TRIBUNA

El efecto del contrato único

El mercado de trabajo español se ha caracterizado en los últimos años por una extrema inestabilidad laboral. Los jóvenes que empezaron su vida laboral entre 1990 y 2007 han pasado una media de 40 meses en empleos temporales (con más de 7 contratos en promedio) y en torno a 20 meses en periodos de desempleo antes de obtener un contrato indefinido. Cuando se distingue por sexo, el tiempo esperado de una mujer para obtener un contrato indefinido ha sido de 63 meses frente a los 56 meses de los hombres. Estas cifras constituyen per se una pequeña, pero buena, muestra de lo ineficiente que ha llegado a ser la estructura contractual en España.

A la vista de estos datos, desde el grupo promotor de la Propuesta para la reactivación laboral en España (www.crisis09/propuesta), se propone actuar sobre la causa fundamental de esta perniciosa rotación: la dualidad en costes existente entre el contrato temporal y el indefinido. Para ello lo más efectivo sería sustituir todos los contratos actualmente existentes por un nuevo contrato, único para las nuevas contrataciones, y que tenga un coste por despido creciente con la antigüedad en el empleo. Para estudiar el efecto que tendría introducir este contrato único (para nuevas contrataciones) sobre la indemnización por despido media, se han realizado unas simulaciones detalladas basadas en la evidencia del historial laboral de más de 200.000 trabajadores españoles. Concretamente, se compara la indemnización derivada de la regulación actual con la que se generaría con un contrato cuya indemnización por despido comience con un nivel de 12 días de salario por año trabajado y que alcance un valor estable de 36 días tras doce años en la empresa, teniendo un aumento de dos días por cada año trabajado.

Los principales resultados de este ejercicio de simulación contradicen la percepción de que este tipo de contrato único aumentaría la precariedad del mercado de trabajo español. En concreto, se muestra que el nuevo contrato no alteraría en exceso las indemnizaciones por despido medias esperadas. Esto es así porque tanto los parados como los que actualmente tienen un contrato temporal con alta probabilidad de despido, accederían desde el inicio de sus nuevas relaciones laborales a contratos más estables y con una mayor indemnización por despido. En nuestras simulaciones se estima que más del 50% de la población activa a finales de 2007 se vería beneficiada por la adopción de un contrato único de estas características. Además de los colectivos antes citados, los jóvenes de menos de 35 años y también algunos trabajadores que actualmente gozan de contrato indefinido se verían muy beneficiados de la sustitución de los contratos temporales por este contrato único. Esto último es así porque no hay que olvidar que algunos trabajadores indefinidos tienen un riesgo elevado de despido, y si dicho despido se materializa su perspectiva será seguramente la entrada en un nuevo ciclo de desempleo y temporalidad. Por supuesto, habría también un grupo de trabajadores indefinidos que se verían perjudicados con esta medida. Serían los que, caso de ser despedidos, accederían a otro contrato indefinido y que con el contrato único verían ligeramente reducidas sus indemnizaciones por despido esperadas. Nuestras simulaciones estiman, no obstante, que el peso de este grupo no pasa del 10%, ya que el 40% restante no se verían afectados por la reforma al contar ya con un contrato indefinido y con un nivel de cualificación y experiencia tal que hacen muy poco probable su despido.

En definitiva, la adopción de un nuevo contrato único para las futuras contrataciones beneficiaría especialmente a los trabajadores actualmente más desprotegidos. Estos trabajadores tienen, si no se remedia, una altísima probabilidad de quedar atrapados en el pernicioso ciclo de desempleo y temporalidad que hemos observado en el pasado.

El nuevo contrato ayudaría, sin duda, a aumentar sus expectativas de permanencia en las empresas. Finalmente, es importante recordar que nuestras propuestas enfatizan la necesidad de considerar conjuntamente a ésta del contrato único, otras medidas de cara a conseguir una sustancial mejora del sistema de formación ocupacional, de la protección por desempleo y del sistema de negociación colectiva. Sólo con esa reforma completa de nuestras instituciones laborales conseguiríamos aumentar la protección del trabajador frente a futuras recesiones, tanto de forma directa (por disponer de más capital humano específico) como de forma indirecta, al aumentar su salario, y, por lo tanto, su indemnización por despido.

José Ignacio García Pérez. Profesor de la Universidad Pablo de Olavide e investigador de Fedea