TRIBUNA

Un momento decisivo para bancos y cajas

El año 2011 no será fácil para las entidades de crédito españolas. La persistencia de la crisis económica y del desempleo, la elevada morosidad, la falta de volumen de actividad, el estrechamiento de márgenes financieros, el endurecimiento de las condiciones de financiación y un calendario exigente de vencimientos completan un escenario complejo que pondrá a prueba la pericia de los gestores de bancos, cajas y cooperativas de crédito.

En un momento como éste, las entidades habrán de realizar un intenso esfuerzo de contención de costes, procurar la captación de recursos al menor coste posible -lo que no será fácil- y defender a toda costa su cuenta de resultados.

También tendrán que cumplir con el exigente calendario de dotaciones marcado por la normativa del Banco de España para reflejar, paulatinamente, la pérdida de valor de los activos inmobiliarios que han acumulado -muy a su pesar- las entidades de crédito. La realización de ese ejercicio, y la transparencia con la que se realice, son fundamentales para la recuperación de la confianza internacional en nuestro sector financiero.

Las entidades no afrontan el futuro en igualdad de circunstancias y condiciones. Los dos grandes bancos españoles tendrán el respaldo de su elevada diversificación internacional lo que les proporciona oportunidades de crecimiento en unas condiciones más favorables en términos de margen, con la lógica repercusión positiva en sus cuentas de resultados.

El resto de las entidades, más expuestas por definición a la coyuntura actual de la economía española, no tendrán ese apoyo, por lo que su gestión se hace más exigente, aunque, de nuevo, el tamaño y la gestión de unas y otras las hace diferentes entre sí.

Las entidades que han afrontado procesos de integración de cierta complejidad (ha habido otros bastante sencillos) tienen el reto añadido de avanzar en esa integración tratando de anticipar sus efectos positivos en términos de reducción de costes y aumento de la eficiencia, auténtica clave de bóveda en el ejercicio actual.

La recepción, o no, de ayudas del FROB y la necesidad de devolverlas en plazo introduce también una distinción relevante entre las entidades.

En todo caso, a lo largo de 2011 deberán producirse cierres de oficinas, ajustes de plantilla, integración de plataformas informáticas, traspasos de activos y pasivos y los cambios de estructura, organización y procedimientos internos que deberían hacer más eficientes a las entidades resultantes de los procesos de integración.

La prioridad de los gestores bancarios será capear el temporal, tratando de minorar los daños y, a la vez, preservar sus velas (o motores) para el momento en que amaine el temporal. A aquellos que, además, consigan mantener el rumbo previsto, desarrollando un modelo de negocio sólido y sostenible a largo plazo, el sol del nuevo día les encontrará muchas millas por delante de sus competidores.

Y es que, ante todo, las entidades de crédito van a necesitar un nuevo modelo de negocio que, partiendo de su tradicional dedicación al segmento de banca minorista centrada en el cliente, les haga partícipes (necesarios) de la transformación global de la economía española.

Ese nuevo modelo de negocio debe ser creíble para los inversores internacionales, pues tanto las exigencias del momento como los nuevos requerimientos regulatorios derivados de los acuerdos de Basilea III convertirán la obtención de capital en la prioridad fundamental para las entidades de crédito en todo el mundo.

En el nuevo escenario, España tendrá que ser menos dependiente del negocio inmobiliario y nuestro sistema financiero, cuyo balance es un reflejo de nuestra economía, tendrá que aprender a realizar su actividad con modos nuevos más centrados en la evaluación de negocios y proyecciones financieras y menos en la exigencia de garantías reales y personales, compensando el paulatino desapalancamiento en el sector inmobiliario con el apoyo a nuevas actividades productivas que puedan contribuir al crecimiento de nuestra economía. En suma, 2011 será difícil pero, además, es decisivo para el futuro de nuestro sistema financiero.

Francisco Uría. Socio responsable del sector Financiero de KPMG