COLUMNA

El Banco Central Europeo y el crédito

Hoy se reúne el Consejo del BCE y la inestabilidad financiera ha mejorado dentro de la gravedad. Los manuales de economía dan por sentado que las empresas están en condiciones de combinar capital, trabajo e innovación y que el sistema financiero canaliza el ahorro a esos proyectos de inversión pero lamentablemente esa no es la realidad de la economía europea en 2010. El consumo privado sigue estancado y no genera expectativas de beneficios suficientes para iniciar nuevos proyectos de inversión. Las exportaciones sí están creciendo y las empresas de ese sector podrían comenzar a tener incentivos para acometer nuevas inversiones pero tienen muchas dificultades para conseguir financiación bancaria, ya que las entidades han aumentado significativamente las garantías exigidas y lo hacen a tipos de interés reales muy elevados lo cual desanima la inversión.

Esta situación no es la habitual en las economías de mercado desarrolladas, pero cuando se produce el riesgo no es la inflación sino la deflación. Por esa razón es muy duro escuchar a tu banco central decir que está preocupado por la inflación. Más preocupante es escuchar a Jean-Claude Trichet afirmar que las nuevas medidas de austeridad anunciadas por los Gobiernos europeos no sólo no ponen en riesgo la recuperación de la actividad sino que tendrán un impacto positivo ya que servirán para tranquilizar a los mercados financieros.

La realidad es que el BCE observa cómo cada día el enfermo sigue con el agua al cuello y en vez de echarle una cuerda para salvarlo prefiere rezar para que deje de tronar y baje el nivel de las aguas y la tensión en los mercados. Ahora parece que sus plegarias han sido escuchadas y el hábil Trichet se aferrará al anuncio realizado por los Gobiernos y los supervisores de hacer públicos las pruebas de resistencia de su sistema bancario como punto de inflexión para normalizar el funcionamiento de los mercados de capitales y monetarios en la eurozona.

¿Por qué razón? Porque en Estados Unidos un anuncio similar fue clave el pasado año para normalizar los mercados. La primera reflexión que surge es ¿por qué en Europa hacemos las cosas siempre con retraso? El pasado no se puede cambiar pero si debe ser un referente. En EE UU fueron transparentes en la metodología y anunciaron un fondo público de recapitalización para las entidades con problemas. La realidad ha sido peor que el escenario de riesgo al que la Fed le daba tan sólo un 15% de probabilidad de suceso pero es cierto que el anuncio coincidió con el rebote de los mercados de capitales y los famosos brotes verdes y se ha usado como caso de éxito.

Sin embargo, en Estados Unidos el crédito a empresas sigue contrayéndose y los mercados monetarios distan de funcionar con normalidad, por lo que todo apunta a que no se ha afrontado con contundencia la restricción de crédito, aunque gracias al impulso fiscal y la monetización de deuda la economía crece pero hay algunos indicadores que amenazan con una W en el segundo semestre en el que estamos inmersos.

En Europa, el consumo sigue en recesión, el impulso fiscal será negativo y el BCE tan sólo ha comprado unos aperitivos de cédulas hipotecarias y de deuda pública comparados con el almacén de la Fed. Las pruebas de resistencia son una excelente oportunidad y es probable que sirva para abrir los mercados pero ¿reactivará el crédito?

Los alemanes se han visto forzados a hacer públicas sus pruebas y parece que van a incluir a la banca pública regional. Además se ha filtrado que estarían dispuestos a convertir el Fondo de Ayuda a los Estados en un banco malo para inyectar capital en las entidades con problemas. Sin darse cuenta, están poniendo las bases de la futura Unión fiscal, ya que uno sabe cuando abre una letrina para un banco malo pero nunca sabe cuando se cierra. La banca europea tiene capitalización débil y sería una excelente noticia. La duda es si con el mínimo capital que se las va a exigir van a perder el miedo a prestar. Mientras, Trichet y sus colegas se mueren por eliminar las medidas extraordinarias de liquidez pero eso sería un suicidio colectivo.

José Carlos Díez. Economista Jefe de Intermoney