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Secretos de despacho

Trancas y Barrancas en Giro Toys

Javier Giménez trabaja en un espacio alejado de las locuras de 'El Hormiguero'.

Javier Giménez posa para la foto con los peluches de Trancas y Barrancas. Los conocidos personajes que animan el programa El Hormiguero, en Cuatro, han sido uno de los grandes éxitos de la joven compañía juguetera española Giro Toys. Más de medio millón de hormigas moradas ha vendido la empresa en los últimos años. Todo un acierto en la elección de la licencia por parte de un empresario acostumbrado a trabajar en el sector del juguete, y que conoce de primera mano la importancia de que los niños reconozcan a personajes televisivos en los regalos que les llegan en temporadas como la próxima Navidad.

Las pequeñas hormigas que replican a invitados y al propio Pablo Motos en televisión son protagonistas, sí, pero la gestión de una empresa como Giro Toys no se hace precisamente a trancas y barrancas. Más bien todo lo contrario. "Existe una planificación a largo plazo, más en una empresa como ésta en la que decidimos que no queríamos ser meros comercializadores de juguetes de otros, que queríamos diseñar los nuestros", explica Giménez.

Para quien no lo sepa, el mundo del juguete es un mundo muy serio. No es que la gente vaya enfurruñada por las oficinas de la empresa, recién estrenadas tras algo más de seis años en otras instalaciones. En unos nuevos y modernos edificios del Parque Tecnológico de Valencia, en Paterna, los empleados de Giro Toys comparten un espacioso y diáfano bajo en el que hay bastante silencio y pocos juguetes.

Los pocos despachos que hay están separados por unos cristales transparentes. El resto es común para todos y en el centro hay espacio suficiente para levantarse a tomar un café y descansar. "Es muy fácil pasear por una empresa organizada así", explica Giménez, que asegura que huyó de las oficinas departamentadas, aprovechando que tenía la posibilidad de establecerse en este nuevo espacio.

La estancia en la que trabaja Giménez es extremadamente minimalista. Solo el color de la madera de las mesas, una de despacho y otra de reuniones, rompen el blanco de las paredes. Que nadie espere un despacho como el que disfrutaba Tom Hanks en la película Big. La realidad es muy distinta. En la mesa del máximo responsable de buena parte de los juguetes que se venderán estas fiestas, básicamente hay papeles, carpetas que contienen, por ejemplo, las previsiones de llegada de los miles de Cinexin que lanzarán este año en una versión completamente nueva. "Hoy por el día en que se realizó esta entrevista, hace unas semanas llega el primer contenedor desde China, y estamos deseando verlos ya aquí", explica.

Precisamente, este país asiático es la referencia para el sector juguetero, como para tantos otros, por el ahorro de costes en producción que supone. En Giro Toys no se fabrican juguetes. No hay máquinas inyectoras de plástico ni nada parecido.

"Solo ordenadores para el equipo de diseño que hemos creado", explica Giménez. Porque si bien es cierto que la fabricación está externalizada, no lo es menos que uno de los objetivos de la compañía es desarrollar sus propios productos. "Se idean aquí, se desarrolla todo el proceso y, finalmente, se envían fuera para su producción", explica.

Pero no acaba aquí el trabajo. Casi todo lo contrario. "El despacho es tan austero, en parte porque yo viajo mucho, al menos dos meses al año los paso en China controlando los procesos de producción", señala Giménez. Pero sí hay un detalle que muestra la evolución de los tiempos. Una gran pantalla, con una cámara incorporada, preside su despacho. "Es para las teleconferencias que realizamos con nuestros proveedores; el Skype se ha convertido en un estándar para este tipo de contactos", añade el directivo, que pasa también parte de su tiempo fuera de España en las distintas ferias sectoriales del mundo.

"No somos una empresa que tenga vocación de mover cajas", asevera Giménez para diferenciarse de un mero comercializador de juguetes. "Aquí estamos diseñando ya los lanzamientos de 2011, y para entonces habrá grandes sorpresas", explica el también propietario de las licencias de la vieja Exin.

El presidente de la firma juguetera se conecta con Skype con proveedores chinos, a los que visita durante dos meses al año

Un deportivo para aliviar tensiones

Que nadie se escandalice. El coche deportivo que usa Javier Giménez para aliviar algún momento de tensión o simplemente para descansar un poco mide poco menos de 10 centímetros. De hecho, el mando a distancia que lo gobierna es más grande que el propio coche. Este pequeño juego, uno de los que comercializa para una marca italiana, es de las pocas concesiones que se hace el directivo a objetos que no sean puramente de trabajo. Giménez, de trato amable y voz tranquila, habla con cierta pasión de sus juguetes, tanto del proyecto del nuevo Cinexin, del que espera grandes resultados, como de todos los que forman la gama de juegos de laboratorio vinculados a El Hormiguero. "Por primera vez, hace dos años, conseguimos superar a Cefa en la clasificación de juguetes científicos más vendidos". Ahora, bajo la marca genérica de El Laboratorio Loco y con la imagen de Pablo Motos, se ha ampliado la gama de productos vinculados al conocido programa de televisión, clave para el desarrollo de esta compañía que empezó casi por casualidad en 2004 y que ahora quiere su cuota de mercado.

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