Empleo & Directivos

Una cancha en la que ganan los mayores

Los entrenadores veteranos triunfan en la NBA. Igualmente en la empresa, los valores de los más experimentados son reclamados para gestionar situaciones difíciles.

Mientras en España se habla del estilo Mourinho o el estilo Guardiola, y contratar entrenadores jóvenes y glamourosos es la tendencia, en Estados Unidos ahora se lleva la veteranía. El equipo con más victorias en estos momentos en la NBA son los San Antonio Spurs, que dirige Greg Popovich (61 años). Y el mejor juego, según los expertos, lo practican los Utah Jazz, a las órdenes de Jerry Sloan (68). Aún más significativo es el hecho de que ambos son los técnicos que llevan más años en el mismo equipo: 13 Popovich, 23 Sloan. Y que se trata de dos personajes muy singulares.

Pueden encontrarse rasgos similares en el estilo de gestión de ambos. Son amantes de un tipo de baloncesto clásico, en una época en que los individualismos y los egos de las estrellas han enterrado en otros equipos al juego colectivo. Mantienen por el periodo más prolongado posible el mismo grupo de confianza a su alrededor, tanto en jugadores como en auxiliares, dentro de una gestión en la que no limitan su ámbito de influencia a la propia cancha de juego, sino que invade las competencias de los general managers. Y aunque hacia dentro sobreprotejan a los suyos, cara al exterior son dos tipos muy, muy duros.

Se cuenta de Sloan que, cuando era jugador de los Chicago Bulls en los años sesenta -bastante bueno, por cierto-, tuvo en una ocasión un roce con Willis Reed, legendario pívot de los New York Knicks. Reed era 15 centímetros más alto y 20 kilos más pesado que Sloan, pese a lo cual éste se encaró con él y le dijo: "No te tengo miedo". En la siguiente jugada, en la disputa de un rebote, Reed lanzó al suelo a Sloan y le piso la cara. Cuando éste se levantó, fue a buscarle: "Imbécil, ya te he dicho que no te tengo miedo".

Es habitual contratar a veteranos para proyectos, como las transiciones en las empresas familiares

Sloan ha trasladado ese espíritu a su equipo durante los casi 2.000 partidos que le ha dirigido; un periodo de 23 años que en todo el deporte profesional mundial solo supera Alex Ferguson, el técnico del Manchester United. También es el único entrenador de la historia de la NBA que ha ganado más de 1.000 partidos con el mismo equipo, y el tercero con más victorias -sobre las 1.200- en la historia de la liga. Aunque nunca ha conseguido ganarla: las dos veces que Utah alcanzó la final sucumbió ante los Chicago Bulls de Michael Jordan.

En aquel equipo de Utah militaban dos jugadores extraordinarios, John Stockton y Karl Malone, que repitieron en millares de ocasiones la misma jugada: el pick and roll, el abc del baloncesto, en el que un jugador pequeño busca la ventaja en un bloqueo para tirar o asistir al pívot. El actual equipo de los Jazz vuelve a brillar con una pareja similar, compuesta por Deron Williams y Paul Millsap. Stockton jugó también únicamente en Utah durante sus 20 años de carrera, mientras Malone disputó allí 19.

Salvo Deron Williams, ninguno de estos jugadores llegó a Utah con renombre. Debido a las peculiaridades del club -con sede en la ciudad mormona de Salt Lake City, sin vida nocturna ni proyección publicitaria, y la de menor número de habitantes de cuantas albergan equipos NBA-, los jugadores de gran prestigio nunca han querido militar en los Jazz. Sin embargo, el sólido sistema de Sloan ha permitido que buen número de jugadores de menor nivel hayan disfrutado en Utah de los mejores años de sus carreras; en más de un caso, incluso, les permitió conseguir lucrativos contratos en otros equipos donde no respondieron a las expectativas.

En lo personal, Sloan es un hombre totalmente al margen del mundo de lujo de la NBA. Su mayor afición conocida es la de coleccionar y rehabilitar antiguos tractores John Deere, se le ve con frecuencia por su ciudad en los saldos de garaje frecuentes en Estados Unidos, va de vacaciones a una granja que compró en su pueblo de Illinois, no se recata al criticar la imagen de sus jugadores cuando no le gusta -al ucraniano Kyrilo Fesenko le llamó recientemente "payaso" tras ponerse mechas- y renuncia a cualquier atisbo de modernidad: cuando le preguntaron qué opinaba de que sus jugadores pusieran mensajes en Twitter, respondió preguntando qué era eso.

