La libación de Verhofstadt

La libación de Verhofstadt

La semana pasada dimitió el gobierno de Bélgica, un acontecimiento habitual en ese país. Pero también se produjo otra caída, más inesperada y, quizá, más dolorosa. El exprimer ministro belga y líder de los Liberales en el Parlamento Europeo, Guy Verhofdstadt, ha sido propuesto, por primera vez, para sentarse en un consejo de administración. Se apunta así a la triste tradición de los prebostes de su país, que combinan sin pudor cargos públicos y privados en una mescolanza de previsibles conflictos de interés.

Verhofstadt (1953) pasó de niño prodigio y ultraliberal de la política belga a presidente de unos gobiernos de coalición que redujeron en más de 20 puntos la deuda pública belga (que era superior al 100% del PIB, como la griega) y devolvieron a su país el optimismo después de escándalos judiciales y alimentarios. Y, en la escena comunitario, ha sido desde aspirante a presidente de la Comisión Europea (Barroso le ganó la carrera en 2004) a candidato preferido de los más europeístas para estrenar el puesto de presidente del Consejo Europeo (su compatriota Van Rompuy se llevó el puesto).

En las elecciones europeas de junio de 2009 ganó un escaño en el Parlamento Europeo. Y como lider del grupo Liberal, el cuarto en número diputados de la cámara, se ha convertido en una de las voces más escuchadas de la Eurocámara.

Tan fulgurante carrera parece a punto de continuar (o terminar) como la de tantos satrapillas belgas si el 18 de mayo la junta de accionistas de la compañía naviera Exmar (especializada en el transporte de gas y petróleo) confirma su nombramiento como consejero independiente.

Por supuesto, no parece probable que la primera libación privada de Verhofstadt vaya a violar el holgado código de conducta del Parlamento Europeo, donde otras señorías ponen su tiempo libre a sueldo de despachos de abogados que trabajan en casos relacionados con la Comisión Europea o prestan sus servicios remunerados de lobby a empresas multinacionales. A su lado, el panal al que ha acudido Verhofstadt parece mucho menos pringoso.

Pero a partir de ahora, habrá que escuchar con más atención las intervenciones del eurodiputado belga y seguir de cerca su blog, para ver si su encendido europeísmo surca por aguas que no sean turbias.

Foto: Libación en la Sierra de Irta, prov. de Castellón (B. dM., 6-4-10).

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