Cumbre del G-20

Toronto certifica la desunión de las potencias para afrontar la actual fase de la crisis

La cumbre de Toronto está poniendo a prueba los compromisos de unidad que alcanzaron los países del G-20 en reuniones previas a la de hoy.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero

Si desde que explotó la crisis se hizo incidencia en la necesidad de afrontar con unidad la lucha contra la recesión y la reforma del sistema financiero, el borrador del comunicado de la cumbre de Canadá apunta a que, a falta de consenso en este momento, se dejará flexibilidad a los países de este grupo para que cada uno opte por el camino y el momento que considere adecuado para promover el crecimiento, bien saneando sus cuentas públicas, bien estimulando la demanda privada. La oposición de los emergentes y países como Canadá hace imposible que se globalice una tasa a la banca para compensar las ayudas públicas recibidas.

Por iniciativa de Canadá, el borrador del comunicado (obtenido por Reuters) recoge una amplia propuesta para que los miembros del G-20 reduzcan a la mitad su déficit en 2013 y estabilizar o reducir la deuda con respecto al PIB en 2016. Cómo se llegue a esa fecha es cosa de cada nación, no hay más compromisos en el calendario.

Dadas las tres velocidades en la recuperación de la crisis (acelerada para los emergentes, moderada para EE UU y lenta para Europa), las posiciones de partida sobre las estrategias de crecimiento han sido notables y se hicieron aún más profundas en el G-8, la reunión previa que tuvieron los países más ricos de la Tierra el sábado. "Mientras la recuperación se consolida, estamos en un cruce de caminos", rezaba el comunicado de esta cumbre celebrada un día antes a la del G-20 que tiene lugar hoy. El G-8 reconoció que la recuperación es "frágil" y se ha comprometido a trabajar por un ambiente económico más seguro.

Pero el cómo y cuándo varía. La Administración estadounidense está intentando que el estímulo económico se mantenga porque la demanda privada aún no se ha terminado de restablecer y su punto de vista es que el mundo no debe apoyarse para salir de la crisis solo en los consumidores americanos. En Europa, los gobiernos han puesto medidas de consolidación fiscal, en buena medida presionados por los mercados para sanear las cuentas públicas.

Aunque el presidente de EE UU quiso rebajar el tono del desacuerdo, su secretario del Tesoro, Tim Geithner dijo a la prensa que algunos países como Japón y otros en Europa tienen que hacer más por aumentar la demanda y no solo rebajar sus déficits. El responsable de economía americano dijo que solo unos cuantos países como Grecia y España debían adoptar estas medidas de consolidación, como han hecho, para dar confianza a los mercados y explicó que China, que recientemente anunció el despegue del dólar en la cotización de su divisa, y EE UU están empezando a hacer lo que les corresponde para animar la economía global: ahorrando e invirtiendo.

La canciller alemana, Ángela Merkel, a la que se le critica mucho en EE UU por el énfasis que está poniendo en reducir su déficit y por tanto estimulando un menor consumo (si cabe) volvió a defender su postura afirmando en una entrevista a la televisión alemana ZDF que hay un amplio consenso sobre la necesidad de poner en orden las finanzas de cada país y que recortar su déficit no va a hacer descarrilar el crecimiento.

Pese a lo que pese a EE UU, en esta reunión se va a poner más énfasis en la reducción de los déficits que en otras consideraciones. Geithner, algo contrariado explicó que quedan "cicatrices" de la crisis y dijo que no hay que perder de vista que hace un año se estuvo al borde del colapso. En Cristina Fernández, presidenta de Argentina, encontró eco, ya que esta recordó el sábado lo mucho que sufrió su país con las políticas de consolidación fiscal.

Esta circunstancia puede convertirse en un peso muy importante para Barack Obama que llegó a Canadá el viernes después de haber recibido del Congreso una rotunda negativa a un plan de estímulo más modesto que el que puso en marcha tras llegar al poder. Este plan que ahora es una derrota legislativa, tenía por objeto mantener las prestaciones de desempleo a parados de larga duración, transferir fondos a los Estados y rebajas fiscales para pymes.

La opcional tasa bancaria

Lo que si se llevó a Canadá Obama fue un gran paso dado por EE UU para reformar la regulación financiera. El viernes, el Congreso aprobó el texto de la reforma (aún pendiente de votación en pleno) y Obama ya se ha fijado el siguiente objetivo, poner en marcha la "comisión de responsabilidad de la banca" que anunció en enero. Se trata de una tasa del 0,15% sobre el pasivo de los mayores bancos del país, "los mayores beneficiarios de la ayuda pública". El presidente revivió esta iniciativa no incluida en la reforma financiera durante su discurso de fin de semana.

Su interés coincide, esta vez, con el de los países europeos como Reino Unido, Francia y Alemania que ya han anunciado que impondrán un impuesto a la banca receptora de ayudas públicas para reparar el daño a las cuentas públicas que han hecho sus recates.

Pero los países emergentes y Canadá, que no han tenido una crisis financiera como la de EE UU o Europa, no quieren cargar a su banca con más obligaciones. Merkel dio ayer a entender que el consenso sobre la necesidad de esta tasa no existía algo que puede perjudicar a medio y largo plazo la competitividad de la banca de los países que si que han impuesto este gravamen. Europa quiere que la adopción de esta tasa sea unánime en el G-20.

Además de la oposición de la propia banca, en EE UU no hay mucha receptividad en el Congreso a esta comisión a la banca porque la mayoría de los bancos han devuelto el dinero del rescate y solo Citigroup, AIG y General Motors y Chrysler siguen debiendo dinero al Estado.

El otro gran asunto, la mejora de los estándares del capital de la banca por el que está presionando Obama, se recoge en el borrador del comunicado pero se permite que haya fases en la adopción de estos.