Popovich ha tenido mejores jugadores a sus órdenes y más éxito, puesto que ha ganado cuatro campeonatos en los 13 años que lleva al frente del equipo, y actualmente sus Spurs lideran la competición. Graduado en estudios sobre la Unión Soviética, no tuvo carrera profesional como jugador, sino que se integró durante un tiempo en la inteligencia militar de la Fuerza Aérea estadounidense. Tras una trayectoria no muy destacada en el baloncesto estadounidense, llegó a los Spurs como dirigente y dio una suerte de golpe de Estado poco claro por el que se convirtió en entrenador.

Tras un primer año en el que consiguió mucho peores resultados que el predecesor al que había cesado, la llegada al equipo de Tim Duncan supuso la primera de sus victorias. Desde entonces, ha ido sumando en particular talento extranjero: junto al ya veterano Duncan, sus principales jugadores son hoy el francés Tony Parker, el argentino Manu Ginóbili y el brasileño Tiago Splitter, todos ellos muestras de su fino instinto, y el de su inseparable mánager R. C. Bufford, para elegir jugadores novatos poco reputados que ha convertido en estrellas.

El año pasado, por ejemplo, escogió en el número 37 del draft de novatos a DeJuan Blair, al que ningún otro equipo quiso por su historial: problemas de rodillas combinados con un peso excesivo (125 kilos) para sus dos metros pelados de estatura. Pero Blair acabó la temporada en el quinteto ideal de novatos y es ahora una figura en ciernes.

A diferencia de Sloan, Popovich es un hombre más extrovertido, que bromea alguna que otra vez con sus jugadores o los contrarios en público, actúa como conferenciante motivacional, y ha creado escuela en la NBA compartiendo conocimientos con entrenadores jóvenes que hoy dirigen otros equipos tras ser ayudantes suyos. También es conocido por sus actividades filantrópicas y por su excelente manejo de grupo. El pasado año, traspasó a un joven jugador, Curtis Jerrells, a otro equipo gratuitamente aduciendo que era demasiado bueno para no tener minutos, pero que él no podía dárselos en su equipo y era mejor que se labrara un futuro en otro lugar.

Este año afrontó una crisis extradeportiva con su habitual elegancia: el divorcio de una de sus estrellas, Tony Parker, de la actriz Eva Longoria. Convocó a la prensa para hacer su única declaración al respecto: que todo el vestuario apreciaba a ambos, les deseaba lo mejor y anunciaba que nadie del equipo volvería a hablar del tema. Parker, pese a todo, está haciendo la mejor temporada de su carrera.

"Mándame un directivo que peine canas"

Las prejubilaciones han dejado a muchos directivos fuera del mercado laboral. Algunos optan por montar sus propias consultoras, lo que sirve para que los headhunters les contraten para apagar fuegos en empresas. Elisa Martínez de Miguel, socia de Neumann International, reconoce que aunque suponen menos del 10% de los currículos que manejan, es habitual contratar a mayores de 60 años para proyectos determinados, como las transiciones en las empresas familiares: "Con la que está cayendo, están muy bien vistos, porque tienen capacidades que solo la experiencia les ha podido dar".

"Mándame un directivo que peine canas, me dicen en las empresas con problemas", reconoce Alfonso Elósegui, director de interim management de la consultora BDO, donde envían a este tipo de profesionales como gestores provisionales. "Tienen un papel fundamental en la alta dirección", asegura. Basta recordar nombres como Emilio Botín (76 años) o César Alierta (65 años), que capitanean el Santander y Telefónica, para comprobar que la edad no está reñida con el éxito. "Entienden matices que una persona joven no es capaz", señala Custodia Cabanas, profesora de Comportamiento Organizacional de IE Business School.

Lealtad, prudencia y mano izquierda

La profesora del IE Business School cree que los gestores veteranos "conocen a las personas, los sectores y todas esas cosas que no se ven, que son personales e intransferibles". Por eso, opina que las prejubilaciones "son una salvajada". "¿Cómo les vas a mandar a casa a los 50 años cuando la esperanza de vida es de 80?", se pregunta. "Se desprecia la edad", coincide Elósegui. Para él, los mayores aportan experiencia, equilibrio, mano izquierda y una capacidad para ver las cosas de forma objetiva. "Nosotros vamos al contrario que el mercado, porque vemos que en estos momentos la experiencia es fundamental", añade. Martínez de Miguel señala como valores de estos directivos la lealtad, el compromiso que contraen, la prudencia, la capacidad de negociación y la sensibilidad organizativa. Aunque reconoce defectos: "Algunos no están preparados para los cambios tecnológicos".

¿Jóvenes o veteranos?

Parece que la Liga española ha optado por modelos novedosos e impulsivos, de sangre joven como la de Pep Guardiola o José Mourinho para encabezar a Barça y Madrid. Pero la selección de fútbol ha sido el ejemplo de que solo con la veteranía de Luis Aragonés y Vicente del Bosque el equipo ha conseguido los éxitos.