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La vida está llena de tramposos

Llevo días dándole vueltas a un asunto: a la cantidad de tramposos que hay por la vida. El último gran espectáculo lo acabamos de ver con el escándalo del dopaje en el atletismo. Siempre me he alegrado de los éxitos de Marta Domínguez, como casi todos los españoles, a los que se nos ha quedado la cara de asombro con la detención y el registro por parte de la Guardia Civil de su casa, donde encontraron pruebas inculpatorias. Y esto sucede cuando todavía no nos hemos recuperado del shock de Alberto Contador. Son ejemplos que nos indignan porque siempre hemos relacionado el deporte como algo limpio, sano, donde confluyen algunos valores dignos de resaltar y exportar al mundo de la empresa, como el trabajo en equipo, la aceptación del fracaso, el afán por la superación. Eran un ejemplo para el ciudadano medio. ¿Y ahora qué?

Vale que todos alguna vez hemos hecho alguna trampa al parchís o nos hemos saltado un semáforo en ámbar, faltas que hoy día pueden ser consideradas leves, comparadas con los últimos escándalos que han salpicado al deporte y el mundo de la empresa. Porque a nadie se nos puede olvidar casos como el de Enron, el fraude de Madoff, y tantos otros. Quiero pensar que son solo ejemplos aislados, pero me temo que no es así, que la vida está llena de tramposos que hay que desenmascarar. Y hoy me indigna la cara de felicidad de Domínguez llegando a meta. Se reía de todos nosotros.

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