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La importancia de la vida privada de los economistas

Estapé repasa la historia de la economía a través de anécdotas de sus protagonistas.

No es nada habitual que un manual de economía revele que la vida de Adam Smith fue "tediosa y aburrida", que Marx tuvo un hijo ilegítimo con la mujer que cuidaba su casa y le endosó la paternidad a Engels, o que Schumpeter fracasó como ministro de Hacienda y como presidente de banco. Y esa precisamente es la singularidad de Mis economistas y su trastienda (Editorial Planeta, 450 páginas, 20 euros), un resumen de historia de la economía apta para no iniciados, a través de la vida privada y de anécdotas personales de los principales economistas. El autor Fabián Estapé trata de explicar cómo esta parte humana ha influido directamente en su teoría.

El texto se organiza en cinco bloques. El primero abarca las anécdotas personales de los economistas seleccionados. El primero de ellos, ordenados cronológicamente, es Ibn Jaldun, nacido en 1332, cuya aportación más importantes es la defensa de un sistema de libre competencia.

Estapé sigue con el irlandés Richard Cantillon, al que considera el primer gran economista teórico. Su contribución más destacada es la separación del análisis económico de las consideraciones morales y políticas. Su muerte fue un misterio, ya que apareció calcinado en su casa tras desatarse un incendio; se dijo que fingió su desaparición para poder irse a vivir a Surinam y disfrutar de su fortuna y también que fue asesinado y que alguien se quedó con su dinero. Adam Smith vivió de manera radicalmente distinta. El considerado padre de la economía tuvo, según Estapé fue "tediosa y aburrida, casi reprimida", y "con falta de apego a las frivolidades mundanas". John Stuart Mill, Karl Marx, John Maynard Keynes, Joseph Alois Schumpeter y Kenneth Galbraith completan la lista de trastiendas desveladas.

En la segunda parte del libro, Estapé relata sus encuentros con Ragnar Frisch, Paul Samuelson, John Hicks, Wassily Leontief, Friedrich August von Hayek, James Tobin, Harry Markowitz y Amartya Sen, ganadores del Premio Nobel entre 1970 y 1998, y a los que conoció en un seminario en Bellaggio (Italia).

La tercera parte del manual está dedicada a las grandes economistas de la historia, empezando con las de la escuela clásica del siglo XIX: Jane Marcel, Harriet Martineau y Millicent Fawcett, luchadoras por los derechos de la mujer y conscientes de la importancia de la economía política, igual que Martha Beatrice Potter Webb y Rosa Luxemburg. Cierra la lista Marjorie Grice-Hutchinson, nacida en Inglaterra vecina de Málaga, e importante historiadora del pensamiento económico español.

Finalmente, el economista catalán recoge en un capítulo anécdotas de otros economistas y dedica la última parte del manual a una selección de los textos más importantes y representativos de todos los mencionados a lo largo del libro.

El avalista de Schumpeter y Galbraith en España

Fabián Estapé (Portbou, Gerona, 1923) es catedrático emérito de la Universidad de Barcelona y ex profesor de la Universidad Pompeu Fabra. Fue rector de la Universidad de Barcelona en dos períodos diferentes y decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la misma universidad. Fue comisario adjunto al Plan de Desarrollo en la época franquista. Es autor, entre otros, de La reforma tributaria 1845 (1971), Ensayos sobre historia del pensamiento económico (1971), Introducción al pensamiento económico (1990), Sin acuse de recibo (2000), y El juego de vivir (2004). Está considerado como el introductor en España de los economistas Joseph Alois Schumpeter y John Kenneth Galbraith.

Schumpeter, el enfant terrible de la escuela austriaca de economistas, es, a juicio de Estapé "uno de los más prestigiosos e influyentes del siglo XX". A pesar de haber fracasado como ministro de Hacienda y como presidente de banco, su Historia del análisis económico "está entre los mejores textos de economía del siglo". Según cuenta Estapé, Schumpeter compaginó "una brillante carrera docente e investigadora" con una vida social "impetuosa y vibrante".

En cuanto a Galbraith, del que fue amigo, Estapé cuenta su rechazo a la sociedad de consumo, su defensa de la intervención estatal en la economía y su insistencia sobre "la necesidad de humanizar el medio socioeconómico".