Secretos de despacho

Incubadora en Suanfarma

Héctor Ara dirige el fondo de capital riesgo con la pasión de lanzar nuevas firmas.

La vida de Héctor Ara gira en torno al emprendimiento: "Yo me considero un emprendedor, para mí es lo más bonito". Gracias a la firma de capital riesgo Suanfarma vive en un continuo lanzamiento de nuevas empresas de biotecnología, desde su incubación hasta hacerlas rentables.

Aunque no siempre su vida fue así. Ara (Madrid, 1955) tenía muchas reticencias a montar su propia empresa. "Viví bajo la aversión al riesgo hasta los 38 años. Había un rumor familiar que decía que los Ara no valíamos para ser empresarios", cuenta. Pero eso no significa que no fuese inquieto. "He trabajado desde los 16 años, haciendo cosas como pegar carteles de la UCD en las primeras elecciones". En segundo curso de su licenciatura de Ciencias Económicas, Políticas y Comerciales, "un profesor me colocó en el Ministerio de Obras Públicas y ahí acabé la carrera". Luego pasó al sector químico y después a la cercana actividad farmacéutica, que desde entonces no ha abandonado.

En 1993 rompió con la maldición de los Ara y se lanzó a crear su propia empresa. Fundó la farmacéutica Suanfarma, que fabrica y comercializa principios activos para medicamentos. El laboratorio está presente en 60 países y tiene filiales en China, Venezuela, EE UU o México. Pero en 2007 dio una vuelta de tuerca en sus ambiciones empresariales. Creó Suanfarma Biotech, la gestora de capital riesgo especializada en biotecnología, un pequeño sector con alto potencial de crecimiento. Así que, creyendo en la autonomía y la madurez del laboratorio, ha centrado sus últimos meses en ayudar a crear nuevas empresas.

El nuevo edificio de Suanfarma en un polígono de Alcobendas, inaugurado en noviembre de 2009, ya está diseñado como incubadora. Al lado del despacho de Ara se reservan espacios para que las nuevas empresas apadrinadas por el fondo tengan su lugar para comenzar la actividad. Así están cerca del equipo que diariamente les ayuda. Gracias al primer fondo, con el que levantaron nueve millones de euros de inversiones, se crearon nueve empresas, de las que seis se instalaron allí.

"Nuestra obsesión es que las empresas pongan sus productos en el mercado desde el primer momento. Así es como se aprende y se ajusta a lo que el mercado necesita. Y hay que viajar mucho, ir a congresos y ferias y aprender", asegura Ara. "El científico tiene miedo al mercado, por si es un jarro de agua fría sobre las investigaciones en las que lleva años trabajando".

Es de la opinión de que hay que perder el miedo a no triunfar. "Así es como se aprende. En EE UU normalmente te piden que tengas un par de fracasos para darte dinero". æpermil;l sabe mucho de estos fiascos. Al menos en la teoría. Su tesis doctoral en Economía versaba sobre los factores del fracaso del emprendedor.

La jornada de este directivo comienza a las siete de la mañana con una lectura de la prensa. A partir de las ocho empieza su actividad y pasa gran parte de la mañana de visitas y reuniones. Y es que tiene un nuevo reto: lanzar su segundo fondo, con el que espera levantar 30 millones de euros. Así que la mayoría del tiempo lo dedica a ver nuevos proyectos científicos que se conviertan en empresas y a localizar a nuevos inversores. "Me interesa básicamente la ciencia española, aunque lamentablemente hay una separación enorme entre la investigación y su aplicación", reconoce.

"Faltan emprendedores en este país con ganas de gestionar el riesgo. Tiene que ver con un sistema de protección exagerado. El Estado cubre todo el nivel de seguridad de las personas, y así es difícil que haya emprendedores", opina. Por eso, apuesta por una sociedad "social liberal", donde estén garantizadas "la sanidad, el techo, la comida y la educación, y después de eso el Estado no debe entrar". Además cree que las fortunas españolas tienen miedo a invertir en bioempresas, a pesar de su alta rentabilidad, por desconocimiento.

Otro de sus proyectos es crear una incubadora conjunta con la Universidad de Cádiz para dar salida 1.200 potenciales proyectos. "Hay que educar el emprendimiento. En Andalucía hay más paro, pero creo que ha germinado esta idea. No quieren resignarse", afirma.

Un bordado de cómo incubar

El edificio de Suanfarma está diseñado para hacer más cómoda la vida a los empleados. Un jardín con barbacoa (donde Héctor Ara ha plantado él mismo un árbol), una pista de pádel en la azotea, un gimnasio... y café gratis como lugar de intercambio de ideas, donde los científicos se cuentan experiencias. Algo importado de las empresas tecnológicas californianas.

El despacho de Ara es bastante sobrio y minimalista. Madera en el suelo, dos paredes de cristal, un sofá con mesita, una mesa de reuniones y la suya de trabajo con un ordenador. Hay pocos papeles y pocos objetos personales. "He buscado la luz, espacios abiertos y el color blanco, que da paz".

Lo que más llama la atención son ocho cuadros colgados de la pared. Todos pintados por mi hermano, que es ingeniero industrial", cuenta. Entre las imágenes, una de la playa de Suances (que dio el nombre a Suanfarma), un lugar donde se refugia desde la niñez. Y, como curiosidad, tiene un cuadro bordado por la directora financiera, la profesora Sofía de la Maza, con el sistema de gestión de la incubación de empresas.