Lealtad, 1

Los 'goldbugs' se frotan las manos

El escenario apocalíptico es como sigue: los Estados, fuertemente endeudados, se ven obligados a imprimir dinero para hacer frente a los pagos. Eso quienes pueden. Lo que no tienen soberanía monetaria refinancian a precios cada vez más altos y en última instancia caen en el impago. En el proceso, la desconfianza provoca una volatilidad extrema en el mercado de divisas que hace que se vayan desplomando las monedas dando lugar a una depresión hiperinflacionista. En esta coyuntura el oro, activo tangible, emerge como refugio para compensar la pérdida de valor de los activos por el aumento desorbitado de los precios. La onza, claro está, se dispara.

Existe toda un corriente de inversores y financieros que se frotarían las manos en caso de producirse este escenario. Son los denominados goldbugs, gentes que añoran los tiempos del patrón oro y que temen las políticas monetarias acomodaticias de los bancos centrales, en especial, la menos ortodoxa: la de darle a la máquina de imprimir dinero.

Es obvio que los bancos centrales han acometido políticas monetarias heterodoxas, ultra laxas; en definitiva, han inundado el sistema financiero con dinero de nueva creación. En circunstancias normales, estas políticas generarían procesos hiperinflacionistas. Pero éstas no son circunstancias normales. La crisis es profunda y la recuperación pende de un hilo. Tan profunda ha sido, que a pesar de que el dinero se regala todavía no hay signos preocupantes de inflación. La subyacente descendió en EE UU en enero, en tasa intermensual, y fue del 1,6% en tasa interanual.

La Fed ha subido el tipo para préstamos de emergencia a la banca, un paso en la retirada de estímulos. Y aunque Ben Bernanke aseguró ayer que quedan tipos bajos para largo, su labor, entre otras, es el control de la inflación. Y si por asomo percibe riesgos en el horizonte, seguro que tomará medidas más drásticas. Para eso le pagan.