Fiscalidad en tiempo de crisis
El debate actual sobre la subida del IVA propuesta por el Gobierno para este verano es una buena oportunidad para profundizar en un campo que suele estar abonado de trampas dialécticas. Creo adecuado dividir este debate en dos bloques: el primero hace referencia a la conveniencia o no de subir los impuestos ahora; y el segundo se centraría en qué figura impositiva sería la candidata.
Sobre el maltrecho equilibrio presupuestario, la primera trampa de la derecha consiste en hablar de impuestos sin hablar de los gastos que financian. Llevan 30 años perfeccionando una técnica que consiste en recortar impuestos y disparar el déficit para, una vez endeudados, presentar como obligatorio el recorte de derechos sociales.
La otra trampa usual es la idea de que un recorte de impuestos puede no reducir la recaudación, gracias al impulso económico que genera. Esta idea, representada gráficamente como la curva de Laffer, considera la actividad económica como una variable que responde sólo a la variación fiscal, cuando son otros cambios los que básicamente explican la evolución de la recaudación. En un momento de bonanza económica una rebaja fiscal puede ir acompañada de un aumento en la recaudación, como hemos visto en España en los últimos años bajo Gobiernos de diferente signo político, pero nunca en un entorno de estancamiento. Es desagradable, pero debería quedar claro que es así: cualquier rebaja fiscal en el entorno actual generaría más déficit, mayores tipos de interés y más paro, y obligaría en última instancia a un recorte mucho mayor de la inversión productiva y la protección social.
Salvadas ambas trampas, nos encontramos con la necesidad de un debate conjunto que incluya qué partidas de gasto público (estatal, autonómico o local) deberían recortarse y, dado que difícilmente ese lado de la ecuación nos permitirá reconducir unos niveles de déficit que sobrepasan el 10% del PIB, qué impuestos aumentar. La derecha está en su derecho de plantear un recorte de gastos tan importante que nos exima de la subida de impuestos, pero debe concretarlo. A modo de ejemplo, el presupuesto completo del Ministerio de Política Territorial representa sólo un 13% de los 39 millones que la Comunidad de Madrid gastó en publicidad en 2008, la que más de España con mucha diferencia.
Concluido que alguna subida de impuestos es necesaria (junto con una importante dosis de austeridad), la cuestión sería qué impuesto subir. Los impuestos indirectos, como el IVA, tienen fama de regresivos frente a los impuestos directos, como el IRPF, que gravan con tipos mayores a las rentas más altas. Esa distinción es cada vez menos clara, por varios motivos: en primer lugar, porque el IVA tiene tipos distintos para distintos tipos de bienes, de forma que alcanza la progresividad gravando menos los bienes más básicos; en segundo lugar, porque el IRPF obtiene su recaudación básicamente de las rentas del trabajo.
Hay otra diferencia entre impuestos directos e indirectos que cada vez cobra mayor relevancia. Los que directamente gravan nuestra renta o nuestro trabajo, se trasladan en parte a los precios de nuestros productos, afectando a nuestra competitividad. Por el contrario, los que gravan el consumo lo hacen igual cuando el bien consumido es nacional o importado, sin aumentar nuestra desventaja en términos fiscales. Sólo el turismo, que compite con el resto del mundo a través de consumos realizados aquí, escapa a esta diferencia. No es que la subida del IVA perjudique al turismo (puesto que el escenario alternativo sería la subida de otros impuestos), sino que no le beneficia como al resto de sectores, que son los que están asociados a un agujero comercial que, aunque se ha reducido a la mitad, alcanzó en 2009 los 50.000 millones de euros.
La conclusión es clara: bienvenido el debate fiscal, pero exijamos un debate serio. No puede ser que el Partido Popular quiera jugar a la rebelión, cuando gobierna en la comunidad más endeudada (la valenciana), en el ayuntamiento más endeudado (el de Madrid), y cuando ha incrementado el impuesto sobre actividades económicas en 2009 un 35% en Valencia, y cuando todas las comunidades, incluidas las gobernadas por el PP, se beneficiarán del 50% de la recaudación adicional. Más parece un juego interno en el que Rajoy pierde si sigue a Aguirre y pierde si no la sigue.
Pedro Saura García. Profesor de la Universidad de Murcia y secretario general del Partido Socialista de la Región de Murcia