Antonio Garrigues Walker. Abogado

"Obama tiene un concepto de la ética que hay que recuperar"

Es una de las voces jurídicas más autorizadas de España. Tiene prestigio moral suficiente como para asesorar a grandes empresas en el extranjero y a Gobiernos ,como el de EEUU, de donde procede su apellido materno,Walker

Está fascinado con la figura del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al que ofreció su apoyo desde un primer momento. Antonio Garrigues, madrileño, de 74 años, dirige desde 1961 uno de los despachos de abogados de mayor prestigio internacional, la firma Garrigues, fundada por su padre, Antonio Garrigues Díaz-Cañabate, y por su tío Joaquín Garrigues Díaz-Cañabate.

Fue una de las primeras personas que vivió de primera mano el fenómeno de Barack Obama.

He vivido el fenómeno de Obama, por mi vinculación con Estados Unidos, desde el principio. Unos amigos de universidades americanas me hablaron hace mucho tiempo de un personaje que tenía una gran fuerza dialéctica y que podía llegar a ser un gran líder político. Era Barack Obama, al que seguí desde el primer momento. Tuve el privilegio de estar en su proclamación como candidato demócrata en la Convención de Denver. Y sentí la necesidad americana de encontrar respuesta a una situación caótica, porque la última presidencia de Bush era profundamente caótica. Esa negatividad afectaba a la imagen de Estados Unidos en el mundo, a la que había que añadir la crisis económica que ya estaba en marcha.

Cuando descubrió a Obama, ¿qué fue lo primero que le sorprendió?

En un principio, lo que a todo el mundo le sorprendió, la imagen de que en Estados Unidos podía haber un presidente negro. Era más sorprendente que, por ejemplo, tener una mujer presidenta, ya que el color en Estados Unidos era algo que generaba un rechazo significativo. Así como en el Partido Republicano había pocos candidatos interesantes, en el demócrata había opciones muy buenas. Las elecciones primarias fueron fascinantes, fuimos de sorpresa en sorpresa. Y lo que más me llamó la atención es que tiene la fuerza de la palabra, y eso no se puede subestimar. Eso no es todo, pero escucharle era todo un placer, porque veías que generaba una gran motivación. Soy medio americano, porque mi madre era americana, entiendo un poco su sociología y psicología, y la política y lo que se espera de ella es muy diferente a lo que sucede en Europa.

¿En qué se diferencian?

La política que se hace en ambos continentes es muy diferente, no se puede comparar. Por tanto, a Barack Obama hay que juzgarle dentro de la realidad de Estados Unidos para entender, por ejemplo, por qué la reforma de la sanidad y de la Seguridad Social genera tanto rechazo. Allí se cree que el Estado no debe dedicarse a esos temas; a eso añado que el problema de la crisis financiera no es culpa suya, pero en política no tienes la culpa hasta que la tienes. La gente piensa que si ha pasado un año y no le ha sacado de la crisis, el responsable es él. Por otro lado, tiene los problemas básicos que atañen a los ciudadanos, sobre todo el terrorismo y la seguridad, ya que existe el temor a un nuevo 11-S. Las tareas que tiene por delante son de una enorme complejidad.

También es cierto que el mundo entero puso todas las expectativas en la figura del actual presidente de Estados Unidos.

Y eso no es bueno, pero ni en un cantante ni en un futbolista ni en nadie. Asumió grandes esperanzas e ilusiones por la negativa tan brutal que había hacia la presidencia de Bush. Creo que él siempre fue consciente de ello y fue lo que le llevó a la presidencia de Estados Unidos. Barack Obama es una persona que genera confianza.

¿Reúne las características necesarias de un líder del siglo XXI?

Sí. Tiene una mente global, piensa en su país como referencia global. El presidente Bush era demasiado americano. La globalidad en Estados Unidos es un concepto de una élite, la ciudadanía es muy americana, muy localista, primero están ellos y luego el resto. Y Barack Obama tiene asumido el concepto del mundo, y por eso gustaba mucho en Europa, pero no es ventajoso para él porque en su país no es percibido. Y además tiene una idea de la ética que hay que recuperar. Ha sabido regenerar moralmente el sistema financiero en su lucha con los banqueros, ha sido como una especie de John Wayne que ha calado. En la cumbre de Davos la crítica que se ha realizado al sector financiero ha sido muy profunda desde el punto de vista empresarial. Es ejemplar lo que ha dicho un empresario alemán al recomendar que retiren los fondos de los bancos que no sean éticos. El mundo espera un liderazgo ético. Cada vez se interpreta mejor como un valor pragmático, ha dejado de ser una referencia religiosa, y ya se habla de la rentabilidad de la ética y de su poder.

¿Se ha erigido como una autoridad moral?

