EDITORIAL

Una protección para los creadores

Al igual que la investigación farmacéutica tiene garantizada la rentabilidad si logra culminar con éxito los ensayos clínicos y registrar los fármacos con la protección del régimen de patentes, los creadores culturales en España tendrán garantías de que sus aportaciones, además de estar protegidas por los derechos de autor santificados por la Ley de Propiedad Intelectual, no serán indiscriminadamente pirateadas por terceros, puestas en el mercado ilegalmente y usurpadas sus ganancias. En España las industrias culturales y creativas están consideradas estratégicas en el plan integral de política industrial, pues aportan nada menos que un 4% del PIB, que gira en torno al idioma y que irradia su mercado en todos los países donde la lengua española es de uso común.

Por ello la intención del Gobierno de protegerla con la ley Sinde ha concitado finalmente el respaldo parlamentario del PP y de CiU, aunque se flexibilice para ello la rigurosa persecución de la difusión ilegal de los contenidos a través de determinados portales de internet, de los que la Administración tiene contabilizados dos centenares que actúan fuera de la ley. Sin protección, la creación se restringe, puesto que no tendría garantía de retorno, y limitaría tanto la generación de riqueza cultural como económica, amén de la de empleo.