Secretos de despacho

El arte de la joyera Patricia Tavera

La artista colombiana trabaja en un espacio repleto de pinturas y joyas exclusivas

Su espacio de trabajo está vivo, es un lugar de pensamiento, de inspiración y de creación. La artista colombiana Patricia Tavera ha instalado su cuartel general en un estudio situado en el paseo del Prado, frente al Museo del Prado, muy cerca del Thyssen y a dos pasos de Caixa Fórum. Es una privilegiada. "El entorno es maravilloso, siempre hay gente, siempre hay vida, el bombardeo cultural de esta ciudad y de esta zona es constante, además de noche tengo unas vistas fantásticas de la iglesia de Los Jerónimos", dice con su dulce tono de voz musical.

En este contexto nacen sus piezas de joyería, únicas porque sólo hace una muestra de cada una de ellas. Por tanto, la exclusividad está garantizada. No lo entiende como un negocio masivo, sino como una forma de vida. "Me inspiro en las pequeñas cosas de la vida, me voy a un parque y recojo flores, piedras, hojas y, a partir de ahí, voy creando", dice mientras enseña una pequeña herramienta de dentista con la que moldea las joyas.

"Todo es muy artesanal y en cada pieza pongo todo mi empeño". Sobre la mesa tiene una joya con una perla, que asegura no venderá jamás porque era una pieza destinada a la empresaria de moda María Rosa Salvador, fallecida esta semana en Madrid. Aunque es muy discreta cuando se le pregunta sobre la procedencia de su clientela, asegura que entre ellas se encuentra Patricia Vargas Llosa, esposa del escritor Mario Vargas Llosa, amigos de Patricia Tavera y de su esposo, y culpables en parte de que éstos residan en estos momentos en Madrid. "Siempre nos estaban animando a que tuviéramos casa en esta ciudad, de la que nos hemos enamorado", afirma la artista.

"El estrés me hace soltar adrenalina, tener el compromiso de una exposición te hace sentirte acelerada"

La vocación de Tavera por las joyas nació hace más de 15 años, cuando residía en Roma, donde su marido era embajador de Colombia. "Como yo no sabía italiano, decidí que quería integrarme y aprender el idioma. Conocí a un orfebre, que me fascinó porque además en Italia hay mucha tradición joyera, al igual que en mi país. Empecé a investigar con la cera y lo convertí en una profesión". Su inquietud por las joyas nació de un profundo e inesperado deseo de atrapar las formas de la naturaleza, hojas, raíces, corales, para convertirlas en sugestivos adornos.

Broches, anillos, pendientes, colgantes, pulseras o gemelos componen una colección que tiene raíces propias, relacionadas con la antigua y muy refinada cultura del oro y la plata de su propio país. Basta recordar la maravillosa orfebrería del Museo del Oro de Bogotá para entender la honda pasión que impulsa a Patricia Tavera a trabajar sus diseños con la misma sutil habilidad de los indígenas precolombinos. Se mueve con facilidad entre diversas culturas, y así lo refleja en sus piezas, enriquecidas con piedras preciosas tales como esmeraldas de Colombia, ámbar de Santo Domingo, gigantes aguamarinas de Brasil o perlas de la Isla Margarita. Sus joyas son trabajadas y perfeccionadas tanto por artesanos colombianos como españoles. De ahí su valor y originalidad.

Se define como artista desde que era pequeña. Hasta su incursión en el mundo de la joyería su vida estaba entregada a la pintura, donde disfruta de una gran reputación tanto en Colombia como en Europa, donde ha expuesto en ciudades como Madrid, París, Milán, Bruselas o Budapest. En marcha tiene una nueva exposición para el Centro Cultural de La Vaguada, titulada Fugas y sueños, que se inaugurará el próximo 13 de mayo. Es por ello que su despacho está invadido de obras de gran formato que está preparando para la citada muestra. "Yo soy desmesurada en general, y además estoy trabajando en dos conceptos que me encantan, como son los de las fugas, la gente huyendo, gente que camina; y el de los sueños, sobre todo ligados a la tierra".

Porque si algo le gusta es observar a otros, examinarlos y luego plasmarlos en un cuadro. "El estrés me hace soltar adrenalina, tener un compromiso es muy importante porque te hace sentirte acelerada". El próximo 11 de febrero exhibe sus joyas en una exposición colectiva de artesanía y cultura colombiana, en el madrileño paseo del Prado, número 9 (www.patriciatavera.com).

La energía y la fuerza de una vela

En su estudio siempre hay una vela con aroma encendida. La de esta semana olía a canela. "Me da energía y vida para trabajar, ha de tener olor y color". Dos colores que siempre están presentes en su vida, a pesar de que ella va siempre vestida de negro, tendencia que adoptó en los años que vivió en París, son el naranja, "el mejor color para vender", y el añil, "que tiene una fuerza tremenda".

En una estantería tiene las fotos de una mujer bellísima, su madre, "en todas sus edades porque me gusta ver cómo ha evolucionado", que siempre le acompañan y que mira a todas horas. Y en un lugar destacado, al lado de los retratos de su progenitora, está un libro con las recomendaciones de su maestro de yoga, Karlfried Dürckheim, "mi guía en la meditación y me gusta mirarlo porque me tranquiliza, me aporta calma". Y lo dice una mujer que ha vivido en distintos países, que se siente ciudadana del mundo y que si algo refleja es tener un espíritu inquieto, siempre en movimiento, siempre en busca de experiencias nuevas.