A fondo

Nueva Rumasa y la sombra piramidal

El grupo hablaba de sí como el experto para sacar adelante empresas al borde del abismo

No es oro todo lo que reluce y las emisiones para participar en los futuros beneficios de Nueva Rumasa tampoco lo eran, por mucho que la familia Ruiz-Mateos vistiera a sus filiales con las mejores galas para atraer a nuevos inversores con el gancho de una alta rentabilidad.

Los problemas de Nueva Rumasa comenzaron a principios de 2010, cuando sus proveedores empezaron a amontonar facturas impagadas. Unos problemas que no son ajenos a la industria alimentaria, sobre todo en tiempo de crisis. Pero Nueva Rumasa es un caso atípico dentro de su sector.

La familia Ruiz-Mateos convirtió hace tiempo su sociedad en una compañía salvavidas: lista para ir al rescate de empresas con dificultades para salir adelante. "Si tiene problemas para gestionar su negocio, cédanoslo, somos expertos", llegaban a decir a algunos de los gestores a los que trataban de echar un capote. Compraban a bajo precio marcas de renombre, para tratar de rentabilizarlas y lograr una cartera de enseñas que fuera envidia del sector alimentario.

La estrategia tuvo éxito. Por ejemplo, con Kraft, que cedió a Nueva Rumasa la fábrica menorquina en la que elaboraba el tradicional queso El Caserío. La multinacional se reservaba la marca para sí, pero entregaba a los Ruiz-Mateos la planta con la promesa de dar continuidad a la producción y sacar adelante la factoría.

Hoy, sus trabajadores están mano sobre mano y se plantean pedir responsabilidades a Kraft por no estudiar y valorar en su justa medida los planes de negocio de Nueva Rumasa para una planta de la que depende buena parte del tejido empresarial menorquín. Y no era la primera vez. En 2008, Kraft también vendió a Nueva Rumasa dos marcas ligadas a su negocio made in Spain, Apis y Fruco.

El regate de Sos

Otros decidieron solventar sus problemas sin el amparo de Nueva Rumasa. æpermil;ste es el caso de Sos. La familia Ruiz-Mateos trato de convencer a la opinión pública, a través de anuncios en los medios de comunicación, de que tenía los fondos y la capacidad necesaria para hacerse con la gestión y la propiedad de Sos, dueña de Carbonell.

El principal grupo aceitero del mundo vivió en 2009 y 2010 su particular vía crucis, después de que se descubriera el presunto desfalco de su expresidente, Jesús Salazar. La compañía de alimentación-reflotada de la mano de Caja Madrid, su principal accionista- insistía entonces en que Nueva Rumasa no solo no había llamado a sus puertas, sino que ni siquiera se había acercado a ellas. Ahora Sos está bajo control de Ebro y a alguno de sus gestores se le ha escapado la frase "ya te lo advertí", al ver como la gestión de los Ruiz-Mateos vuelve a estar en entredicho.

El pasado jueves la familia convocaba de urgencia a la prensa y reconocía que había colocado en preconcurso de acreedores a diez de sus filiales, entre ellas Clesa, la antigua división española de Parmalat. Otra empresa a la que Nueva Rumasa tendió un capote después de que el imperio lácteo italiano saltara por los aires por el fraude de su presidente Calisto Tanzi. Fue el denominado Enron italiano. Solo unos días antes de que José María Ruiz-Mateos volviera a dar la cara por su emporio, el máximo responsable de la Tesorería de la Seguridad Social reconocía que habían comenzado a embargar bienes de la familia por el impago de las cuotas. Y dio la voz de alarma. Si Nueva Rumasa no pagaba a la Seguridad Social, ¿qué pasaría con los cerca de 5.000 pequeños inversores que confiaron sus ahorros al grupo de alimentación?

Unos inversores que estaban sobre aviso. La CNMV había advertido -hasta en siete ocasiones- de la necesidad de informarse sobre la viabilidad y la seguridad financiera de los pagarés de Nueva Rumasa. Estos quedaban al margen del control del regulador y la posibilidad de que los inversores oyeran cantos de sirena, al calor de rentabilidades del 8% y el 10%, resonaba en el Gobierno. De hecho, el Ejecutivo modificó la legislación para que este tipo de emisiones tuvieran que realizarse a través de un intermediario financiero.

El fantasma de la pirámide

José María Ruiz-Mateos hizo gala de sí mismo la pasada semana al asegurar que "si no tuviera fe, me hubiera pegado un tiro". El empresario sigue creyendo en la viabilidad de su proyecto, aunque a día de hoy su principal preocupación son sus inversores/acreedores.

El dueño de Garvey, Dhul o Trapa asegura que seguirá pagando sus pagarés. Y es en esa confianza donde crecen las dudas. Los proveedores de Nueva Rumasa llevan meses tratando de llegar a acuerdos para que la empresa abone sus deudas. Uno de ellos es la multinacional británica Diageo, que distribuía a través de la filial del grupo español Los Conejos, y a la que Nueva Rumasa adeuda -aunque ya había comenzado a pagar- más de tres millones de euros. Pero mientras para ellos no hay liquidez suficiente para saldar deudas, el conglomerado empresarial ha continuado realizando emisiones de pagarés.

La última este mismo año, sin publicidad en prensa. A través de una sociedad, Rumanova, cuyo capital supera ligeramente los 132.000 euros, Nueva Rumasa lanzó una inversión a particulares de pagarés por valor de 50.000 euros y un interés a un año del 10%. ¿Si Nueva Rumasa logra fondos a través de estas emisiones, a dónde van?, ¿a pagar las emisiones anteriores? Mientras, los trabajadores del grupo están de brazos cruzados. La falta de materias primas ha llevado a paralizar la producción de varias plantas y, a día de hoy, nadie garantiza su puesta en marcha. Las vías de entrada de dinero se agotan y la salida a la crisis de Nueva Rumasa se hace cada vez más pequeña.