Hacia un nuevo equilibrio económico global

Una crisis con vencedores y vencidos

El poder económico se desplaza del Atlántico para ponderar en mayor medida a los países emergentes, que ya han conseguido recuperar su velocidad de crucero

Una crisis con vencedores y vencidos
Una crisis con vencedores y vencidos

El cambio estaba esbozado desde los albores de la globalización, pero el revolcón económico de los últimos dos años lo ha acelerado. La crisis financiera global, originada en los países ricos, ha castigado a éstos de forma particularmente cruda y, de paso, ha contribuido a desplazar el poder económico hacia las nuevas potencias emergentes. Países como China, India o Brasil han recuperado ya sus ritmos de crecimiento anteriores a 2008, mientras que EE UU y Europa bracean para evitar una década perdida como la que sufrió Japón en los noventa.

El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, resumió la situación hace pocas semanas: los emergentes también han sido afectados por la crisis, pero, como grupo, han supuesto una fuente de fortaleza para la economía mundial. El distinto impacto entre unos y otros quedó claro en el peor momento de la recesión, a finales de 2008. Mientras el PIB de los países ricos caía un 9%, el de los emergentes lo hacía un 3%, exactamente la tercera parte.

El castigo de los ricos

La génesis de la Gran Recesión es conocida. Superado el estallido de la burbuja tecnológica, en 2000, la economía estadounidense se lanzó a un nuevo ciclo alcista basado, esta vez, en el inmobiliario. Los propietarios utilizaron su vivienda como garantía para endeudarse y consumir a una velocidad endiablada, lo que sirvió de combustible a la locomotora del crecimiento. La ilusión de un incremento de precios sin fin llevó a los bancos a otorgar hipotecas a personas con escasa capacidad para afrontar los pagos, más allá de su casa. Cuando comenzaron los fallidos, el castillo de naipes se desplomó, contagiando al conjunto del sector bancario comercial y de inversión.

EE UU se constituyó, así, en epicentro de la crisis global, aunque otros países desarrollados, como Reino Unido o España, presentaron comportamientos económicos similares. De hecho, gracias a las históricas inyecciones fiscales, EE UU ha perdido menos actividad durante la recesión que los grandes países europeos, pero en el camino se ha dejado ocho millones de empleos y ha duplicado la tasa de paro. En un marco laboral con mínima protección asistencial, el actual nivel del 9,6% explica casi en su totalidad la pérdida de popularidad del presidente Obama, por más que accediese al cargo con el país enfermo.

"Ahora, aunque los últimos datos macro han sido mejores de lo previsto, siguen indicando una desaceleración en el tercer trimestre de este año", según recalca el BBVA desde su Observatorio Económico.

Al otro lado del Atlántico, la crisis financiera ha golpeado a Europa incluso con más dureza, con una caída media del PIB superior al 4% el año pasado. La respiración asistida de los recursos públicos ha servido para mitigar la pérdida de empleos (con sangrantes excepciones, como las de España, Irlanda o el Reino Unido), pero ha coadyuvado a crear un galopante desequilibrio fiscal. El déficit fiscal duplicó el año pasado el umbral del Pacto de Estabilidad, y la escalada de la deuda pública ha llevado a una nueva crisis la pasada primavera. Así las cosas, los dirigentes de los dos grandes bloques económicos tradicionales se encuentran sumidos en un dilema: apuntalar la renqueante recuperación con el mantenimiento de los estímulos fiscales o controlar unas cuentas públicas desbocadas.

Resistencia desconocida

La crisis financiera global ha supuesto una prueba de fuego para la que ya es primera potencia comercial: China. La fábrica del mundo acusó el declive económico de los países avanzados, con recortes en las exportaciones que llegaron a alcanzar el 25% a principios de 2009. La desaceleración interna supuso, según la OIT, la pérdida de unos diez millones de empleos, bien que sobre una fuerza laboral china de alrededor de 750 millones de personas.

La respuesta del Gobierno de Hu Jintao ha sido clara: reforzar la demanda doméstica. Por una parte, se ha inyectado liquidez por siete billones de yuanes (dos tercios de billón de euros) para mitigar la sequía de crédito global; por la otra, se ha aprobado un paquete de estímulo fiscal (en su mayor parte, destinado a infraestructuras) por 350.000 millones de euros. La resistencia china ha quedado probada: el crecimiento se ha elevado desde el 6,1% a principios de 2009 hasta el 10,7% a finales de ese mismo año. Como resultado, el Partido Comunista espera crear cerca de 22 millones de empleos en el bienio que terminará en diciembre, superando de largo la pérdida anterior. Tanto ha acelerado el país, que las preocupaciones se centran ya en contener un mercado inmobiliario en ebullición.

