GDF Suez acabará pagando sus errores
International Power es un rompecabezas financiero para GDF Suez. El grupo energético francés le ha puesto el ojo a su rival británico. La adquisición encajaría muy bien con su estrategia industrial en general. Pero GDF se resiste a lanzar una oferta completamente en efectivo, que supondría más de 5.900 millones de euros a precios de mercado -y la forzaría a absorber la deuda de Internacional Power de 6.360 millones-. Además no puede emitir acciones porque el Gobierno francés, propietario del 35% de la compañía no quiere diluirse.
Esto explica en gran parte por qué las negociaciones entre las dos compañías se alargan desde hace tiempo, con abundantes pérdidas que se han traducido en un aumento de cerca del 30% en el valor de las acciones de International Power en tres meses.
Ambas compañías se centran en los llamados productores independientes de energía eléctrica que producen directamente para los consumidores más próximos, por lo general instalaciones industriales o empresas públicas. GDF es la líder mundial en este segmento, mientras que International Power es la número dos. La unión entre ambas comportaría una serie de beneficios en lo que se refiere a la experiencia, a una presencia de marketing más fuerte, y posiblemente, a un mayor poder de fijación de los precios.
Teóricamente, el grupo francés podría permitirse una oferta en efectivo. Sus 28.000 millones de euros de deuda neta ascienden a 1,8 veces el Ebitda esperado para este año. Si se adquiriera el grupo británico a precios de mercado, que incluye ya una prima, la deuda combinada de ambos grupos sería de alrededor de 2,4 veces el Ebitda.
Sin embargo, GDF no quiere ir tan lejos. Preferiría, en su lugar, inyectar algunos de sus propios activos de generación de electricidad en Internacional Power -probablemente a cambio de una participación mayoritaria en lugar de un control total-. Aunque International Power, por su parte, es poco probable que esté de acuerdo con un trato inferior a una oferta en efectivo.
Del tira y afloja entre ambas compañías, parece que finalmente surgirá algún tipo de acuerdo que combine el efectivo y los activos. Con todo, la compañía francesa puede que se arrepienta de tener al Estado francés como principal accionista -una herencia amarga de la fusión en 2007 entre Suez y la compañía estatal Gaz de France-. Esta es la primera vez que paga por sus pecados. No será la última.
Por Pierre Briançon