Debate abierto. La nueva regulación del tabaco

Una ley de bajos humos

Es una de las leyes más controvertidas del nuevo curso. La hostelería ve en la regulación del consumo de tabaco una amenaza y considera que afectará a muchas empresas. Sin embargo, el Gobierno quiere terminar el trabajo que inició en la anterior legisla-tura y declarar los sitios públicos vedados al humo

El inicio del curso escolar va a llevar al Congreso de los Diputados una de las leyes que más controversia genera, la nueva Ley del Tabaco: o se está a favor o en contra, pero sin medias tintas. El martes 7 de septiembre concluye el plazo para que los grupos parlamentarios presenten sus enmiendas al texto elaborado por el Ministerio de Sanidad. Una reforma legal que prohibirá fumar en todos los espacios públicos cerrados, con contadas excepciones. Y si el texto sigue el camino previsto, tampoco se podrá fumar en determinados espacios públicos por muy abiertos que sean.

A pesar de que el plazo de presentación de enmiendas concluye mañana, todo indica que podría prorrogarse. No en vano, la nueva Ley del Tabaco ha puesto en marcha una guerra de grupos de presión por parte de los sectores que, al menos a priori, se verán más afectados por el nuevo texto legal, que entrará en vigor el próximo 1 de enero siempre que se cumplan todos los plazos previstos. Los hosteleros comenzaron a ejercer presión antes del verano para tratar de endulzar una ley que podría provocarles una caída de ventas cercana al 30%, según las estimaciones realizadas por la Federación Española de Hostelería (FEHR). A su juicio, si la ley supera el trámite parlamentario tal y como está redactada supondría la puntilla para un sector al que la crisis ya ha pasado una dura factura, al comerse el 20% de sus ingresos durante los primeros meses del año.

De hecho esta es una de las principales críticas dentro de la hostelería. ¿Por qué ahora? ¿Es el mejor momento para relegislar el consumo de tabaco? Dentro del sector -y desde el propio Ministerio encabezado por Trinidad Jiménez- apuntan que la Ley del Tabaco de 2006 se quedó a medio camino y que el departamento no quiere acabar la legislatura sin que esté en vigor la Ley del Tabaco que perseguía desde el principio.

El texto elaborado por Sanidad va a modificarse sustancialmente en su tramitación parlamentaria

No se trata de un nuevo texto legal que ponga patas arriba el existente, sino que Sanidad va a introducir modificaciones para impedir que se fume en los espacios públicos cerrados: ni en bares, ni en restaurantes -por mucho reservado para fumadores que tengan-, ni en bodas, ni en bautizos, ni en hoteles, aunque en estos se reservará el 30% de las habitaciones para fumadores.

Sí que se podrá consumir tabaco, en cualquiera de sus variedades, en los denominados clubes de fumadores. Bajo esta etiqueta, el Ejecutivo ha dejado, en principio, un pequeño resquicio para permitir la existencia de locales donde sí estará permitido fumar mientras se bebe una copa. Pero no está tan claro que el texto legal permita al final estos clubes. El motivo: sus trabajadores estarían expuestos al humo y si se pretende que la nueva ley proteja a los empleados de bares y restaurantes -que en 2006 quedaron en un limbo legal- no tendría mucho sentido volver a realizar un movimiento similar y dejarlos desprotegidos.

Si se cumplen las previsiones, el texto que salga de ambas Cámaras será más restrictivo que el redactado por Sanidad. Acotará aún más los espacios libres de humos ya que podría incluir, por ejemplo, tanto los parques infantiles como las zonas adyacentes a los centros escolares. El objetivo, dar ejemplo a los más jóvenes y alejar en la mayor medida posible la presencia del tabaco de las zonas más frecuentadas por los menores.

Lo mismo ocurrirá en las zonas de entrada a los hospitales, donde también se quiere evitar la presencia de los fumadores que, habitualmente, se arremolinan a las puertas de los centros de salud.

Pero hecha la ley, hecha la trampa. En principio sí que estará permitido fumar en cualquier otro tipo de espacio público abierto, independientemente de si está o no en presencia de menores: campos de fútbol, estadios, conciertos al aire libre, chiringuitos y terrazas de restaurantes. Porque los locales de hostelería no van a permitir fumar de puertas adentro, pero en el exterior es prácticamente imposible poner barreras al humo. Así, las terrazas, parecen consolidarse como la alternativa más viable para los bares y restaurantes. De esta forma, se multiplicarán los locales con espacios al aire libre acondicionados para que sus clientes soporten los rigores del invierno. Sin embargo, hay voces que indican que la ley también podría acotar el tabaco en las terrazas de los locales de ocio.

¿Y qué impacto tendrá la nueva ley en el volumen de negocio de los sectores afectados? Realmente es difícil cuantificarlo. Las tabacaleras se muestran más que reacias a valorar el daño que puede causar la nueva ley en sus cuentas de resultados. En parte, porque los fabricantes de tabaco tienen varios frentes abiertos con las administraciones.

Por un lado, la amenaza de una nueva subida de impuestos especiales que podría incluirse en los próximos Presupuestos Generales del Estado. A día de hoy, aproximadamente el 77% del precio de la cajetilla más vendida (de la marca Fortuna) va a parar a las arcas de Hacienda. Una elevada carga fiscal que, a juicio del sector, pone de relieve el doble rasero del Estado al legislar sobre el tabaco: por un lado minimiza al máximo las posibilidades de consumo y, por otro, maximiza su capacidad de recaudación.

También en terreno impositivo, la exigencia de las tabacaleras de modificar el impuesto mínimo sobre los cigarrillos para evitar el temido repunte de las marcas de tabaco baratas. Y por otro lado, las nuevas cajetillas de cigarrillos que eliminarán a la mínima expresión la presencia de sus marcas en los envases que estarán copados por pictogramas y mensajes de advertencia sobre los daños que causa el tabaco. Sin olvidar que hasta el 31 de julio, sin Ley del Tabaco de por medio, las ventas de cigarrillos se han recortado más de un 10%. Una multitud de circunstancias negativas que les hacen difícil prever cuál será el impacto concreto de la nueva ley.

Tampoco los hosteleros son capaces de concretar el coste. De hecho ésta es una de sus principales recriminaciones al Ministerio de Sanidad, porque el texto llega al Congreso de los Diputados en forma de proposición de ley y ésta no obligaba al Ejecutivo a realizar un informe sobre el impacto económico.

Pero Sanidad sí que está dispuesta a ofrecer un caramelo a los hosteleros en forma de compensación económica. Si sale adelante una de las enmiendas a la ley presentada por los grupos de izquierda (IU-ICV y ERC), se les compensará -aún está por saber cómo- por las inversiones que realizaron hace cuatro años para adaptar en sus locales zonas específicas para fumadores.

La ley también podría endulzarse subvencionando a los fumadores los tratamientos para dejar de fumar. Un objetivo loable pero difícil de llevar a la práctica. No en vano, las competencias de Sanidad están transferidas a las comunidades autónomas y serían éstas las que tendrían que gestionar los tratamientos antitabaco. Sin olvidar que la efectividad de estos suele estar en entredicho. De esta forma, a sólo unas semanas de que la nueva Ley del Tabaco abandone el Congreso son muchos los frentes a concretar y no todos saldrán satisfechos.