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Tribuna

Regulación para el futuro

La propuesta regulatoria de Barack Obama de partes importantes del sistema financiero supone un ambicioso esfuerzo para evitar situaciones similares a las recientemente acontecidas en la economía americana. El plan viene resumido en un borrador del Tesoro americano con un título elocuente: Reforma regulatoria financiera: nuevos fundamentos, reconstruyendo el nuevo sistema regulatorio y supervisor. El objetivo, en palabras del propio Obama, es claro: evitar que el sueño de muchos se vea destrozado por la negligencia de algunos o la incapacidad supervisora del Gobierno. Y los medios propuestos los resume el propio Obama como la necesidad de establecer reglas que permitan la transparencia y eviten riesgos sistémicos que obliguen la intervención de los Gobiernos.

Este proyecto regulatorio es un esfuerzo por establecer normas que permiten el funcionamiento de mercados financieros con la suficiente transparencia y sin incentivos erróneos que provoquen una dinámica violenta del ciclo económico originada por excesos de algunos agentes.

Las nuevas medidas se fundamentan en diversos puntos. Primero, se dotan de mayores poderes supervisores a determinadas instituciones (como la Reserva Federal). Segundo, se exige la necesidad de que algunas instituciones ofrezcan mayor información (como fondos de inversión libre o hedge funds y fondos de capital riesgo). Tercero, se ofrecerá mayor protección al consumidor para evitar que éstos entren en contratos cuyas consecuencias son incapaces de entender. En cuarto lugar, el plan señala medidas a través de las cuales los riesgos nunca pueden escaparse de quien los crea: aquellas instituciones que titulicen pasivos necesitarán mantener "en sus libros" parte del producto que creen.

Además el proyecto considera la necesidad de articular mecanismos en poder del Gobierno (probablemente a través del Tesoro) para la gestión ordenada de empresas con grandes dificultades financieras (para evitar casos como el de Lehman o AIG). Y por último, se destaca la intención de coordinar el esfuerzo supervisor con otros Gobiernos a una escala internacional.

Algunas de las líneas del borrador son obviamente criticables. En primer lugar, hay aquellos que señalan que no se puede ofrecer mayores poderes a una institución (como la Reserva Federal) que estuvo en el origen de la burbuja a través de dinero barato. Sin embargo, el plan Obama, al establecer explícitamente la obligación supervisora de la Reserva Federal, evita cualquier ambigüedad que en el pasado hubiera podido haber sobre el poder y el ámbito de actuación de la Reserva Federal. En segundo lugar, obligar a una institución que intenta trasladar un producto titulizado (con riesgo) a otra institución, a conservar parte del producto original puede no ofrecer suficientes incentivos a frenar la creación desmesurada de estos productos con riesgo. Esto ocurre si aquel que origina el producto titulizado es pagado en base a cuanto producto titulizado ha generado. El agente (que crea el producto) y la institución para la que éste trabaja tienen incentivos distintos. En tercer lugar, la supervisión y exigencias en relación al riesgo de capital debe ser mayor en aquellas instituciones receptoras de depósitos en relación a otras instituciones, como fondos de inversión alternativas o capital riesgo. El ahorrador que deposita dinero en el banco no entra en un contrato de gestión de activos y no quiere que sus depósitos tengan como destino activos con riesgo. Sin embargo, el que adquiere una participación en un fondo de inversión alternativa o capital riesgo conoce de las propiedades del producto que adquiere.

La propuesta de Obama es ambiciosa, como lo han sido otras medidas adoptadas recientemente en relación a otros aspectos de la política americana. Aun así, el borrador es una primera propuesta que deberá ser concretada e intentará soslayar muchas de las críticas como las arriba mencionadas.

Es claro que existen una serie de puntos que necesitarán de revisión y modificación para que este esfuerzo consiga sus objetivos. Es importante destacar que el proceso regulatorio debe ser continuo y dinámico. Debe tener una dimensión preventiva y no simplemente curativa. Alguna de la medidas adoptadas recientemente son respuestas a fallos particulares de la crisis actual de la misma forma que Sarbanes-Oxley fue respuesta a los excesos de Enron y Worldcom. Sin embargo el entorno económico cambiará y los excesos pueden surgir en otros entornos que exigirán la correspondientes respuestas antes que el problema surja.

Por otra parte, el sistema de incentivos debe ser vigilado constantemente para evitar que sea manipulado y se vacíe de contenido. La regulación de incentivos en mercados financieros es compleja, como lo demuestra el hecho de que las crisis bancarias se repiten en la historia económica de los países.

Por último, el esfuerzo debe ser global y coordinado como señala la propuesta del Tesoro. La Unión Europea, con la propuesta de directiva sobre hedge funds, y el Reino Unido están realizando esfuerzos con un enfoque muy distinto al Gobierno americano. Si se quiere una supervisión global es necesario una aproximación común al problema.

Juan Toro. Socio-director de Transmarket Spain y profesor del instituto de empresa

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