Sin llegar al vértigo de China, también la otra gran potencia demográfica, India, ha sorteado la crisis global con una fortaleza nada desdeñable. El PIB pasó de crecer alrededor del 9% en 2008 a ralentizarse solo hasta el 6,7% el año pasado. En la actualidad, el crecimiento ya ronda el 8%, y el FMI pronostica que alcanzará un punto más en el conjunto del año. La crisis ha pasado factura a las exportaciones, pero el tamaño del mercado doméstico, las medidas de impulso fiscal (alrededor de 9.000 millones de dólares, algo menos del 1% del PIB), los programas sociales y un sistema bancario fuerte en términos relativos han permitido al subcontinente ser otro de los reforzados tras la recesión global.

Un tercer componente del grupo de los BRIC, Brasil, saldará 2010 con un vigoroso incremento de la actividad productiva del 7,1% (estimaciones de julio del FMI), rebotando tras el estancamiento del año pasado. También en este caso, el tamaño del mercado interior sirvió para mitigar el impacto de la debacle global. El Gobierno de Lula da Silva mantuvo los programas sociales e inyectó el equivalente al 1,2% del PIB para contener el deterioro. Brasilia aprovechó la coyuntura para estimular el Plan de Aceleración del Crecimiento, que arrancó en 2007 e incluye inversiones en transporte, saneamiento, electricidad y vivienda. Peor parados resultaron otros dos grandes países emergentes: Rusia y México. El descenso del precio de las materias primas pasó factura al primero, mientras el segundo acusó la dependencia económica de EE UU y el impacto de la gripe porcina. Eso sí: el FMI cree que ambos han superado las dificultades, y crecerán por encima del 4% tanto este año como en 2011, mucho más que los países ricos.

El nuevo sesgo en el reparto del poder parece claro para los organismos multilaterales. El Banco de Pagos Internacional augura que los países emergentes seguirán creciendo "muy por encima" de los avanzados durante la próxima década. Igualmente, los responsables del BCE, Jean-Claude Trichet, y de la Reserva Federal de EE UU, Ben Bernanke, sostienen que los emergentes son "la clave" para la estabilidad financiera global. Acelerándose como está el traspaso de poderes, los organismos insisten en una petición que ya hacían antes de la crisis: los desequilibrios globales deben reducirse, con menor consumo y mayor ahorro en los países ricos y el movimiento inverso en los emergentes. Las anteriores advertencias sirvieron de poco.

Las cifras

10,3% es el crecimiento del PIB de China en el segundo trimestre. Tras la ligera ralentización del año pasado, el país ha recuperado la velocidad de crucero de las últimas tres décadas.

6,3% es el déficit presupuestario de la zona euro, en porcentaje del PIB. Fruto de los planes de estímulo, el gasto por desempleo y el deterioro de la recaudación, duplica de largo el límite del Pacto de Estabilidad.

9,6% es la tasa de paro en Estados Unidos en agosto, el doble de la vigente hace apenas dos años. Desde la Gran Depresión, sólo en la crisis de los 80 se alcanzaron niveles comparables.

La competitividad de EE UU se resiente

La Gran Recesión también ha pasado factura a las potencias tradicionales en cuanto a su capacidad competitiva. En la última clasificación elaborada por el Foro Económico Mundial (Foro de Davos), que fue presentada el jueves, Estados Unidos sigue perdiendo posiciones, al pasar de la segunda a la cuarta, y ya queda lejos del primer lugar que ocupaba hace dos años (es decir, antes de que se dejase notar el impacto de la crisis global). Mientras el grueso de los países emergentes consolida sus posiciones, la superpotencia pierde fuelle en los dos grande ejes del estudio: el institucional y el macroeconómico. Los autores achacan el primer retroceso a la "ineficiencia" del Gobierno y el segundo, al abultado déficit fiscal generado por los planes de estímulo.

Líderes con fuelle dispar

-ESTADOS UNIDOS: Barack Obama abrió su mandato con un macroplán de estímulos fiscales, que no ha evitado que el paro siguiese creciendo hasta finales del año pasado. El deterioro económico puede pasarle factura en las legislativas de noviembre.

- UNIâN EUROPEA: Europa ha capeado la recesión con una moderada pérdida de empleo, pero con una crisis fiscal sin precedentes. El presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, lidera la petición de una mayor gobernanza económica conjunta.

- CHINA: Los estímulos fiscales han servido al gigante asiático para salir de la crisis con un impacto económico limitado. Hu Jintao, el presidente de la República Popular, seguirá apostando por el capitalismo dirigido.

- BRASIL: El organizador de los próximos Juegos Olímpicos y Mundiales de Fútbol refuerza su papel económico. Los brasileños elegirán en tres semanas al sucesor de Lula, con su correligionaria Dilma Rousseff partiendo con ventaja.