La opinión del experto

La mística de las relaciones humanas

Juan José Almagro propone sustituir el concepto de recursos humanos por una visión más humanista de la interacción de las personas en las empresas, clave del desarrollo de las organizaciones.

John Maynard Keynes creía que, con una gestión acertada, "el capitalismo puede ser más eficaz para alcanzar metas económicas que cualquier otro sistema conocido". El problema sería crear una organización social tan eficiente como sea posible sin ofender, decía, nuestras nociones de una forma de vida satisfactoria. Pareciera como si el gran economista inglés estuviese replicando el discurso de Holbach en su Sistema de la naturaleza -aquel libro editado en 1769 que fuera prohibido por el Parlamento, condenado por el clero e incluido en el Índice-, en cuyas páginas el intelectual francés había escrito: "Los derechos del hombre sobre su semejante solo pueden fundarse en la felicidad que le procura o le permite esperar; sin esto, el poder que ejerce sobre él sería una violencia, una usurpación, una manifiesta tiranía; toda autoridad legítima se funda únicamente en la facultad de hacernos felices".

Sirva la reflexión para recordar que, desde hace algunos años, los llamados recursos humanos están de moda. Tanto es así que, como necesidad y competitividad obligan, en los ámbitos socioeconómico y empresarial nacen, crecen y se multiplican los gurús que hablan sobre el tema. Aparecen publicaciones especializadas y cada semana se programa un seminario, encuentro o jornada -donde casi siempre, como a un mitin, acuden los mismos creyentes- para descubrir y revelarnos los secretos del talento, el liderazgo, la gestión por competencias, el coaching, la formación, la comunicación, la responsabilidad social, la calidad de dirección, el mentoring y no se cuántos aspectos más de parecida índole.

En esos foros raramente he visto asistir o participar a los directores generales o máximos responsables de las empresas. Parece como si la profundización y el conocimiento en y de los recursos humanos se dejase solo para los especialistas, olvidando que esta área nos importa a todos, y no solo a los que tienen que dirigir esos departamentos.

Lo queramos o no, en las empresas casi todos somos gestores de personas. Y al hablar de ellas, no podemos seguir utilizando términos como principal activo, capital humano o mencionar de pasada el factor humano, recordando el título de la famosa novela de espionaje escrita por Graham Greene. Cuando equivocadamente hablamos de recursos humanos, olvidamos que en el fondo nos referimos a hombres y mujeres, a personas que trabajan para conseguir los objetivos que la alta dirección se ha marcado, muchas veces sin conocerlos y, en la mayoría de la ocasiones, sin participar en ellos.

En un tiempo de cambios trepidantes e inevitable globalización, en las empresas -y no solo en ellas- hay que volver el rostro hacia las personas, hacia la mística de los recursos humanos, para que, a su través, la desigualdad no se instale en el seno de las organizaciones. La mística no es solo una parte de la teología que trata del mundo espiritual. Es algo más. Es la razón oculta de muchos aspectos de la vida. Decía Aldous Huxley: "Un mundo donde el misticismo no existiera sería un mundo totalmente ciego, un mundo de locos". La mística, el misticismo, además de la religión, ha ido llenando muchos aspectos de nuestra existencia: el arte, la literatura, la ciencia y -¿por qué no?- los todavía llamados recursos humanos.

Mi esperanza es que en algún momento dejaremos de llamar recursos humanos a esa área, porque tal denominación la hacemos pivotar sobre el sustantivo recurso, rebajando al hombre a la categoría de adjetivo. Deberíamos hablar de relaciones humanas (también recursos humanos); de personas, de hombres y mujeres que afortunadamente se comportan de diferente forma, que tienen sus distintas motivaciones, que atesoran ilusión y tienen puestas algunas de sus esperanzas en el trabajo que desarrollan o en el que se inician. La empresa no es otra cosa que un proyecto común hecho entre seres humanos.

La mística, que siempre se ha resistido al análisis, no es en el mundo del trabajo -no podría serlo- la experiencia de lo divino. Hablamos de una mística humanística. Es decir, de la unión en la empresa, y por la empresa, de la persona con la persona. La mística es un estado vital y también una manera de sentir y de hacer. La mística de las relaciones humanas es poner los medios para conseguir que hombres y mujeres, sea cual fuere su posición en la empresa o institución (y más en tiempos difíciles), participen y se involucren en un proyecto común, donde la formación ocupe un lugar de privilegio. La concreción de esta mística es, en definitiva, y hay que repetirlo, alimentar la dimensión humana en la empresa, cumpliendo así el viejo sueño de Séneca cuando escribió "Homo homini sacra res", el hombre es cosa sagrada para el hombre.

Juan José Almagro. Doctor en Ciencias del Trabajo. Abogado