Secretos de despacho

Entre maniquíes con Emilio de la Morena

El único diseñador español de la London Fashion Week trabaja en Kensington.

Es agradable pasar un rato con Emilio de la Morena. Los magazines británicos hablan de este alicantino como un nuevo descubrimiento y su nombre se lee cada vez más a menudo en las revistas porque sus diseños conquistan cada temporada a nuevas celebrities. Kate Moss o Gwyneth Palthrow se encuentran entre sus habituales. Pero él no parece darle importancia. Cuando habla, da la sensación de estar todavía al principio de un largo, largo camino, algo que comienza a comprenderse cuando pronuncia el nombre de su gran modelo: Cristóbal Balenciaga.

Emilio nos recibe en su estudio de Kensington, al oeste de Londres, la ciudad donde ha vivido 14 de los 19 años que lleva en Reino Unido. Es un piso reformado donde comparte con sus sastres el poco espacio que dejan los maniquíes, las tablas de planchar, las máquinas de coser y los largos carriles rebosantes de vestidos valorados entre 1.000 y 5.000 libras. "Perdona el jaleo, nos tenemos que mudar a un estudio nuevo".

Acaba de llegar de la Semana de la Moda de París y la anterior estuvo "estresadísimo" con los preparativos de su pasarela en la London Fashion Week. Sus modelos llevan ya cuatro años dejándose ver en esta plataforma de la moda, la más importante después de Nueva York, Milán y París. Sin embargo, cuando llegó a Reino Unido en 1993 su vida nada tenía que ver con la moda. Estudió Negocios Internacionales en Edimburgo y luego se vino a Londres para trabajar en una consultoría donde ganaba un buen sueldo. "En el 2001 decidí que quería hacer algo creativo. Surgió lo de la moda así: ¡pum! Fue algo que yo siempre había querido hacer pero que no me admitía a mí mismo", confiesa.

"¿A España? Iré cuando me inviten, estoy deseando hacer colaboracio-nes allí", destaca el diseñador

Y así, de repente, se vio en la escuela de diseño Saint Martins, se vio ganando premios y aprendiendo el oficio con diseñadores reputados como Jonathan Saunders o Rafael López. Hoy su firma factura alrededor de medio millón de libras al año. "Mi carrera no está siendo meteórica. Aquí los diseñadores estrella que se gradúan por la Saint Martins, los cogen de allí y los catapultan. Yo he tardado más pero lo veo como una manera mucho más positiva de crear tu empresa. De esos chavales, pocos duran más de dos temporadas y en el momento en que les dejan de pagar el desfile desaparecen porque no están preparados para lo que la moda les exige. Más allá de la fase creativa hay que hacer la colección a tiempo, de calidad, pero que no se te suba de precio para que se pueda vender".

Aunque algunas de sus clientas son famosas, dice que las mejores no son celebrities. Ellas siempre compran a un precio muy bajo porque luego hacen publicidad. "Mis clientas son gente de alto standing que a veces compran hasta 10 vestidos a la vez. "Te compran la ropa de invierno pero la quieren medio de verano porque se van a Brasil". Algunas tienen un nivel de vida inimaginable.

De España le queda una gran nostalgia. "Al principio hice algunas colecciones relacionadas, como una sobre tauromaquia, pero es imposible que me llegue la inspiración española sin estar allí". Tiene puntos de venta en tiendas multimarca por todo el mundo: Japón, Estados Unidos, Oriente Medio y Europa, pero tan solo uno en España: la tienda Love Dispensary de Madrid. Para Emilio, el modelo de diseñador español es completamente distinto al modelo de diseñador internacional. "En España, los diseñadores, casi todos tienen su tienda. Tener un local en Londres es una inversión de tres a cuatro millones, ¿quién tiene eso? En España se compra mucho la marca, el nombre. Aquí las clientas se arriesgan más apostando por diseñadores nuevos".

Entonces, España ¿para cuando? "Para cuando me inviten. Yo estoy deseando hacer colaboraciones pero tengo todos mis contactos aquí. Además, las pasarelas de España han salido del circuito internacional y estar allí no renta si uno quiere tener relevancia internacional. Una vez me invitaron a Valencia pero incomprensiblemente el desfile era una semana antes de la London Fashion Week y me fue imposible. Adoro España, me da mucha nostalgia y debería de ir más pero sus semanas de la moda son incompatibles con los calendarios internacionales y eso le perjudica".

La inspiración está entre los libros

Emilio no se acordaba que para esta entrevista tenía que hablar de un objeto significativo. Al recordárselo, se levanta y, en el camino hacia su mesa, pasa por el taller tocando dubitativo unas cuantas cosas: pasa de largo unas fotos de cuando era niño, mira los maniquíes y por fin agarra un gorro de piscina blanco con flores de colores. Muy kitsch. "Me lo han regalado para mis próximas vacaciones en la Riviera Maya. Hace ocho años que no voy a la playa!", pero lo descarta rápido porque en su búsqueda se topa con su gran inspiración. "No puede ser uno", advierte. Ante él, su colección de libros de arte se revela como el gran objeto. "Cuando trabajo estoy todo el día entre mis libros de arte. Siempre me ha gustado el arte y la escultura y mis colecciones siempre tienen alguna inspiración que encuentro en mi colección". Entre los volúmenes están Christian Dior, Balenciaga, de art déco y de escultura, que es lo que más le gusta. De hecho, el año pasado presentó una colección inspirada en Chillida. "Cuando no tengo ideas voy a los museos a que los colores me entren por los ojos".