Estímulos anticrisis
Regreso de Estados Unidos impresionado (y algo deprimido) por el éxito en la implementación del programa Stimulus que el Senado americano aprobó el pasado 10 de febrero a propuesta de la Administración Obama. Dotado de 839.000 millones de dólares, Stimulus tiene como objetivo inyectar fondos extraordinarios al sistema de I+D+i en Estados Unidos en áreas estratégicas tales como la energía, el medio ambiente, el coche eléctrico, los nuevos materiales y la mejora de las infraestructuras, entre otras.
Los fondos de Stimulus son adicionales a los aportados para ayudar al sistema bancario a salir de la crisis. Es decir, es una iniciativa que parte del convencimiento de los dirigentes en Estados Unidos de que la solución a la crisis pasa por aumentar de forma contundente la inversión en investigación, desarrollo e innovación. La puesta en marcha del programa ha constituido un auténtico revulsivo para las universidades, los centros de I+D+i y las empresas de Estados Unidos. Ciertamente, si bien la crisis no ha finalizado allí todavía, Stimulus está ayudando a que se perciba el inicio del final.
Lamentablemente, salvo algunas raras voces aisladas, el programa Stimulus está pasando bastante desapercibido en nuestro país. Una lástima, ya que, con independencia de si la cantidad es grande o pequeña y salvando las obvias distancias entre Estados Unidos y España, la iniciativa tiene un alto valor simbólico y ejemplar para nuestros gobernantes y la sociedad en general. Qué mejor lección que la primera potencia del mundo aborde la solución de la crisis priorizando la inversión en generar y transferir conocimiento, por encima de otras respetables necesidades.
El programa Stimulus habla por sí solo, y ante tamaña lección de clarividencia y estrategia nacional sobran las palabras. Simplemente me atrevo a sugerir a todos aquellos que tienen responsabilidades de gobierno que copien literalmente y sin ambigüedades la iniciativa norteamericana. Es la hora de una acción clara y contundente para apoyar el crecimiento y mejora de la competitividad de nuestro sistema de ciencia y tecnología, que tantas alegrías ha dado a este país en las últimas décadas. La aportación decidida de más fondos y una mayor flexibilidad en todas las iniciativas relacionadas con la creación y transferencia de conocimiento al sector productivo son estímulos necesarios para evitar que quedemos descolgados durante décadas. Además hay que hacerlo rápido. El sector de I+D+i está preparado. Aún estamos a tiempo, pero mañana ya será tarde.
Eugenio Oñate. Director del Centro Internacional de Métodos Numéricos en Ingeniería (Cinme) y catedrático de la UPC