Lunes de los Fondos

¿Qué pasa con Japón?

Lleva dos décadas perdidas. Los fondos que invirtieron en el país sufren fuertes minusvalías

En el ambiente de los últimos 12 meses, propio de una catástrofe financiera real, primero, y un poco más catastrofista de lo conveniente (y de lo evidente) después, se ha escuchado con mucha frecuencia la alusión a la "década perdida japonesa". Es curioso que con la tendencia a exagerarlo todo propia de los últimos tiempos sólo se hable de una década perdida cuando en realidad han sido dos. La crisis japonesa se inició con lo que deberían haber sido buenos propósitos para el Año Nuevo de 1990; el primer día del año en que estaban abiertas las Bolsas el índice Nikkei, que había llegado a aproximarse a los 40.000 puntos, inició un proceso de caída continuada que habría de llevarlo hasta prácticamente tocar los 7.000 puntos. Es decir, una caída del 82% a lo largo de los últimos 20 años; porque 20 años son los que cumplirá durante las próximas Navidades ese ciclo bajista de Bolsa.

Entre las economías desarrolladas, un descenso de esa magnitud y persistencia de un índice general sólo tiene comparación con la caída de los índices norteamericanos que acumularon un descenso muy parecido en magnitud entre 1929 y 1932 y no volvieron a recuperar su nivel máximo hasta finales de 1954. Un proceso que para el Dow Jones duró pues 25 años.

Aparte del bursátil, el principal parecido entre la Gran Depresión de la economía norteamericana de los años treinta y la situación en Japón en los noventa es la duración de las respectivas recesiones con que se iniciaron esos periodos: en el caso de EE UU la recesión inicial duró algo más (y la japonesa algo menos) de tres años. Lo curioso es que Japón entró en esa recesión de los noventa justo cuando EE UU salía de la suya (que había coincidido con la invasión de Kuwait por Iraq y con la subsiguiente Guerra del Golfo).

Tras ese primer golpe, a Japón todo se le volvieron dificultades, perdiendo el brillo que le había acompañado en los 15 años anteriores como la economía en la que había que mirarse y cuyos métodos de gestión había que imitar (la pasión por los japoneses había llevado a un reputado economista, Lester Thurow, a disertar sobre la rivalidad entre Japón y EE UU en su libro Head to Head, subtitulado "la próxima batalla entre Japón, Europa y América"). Hoy parece que el impresionismo de ese tipo se ha volcado hacia la economía china.

Errores por el camino

Las causas de que la economía japonesa haya tenido un estancamiento tan prolongado no están ni mucho menos claras. Se suele aludir a su exceso de ahorro, con la contrapartida del bajo consumo interno, pero en los últimos años ya no tiene tanto sentido usar ese argumento. Sí que es verdad que las crisis económicas internacionales le afectan de manera especial por la gran dependencia que tiene de las exportaciones. Así, además de los tres años de recesión de principios de los noventa, Japón ha pasado por periodos recesivos coincidentes con las últimas dos recesiones norteamericanas: la que coincidió con el estallido de la burbuja tecnológica y la que está terminando ahora mismo. Además, ha tenido una cuarta recesión que coincidió prácticamente con el estallido de la crisis financiera en el sudeste asiático, primero, y de la deuda rusa, después, en los años 1997 y 1998. Es decir, que la pobre economía japonesa ha cogido todos los resfriados de los últimos 20 años.

Sobre las recesiones de 1997, 1998 y de 2001 se ciernen desde siempre las sospechas de los errores del Gobierno japonés y del Banco de Japón que, con buenas razones o sin ellas, retiraron, por decirlo con expresión contemporánea, "los estímulos monetarios y fiscales" demasiado pronto tras haberlos aplicado demasiado tarde.

Así, a una subida de impuestos a mediados de los años noventa, junto con la subida prematura de los tipos de interés, se le atribuye la recaída en la recesión. Por otra parte, la "política monetaria cuantitativa" que han estado aplicando este año los bancos centrales más importantes (Reserva Federal de los EE UU, Banco Central Europeo y Banco de Inglaterra) como munición adicional a la bajada de tipos de interés cuando éstos ya estaban cercanos a cero, no se atrevió a utilizarla el Banco de Japón hasta 10 años después de haberse iniciado en su país la era del gran estancamiento.

Por unas y otras razones, los fondos que invirtieran en Japón a finales de los noventa se encuentran 20 años después con minusvalías muy abultadas que serán muy difíciles de superar. A no ser que el plazo más largo para el que los índices generales recuperen su nivel máximo sea el que marcara el Dow Jones tras la Gran Depresión: 25 años. En ese caso sólo quedarían cinco para que el Nikkei 225 tuviera una subida de un 450%. Algo que visto desde hoy parece muy improbable. Tanto como lo era, en diciembre de 1989, la posibilidad de que el Nikkei se desplomara.

Juan Ignacio Crespo . Director de Thomson Reuters

Cuidado con el índice

- Varios de los fondos españoles que invierten en Japón lo hacen a través de futuros financieros sobre los índices bursátiles más conocidos del país. Con eso consiguen abaratar costes y evitar el riesgo de cambio del euro frente al yen.

- En la elección del índice adecuado reside una buena parte de la rentabilidad final obtenida.

- Dentro del mal comportamiento general que ha tenido la Bolsa japonesa, a veces, hay diferencias notables entre los diferentes índices. Desde los niveles mínimos de marzo pasado hasta la fecha el Nikkei 225 ha recuperado un 38%, mientras el más general Topix solo lo ha hecho en un 25%.