Jordi Sevilla

El salto a lo privado

El ex ministro de Administraciones Públicas acaba de abandonar su escaño para pasarse al sector privado. Se echa el telón a una etapa cuyo fin estaba anunciado.

El salto a lo privado
El salto a lo privado

Buenas noches y buena suerte". Con esta frase solía cerrar el periodista estadounidense Edward R. Murrow, seguido por millones de oyentes durante la Segunda Guerra Mundial y enfrentado más tarde al senador McCarthy y su caza de brujas, sus retransmisiones radiofónicas y televisivas. El mismo José Luis Rodríguez Zapatero empleó la expresión, previamente rescatada por el filme homónimo de George Clooney, para pronunciarla -sonrisa en boca- como despedida en su último cara a cara televisivo con el candidato del PP, Mariano Rajoy, en vísperas de las Elecciones Generales de 2008. Y a nadie extrañaría que esa frase ya mítica fuese la que tenía en mente Jordi Sevilla (Valencia, 1956) cuando anunció el pasado martes en su blog que renuncia al escaño parlamentario por Castellón para pasarse al sector privado.

Y es que, según confiesan personas próximas a su entorno, Sevilla se sentía, si no minusvalorado por el PSOE, sí algo apartado. En la actualidad se dedicaba a tareas secundarias, especialmente para alguien que ha sido ministro durante casi una legislatura: presidía la Comisión Mixta no permanente para el estudio del cambio climático y era vocal en las comisiones de Economía y Hacienda y de seguimiento y evaluación de los acuerdos del Pacto de Toledo. Ahora será asesor del sector de Administraciones Públicas de la consultora PricewaterhouseCoopers para todas sus divisiones y se integrará en el claustro de profesores de Economía del Instituto de Empresa.

Pero el hecho de que haya abandonado su escaño no implica que el economista se haya desentendido de la actividad política. En este sentido, la fidelidad a sus ideales parece comparable a la constante búsqueda de la verdad que caracterizó la carrera periodística de Edward R. Murrow. El mismo Sevilla lo aclara en su blog: "Dejo el escaño sin renunciar a ninguna de mis convicciones, ilusiones y compromisos", aunque también añade que cree más "en el proyecto social que en el poder, (...) en los equipos que en las individualidades".

Igual que Murrow se curtió con sus conexiones en directo en primera línea del frente, Sevilla se inició en el servicio público, del que acabaría siendo el máximo responsable, desde el funcionariado. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Valencia, se sacó las oposiciones para engrosar las filas del Cuerpo Superior de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado.

Pero su carrera dio un vuelco en 1991, cuando fue nombrado jefe de Gabinete del ministro de Agricultura, que entonces era Pedro Solbes. Sevilla siguió a su valedor cuando a éste se le transfirió en 1993 la cartera de Economía, aunque rechazó seguirle a Bruselas en 1999 cuando fue nombrado Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios.

Entonces empezó su labor propiamente dicha por y para el partido. Fue asesor del grupo parlamentario socialista en el Congreso entre 1998 y 2000. Y si antes fue Solbes quien le apadrinó, el responsable de que Sevilla llegase a ser diputado fue Joaquín Almunia. æpermil;ste mandó a Ciprià Ciscar, secretario de organización del PSOE de la época, que le colocase como número uno por Castellón -escaño que mantiene desde 2000-. Durante esa etapa se involucró también en la llamada Nueva Vía, corriente dentro del partido abanderada por Zapatero y de cuya elaboración fue en gran parte responsable el propio Sevilla.

Y dicha apuesta dio sus frutos. Si la impecable carrera de Murrow le valió que el presidente Kennedy le acabara nombrando jefe de la Agencia de Información de EE UU, el valenciano fue uno de los primeros en ser ascendido en el partido por su flamante secretario general. Zapatero le nombró en 2000 secretario de Política Económica del PSOE y portavoz de Economía en el Congreso. Y, tras el triunfo del 14-M, ministro de Administraciones Públicas. æpermil;se fue el momento más dulce de su carrera. Allí puso en marcha un ambicioso plan de reforma de la burocracia (la famosa Administración electrónica).

Pero sólo duró tres años en el cargo. Se comenta que Zapatero le sustituyó por Elena Salgado para respetar la paridad de géneros en el Gobierno tras la remodelación de éste. Y tras su aventura ministerial le esperaba una no menos estimulante: la de intentar hacerse con el liderazgo del convulso partido socialista en Valencia, visiblemente dañado tras la última victoria de Francisco Camps. El fracaso de su cruzada, anunciada por él mismo en marzo de 2008, evidenció su falta de vida orgánica y de apoyos en el partido.

Así concluye (o no) la actividad política de este economista, de este político al que nunca le interesó el politiqueo, ni se cortó -igual que Murrow- en expresar sus opiniones, molestasen a quien molestasen; de este padre de familia que tantos actos se saltó por pasar más tiempo con sus niños, de este coleccionista obsesivo, casi enfermizo, de estilográficas. Del hombre que se ofreció a enseñar a Zapatero todo lo que tenía que saber de economía "en dos tardes".