La UE necesita su mecanismo de rescate
La Comisión Europea reconoció ayer oficialmente que estudia establecer un fondo de rescate para los países de la zona euro con problemas financieros. Esto permitirá afrontar en el futuro de manera automática amenazas de default, pero también ataques especulativos contra la divisa europea. Sin embargo, aunque la decisión es una respuesta a la crisis griega, con seguridad no servirá para el actual problema heleno dada la lentitud de Bruselas en el diseño institucional y en su toma de decisiones. Angela Merkel sugirió ayer la necesidad de reformar el Tratado y el BCE mostró serias dudas sobre la oportunidad del fondo.
Por tanto, muchas son las incertidumbres. La solución más rápida sería ampliar el actual sistema que permite a la Comisión emitir deuda directamente para financiar países comunitarios que no han adoptado el euro. Se ha utilizado ya para Letonia, Hungría y Rumanía. En cambio, aunque Francia y Alemania están de acuerdo en la conveniencia del fondo, discrepan en la forma y no les gusta delegar en Bruselas el control. Pero crear un remedo de FMI a la europea exige aportar dinero con el consiguiente coste político de explicar a sus respectivos electorados que sus impuestos se dedicarán a rescatar a los países que se han comportado como malos alumnos. Quizá la solución pase por sistemas de avales comunitarios para la emisión de deuda de los países en entredicho, o en dar un salto financiero cualitativo y emitir deuda europea ciega en euros, en la que el comprador no sabe de qué país adquiere sus títulos, y donde toda la zona euro responde por las emisiones.
Sin embargo, a pesar de que el anuncio de ayer causa más dudas que certezas, la posibilidad de crear un fondo de rescate implica un salto cualitativo. Si consigue ver la luz, se acabaron las dudas respecto a la solidaridad financiera entre los Estados europeos. Y en cierta forma terminaría de facto con la prohibición de rescate financiero entre los distintos Estados, impuesta por una Alemania temerosa de que cualquier país en problemas viese en sus arcas una tabla segura de salvación. No obstante, la crisis ha impuesto una realidad, que hasta Alemania asume: Europa y el euro no son inmunes a los problemas financieros y la moneda común exige respuestas comunes.
Además, la amenaza de Grecia de acudir al Fondo Monetario Internacional si no obtenía respuestas comunitarias ha sido un revulsivo convincente. El prestigio del euro estaría en entredicho si deja en manos de EE UU una decisión sobre su futuro, dado que éste puede bloquear las ayudas. Sea cual sea el resultado, el fondo de rescate debe establecer severos correctivos a los países que lo necesiten. Al igual que hace el FMI. Pero también, es incuestionable que no se puede mantener una política monetaria común sin una verdadera política económica común y efectiva.