Totalmente. La tiene y cuando habla se nota que lo hace con convencimiento moral. En Europa las cosas, en ese sentido, son más tardías, hay una falta de liderazgo moral, donde la sensación de corrupción se magnifica, donde existe la doble moral, y es necesario cambiar con convicciones. La clase política es motivo de preocupación para la ciudadanía, después del paro y de la crisis. Hay que potenciar la idea de una regeneración ética y moral, la ciudadanía pide verdad, sinceridad.

¿Por qué se ha llegado a esta situación de desconfianza en España?

Tiene que ver con la complejidad de la estructura política, con la realidad autonómica, con el papel que desempeñan los partidos minoritarios, ya que es difícil establecer consensos eficaces y el diálogo ha desaparecido. La democracia es convivir en desacuerdo, y los políticos se han separado de la ciudadanía. Es un fenómeno que no sólo ocurre en España, sino que es un fenómeno que comenzó en Italia. Por eso se dice que España se está italianizando. Es algo que empieza poco a poco, pero en estos momentos es una situación de extrema inquietud porque los ciudadanos no creen en la palabra política, la conectan con la corrupción, el tacticismo y el oportunismo. Creo que en las próximas elecciones va a haber un gran castigo de la ciudadanía, lo que hacen no va a pasar sin pena.

¿Se lo merecen?

Sin duda, y que estén preparados, porque en las próximas elecciones la clase política tendrá su merecido. Han abusado de una ciudadanía buena, somos gente buena, luchamos y no se nos trata por parte de la clase política con respeto y dignidad. La borrachera política y económica es tremenda, todos quieren enriquecerse de manera fácil y creo que esa mentalidad permanece en Estados Unidos. La banca de inversión quiere reproducir los mismos errores del pasado y volver al excesivo modelo de retribución que se pagaba anteriormente y que ha conducido al sistema financiero a esta situación lamentable.

Volviendo a la figura de Obama, hay voces que destacan una pérdida de liderazgo durante su primer año de gestión. ¿Será posible recuperarla?

La clave va a estar en la situación económica, en si mejora o no. Si le acompaña, estará en buena situación de afrontar retos y tomar decisiones cómodamente, pero si la situación económica empeora, lo tendrá más complicado. Creo que la sociedad civil americana afrontará la crisis con éxito porque su capacidad tecnológica es admirable y porque además están hartos de la crisis. Poco a poco van a mejorar y, si en ese aspecto avanza, la presidencia de Obama, incluida la gestión de la sanidad, será un éxito. Si esto no sucede de esta manera, lo pasará mal. Primero tiene que resolver la cuestión económica y después el tema del terrorismo. Un acto terrorista sería terrible y muy negativo para él. No hay que olvidar que Barack Obama tiene enemigos radicales, entre ellos el gran conservadurismo americano, que es feroz.

Antes comentaba que los estadounidenses están cansados de la crisis, ¿y los españoles ya han aprendido a convivir con la incertidumbre?

Lo que nos sucede es que no nos dejan descansar, porque el radicalismo político que vivimos me parece intolerable. Debería existir con carácter de urgencia un pacto político, por ejemplo, de cajas de ahorros, de ayuda a los bancos, sobre educación e innovación. Los políticos, con la ayuda de los medios de comunicación, han llegado a un grado de radicalismo excesivo. Y es incómodo para los ciudadanos porque en ciertas reuniones sociales no se tolera que en unas cosas des la razón a unos y en otros temas, a otros. Si estás con unos, no puedes nunca estar con otros. Es así de tremendo, no puedes tomar posturas centristas, todo es radicalismo, y con estos planteamientos no avanzamos.

Hay quien dice que de esta crisis saldremos reforzados, al menos, en cuanto a la recuperación de ciertos valores en la sociedad.

Es necesario animar al personal, sin caer en el optimismo necio ni en el pesimismo catastrófico, porque todo esto conduce a una incertidumbre lamentable. Tenemos que ser capaces de cambiar el clima psicológico, que haya esperanza, que se lance un mensaje ilusionante a la ciudadanía. Creo que es la mejor forma de que cambien las cosas en España y de que avancemos, tenemos que volver a ilusionarnos y, sobre todo, castigar a la clase política, que no sabe estar a la altura de los ciudadanos españoles.

"Hay que regenerar moralmente el capitalismo"

Está indignado con la situación a la que se ha llegado, a la que califica de "borrachera política y económica". Según Antonio Garrigues, es necesario recuperar la transparencia en ambos ámbitos, "porque per se no se elimina la corrupción, hay que tomar medidas y, si hubiera habido transparencia, no habrían sucedido muchas cosas de las que han sucedido". Y agrega que urge "regenerar moralmente el capitalismo". Es un debate, prosigue este abogado, necesario para los próximos meses, "porque es lo único que nos va a aportar calidad de cara al futuro".

Los ciudadanos, así lo cree Garrigues, tienen derecho a saber qué ocurre en cualquier institución pública. "Este país no puede tolerar que se produzcan situaciones de corrupción y actuaciones de una clara falta de ética, porque de esta manera nunca vamos a avanzar".