les corresponde en la economía y sociedad española, y para conseguirlo es necesario que desaparezcan los obstáculos que limitan el desarrollo pleno de sus capacidades.

Hoy las mujeres tienen una mayor presencia en la actividad productiva y laboral española y ello se manifiesta en su mayor contribución al empleo, un 44% del total, y en su mayor aportación al PIB, un 36% del total. En ambos casos, el peso mayoritario lo siguen teniendo los hombres. Esto no ocurre en otros países de nuestro entorno donde las mujeres han desbancado a los hombres en el reparto del empleo, tal es el caso Lituania, Letonia y Estonia, o la participación de las mujeres es similar a la de los hombres, como ocurre en los países nórdicos. En estos últimos encontramos seguramente las sociedades más igualitarias en cuestión de género del conjunto de la Unión Europea y un ejemplo a seguir para otros países, como España, que aspiran en un futuro a conseguir esta igualdad de género.

Las diferencias de género se manifiestan en diversos aspectos, entre los que cabe destacar los siguientes:

La situación laboral de las mujeres está caracterizada por una elevada ratio de salarización, una mayor parcialidad y temporalidad en comparación con los hombres.

Existe una diferente participación de las mujeres y los hombres en las actividades productivas que ha dado lugar a un aumento de la segregación laboral, tanto horizontal (concentración de mujeres y hombres en sectores y empleos específicos) como vertical (escasa presencia de mujeres en puestos directivos, conocida como techo de cristal).

El reparto de las responsabilidades familiares entre mujeres y hombres sigue siendo muy desigual y este aspecto constituye una de las principales causas por la que las mujeres optan por una jornada parcial, así como es el principal motivo esgrimido por las mujeres inactivas como desincentivo para buscar trabajo.

Las mujeres cobran por término medio un 16% menos que los hombres por hora trabajada, una brecha que a pesar de que se ha reducido (en el año 2002 era del 20,2%), sigue siendo demasiado alta, lo que genera desequilibrios económicos en el presente y el futuro, ya que afecta a las pensiones.

Las mujeres participan en menor proporción que los hombres en la actividad emprendedora.

Existen también diferencias en los niveles de formación de la población que participa en el mercado laboral, aunque en este ámbito se han producido avances debido al continuo proceso de cualificación de la mujer en los últimos años.

Si se resolviesen estas desigualdades de género, no solo avanzaríamos hacia una sociedad más justa y cohesionada, sino que además nos beneficiaríamos de importantes rendimientos económicos, a través de una mayor tasa de empleo, una mayor productividad agregada de los trabajadores y a través de nuevas cotizaciones a la Seguridad Social por parte de las mujeres que se incorporan a la actividad laboral.

¿Qué podemos hacer para apropiarnos de estos beneficios? Sin duda, seguir desarrollando políticas de acción positiva desde el Estado en materia de igualdad de género, como las que se han puesto en marcha en los últimos años y que tan buenos resultados han dado.

Además, será necesario impulsar un cambio en nuestro modelo productivo y desarrollar nuevos sectores productivos con un elevado componente tecnológico y unas necesidades de formación mayores para sus trabajadores, y donde las mujeres serán más demandadas debido a su mayor nivel de cualificación alcanzado y podrán hacer sus mejores contribuciones.

Reyes Maroto. Investigadora de la Fundación Ideas y coordinadora del informe Mujer y economía sostenible: balance y perspectivas