Secretos de despacho

Hacerse el sueco en Yoigo

Johan Andsjö apuesta por liderar la estrategia y delegar el día a día en su equipo.

Hola caracola!". Esa es la bienvenida en la puerta del edificio de Yoigo. Con ese lema en la puerta, el visitante se hace una ligera idea de lo que le espera dentro. Por todas las paredes de la compañía hay pegadas este tipo de frases, con la coletilla de "verdad verdadera". Cuando se llega al despacho del consejero delegado, el sueco Johan Andsjö, y se ve en la puerta un "si le pides un aumento al jefe, se hace el sueco. Verdad verdadera", entonces se entiende que el humor es una característica innata de esta compañía y de su jefe máximo.

Andsjö (Dalarma, Suecia, 1972) llegó a Madrid en 2006 para el lanzamiento de Yoigo, operadora que ocupa el espacio de la antigua Xfera, bajo el control de la sueca TeliaSonera. "Como yo era el único que hablaba algo de español, me eligieron a mí", cuenta con cierta sorna, y a él le apetecía mejorar su castellano, ya que su esposa es uruguaya.

"No he encontrado demasiadas diferencias culturales entre Suecia y España. Yo siempre digo que las diferencias son entre personalidades, no entre países", asegura. Pero según habla se le escapan algunas desigualdades. La primera: la jornada. "Allí comemos a las 11.30 horas. Lo he sufrido durante los dos primeros años. Ahora como algo rápido a las 13.30 horas". Además, "en Suecia todo el mundo sale a las cinco de la tarde, aquí la gente trabaja hasta muy tarde, sobre todo los hombres. Creo que no hay una igualdad de sexos, son las madres las que van al colegio a por los hijos y los padres se quedan hasta tarde en el trabajo".

Su día a día es algo diferente al de los máximos ejecutivos de otras empresas. æpermil;l sí consigue marcharse a las 17.30 horas a casa. Llega alrededor de las 9 horas y pasa una hora descifrando los datos del día anterior: el tráfico en la red, llamadas a atención al cliente o viendo la facturación. Es su verdadera obsesión, ya que para este año debe reportar a Telia que Yoigo entra en beneficios, algo que de momento no han conseguido. Después de mirar las cifras "ya no tengo nada que hacer, me doy una vuelta por la oficina, ¡de verdad!". ¿Verdad verdadera? Pues no se sabe, porque durante toda la entrevista utiliza el tono irónico made in Yoigo. La gente de su equipo, sin embargo, asegura, para tranquilidad de los accionistas, que no es verdad. La realidad es que asegura huir del control de los detalles: "El liderazgo consiste en acordar la estrategia, encomendar el cumplir los objetivos y ver que los resultados van en la buena dirección. Hay que exigir responsabilidad, no tener a un jefe encima, a un centímetro". Aun así, cuenta que cuando tiene alguna duda, va directamente al empleado (Yoigo tiene 92 trabajadores) a preguntar. "Todos nos conocemos".

Andsjö está especialmente orgulloso de ser como una gran familia. "Somos la operadora más eficiente del mundo respecto al número de empleados por clientes", afirma. De hecho, esta razón le ha servido para recibir varias visitas de directivos chinos de China Mobile, con un ratio 20 veces peor que el de Yoigo. Como prueba, varios regalos "algo extraños" se ven por el despacho de Andsjö, como un libro en blanco de papel de seda con sus correspondientes guantes para abrirlo.

Si eficacia es uno de los principios de Yoigo, la operadora asegura tener otros cuatro valores. El primero, sencillez, una estructura simple. "No hay tantos jefes para tomar una decisión si pides algo", explica. Justicia es otro valor, con ayudas como el teletrabajo. El tercero es la honestidad: "Somos transparentes. Todo el mundo conoce al mismo tiempo las cifras que yo puedo tener". Y por último, la ocurrencia: "Siempre intentamos reír. Es la aspiración de ir un poquito más lejos, ser diferentes que el resto, de romper el molde". "Estamos locos, casi locos, medio locos", bromea, y cuenta una anécdota para explicarlo. En el proceso de selección de la última directora de publicad, le pusieron una máquina de la verdad. "¡No era real!, pero no se lo dijimos".

A propósito de la selección de empleados (sólo entran directivos con experiencia y chavales recién salidos de la universidad para formarse en el modo de Yoigo), Andsjö cuenta que él ve en España a personas muy bien formadas y, sobre todo, a diferencia de Suecia, "gente con más ganas de trabajar, de competir, con una actitud positiva por el trabajo y por involucrarse en el equipo".

Una copita para celebrar los éxitos

El despacho de Andsjö debe de ser una cruz para el personal de limpieza. Papeles, libros, catálogos de móviles y cachivaches se reparten por mesa y estanterías sin nada de orden. "Siempre tengo un montón de teléfonos. Yo los pruebo antes que nadie", explica. Otros dos ordenadores acompañan a los aparatos, uno para conectarse con la red de la empresa matriz. Lo que no se encontrarán son fotos. "No me gustan las fotos. Prefiero vivir el presente que vivir la historia". Lo único personal en la pared son dos dibujos infantiles realizados por su hija y por su hijo. Lo único sueco a primera vista es un caballito de madera de su región de Dalarma, una zona boscosa. Y lo que sí ha guardado con especial cariño es la botella vacía del coñac Henessy, uno de los más exclusivos del mundo, que compartió en el lanzamiento de Yoigo. También guarda una botella de champán, "por si cerramos un buen trato".