EDITORIAL

El móvil se debe abrir a la colaboración

El Mobile World Congress de Barcelona se clausura, un año más, tras cumplir con creces su papel de foro mundial del sector de las telecomunicaciones móviles. En esta edición, el futuro de las redes de alta capacidad -el debate estrella de la edición de 2010- ha pasado a un segundo plano en favor de las novedades tecnológicas ligadas a los tablets y a los smarthphones, al negocio de las aplicaciones y, en especial, al universo Android de Google. Aun así, la polémica de quién ha de financiar las nuevas redes se reactivó con la intervención conjunta de los máximos directivos de las principales operadoras de móviles del mundo apuntando un posible acuerdo con Google y Apple. De llevarse a cabo, se despejaría el futuro de la inversión en infraestructuras, sobre todo en Europa, rezagada ya frente a Japón y EE UU.

El Viejo Continente precisa 230.000 millones de euros hasta 2014 para sostener la explosión de tráfico de datos y de aplicaciones que circularán hasta el hogar tanto por la fibra como por las redes móviles. Porque hoy es un cuello de botella que impide el desarrollo de muchas prestaciones asombrosas, necesitadas de alta capacidad, que abren un negocio incalculable para las empresas y un mundo de atractivas posibilidades para los usuarios. La previsible contribución a la financiación de los proveedores de contenidos permitirá acelerar este proceso, que redundará positivamente en la competitividad de cualquier empresa, ya sea tecnológica o tradicional.

Pero esta no ha sido la única petición acertada de las operadoras en Barcelona. La creación de un sistema abierto que pueda usarse por todos los móviles o tablets es una exigencia evidente para desarrollar cualquier tecnología. Los sistemas exclusivos han desembocado a menudo en fracasos comerciales, pues el cliente no quiere ni debe someterse a las imposiciones de ninguna empresa. La advertencia, velada pero clara, iba destinada a los gigantes Apple y Google, que apuestan por un sistema propio.

De momento, la estrella ha sido el sistema operativo Android de Google para tablets y smartphones, que ha concitado la máxima atención del público profesional en el salón de Barcelona. Ya se han desarrollado 130.000 aplicaciones para el Android, aunque aún está lejos de los 300.000 de Apple. Ambas empresas pueden obtener éxito cada una por su lado a corto plazo, pero supone un trastorno para el cliente y para el sector en su conjunto. Cualquiera de los muchos interesados por hacerse con alguno del centenar de modelos distintos de tablets lanzados a los mercados del mundo desde Barcelona se encontrará con limitaciones a la hora de utilizar las aplicaciones actuales, algo que no sucedería si el sector fuese capaz de establecer un sistema abierto y universal. De lo que no hay duda es de que la tableta es ya la nueva reina de la fiesta tecnológica.