El inevitable plan de rescate bancario
España ha visto cómo lo hacían otros países antes de diseñar su propio plan de rescate bancario. Pero eso no hará más fácil implementar el paquete de 99.000 millones de euros.
Este año y el próximo van a ser extremadamente duros para los bancos españoles. El desempleo en el país sigue en la senda de llegar al 20%. Es poco probable que la economía vuelva a crecer hasta 2011. Y los bancos prácticamente han acabado con el colchón de las llamadas provisiones genéricas -reservas acumuladas en los buenos tiempos-.
Madrid planea inyectar nuevo capital a unos cuantos bancos débiles pero viables. En el caso de las cajas de ahorros, las principales víctimas de la crisis, las inyecciones tomarán la forma de "cuotas participativas". Acarrearán derecho de voto, aunque no está claro qué otras condiciones reunirán. Y el Banco de España asumirá temporalmente su gestión, de acuerdo a la ministra de Economía, Elena Salgado. Los mismos instrumentos empleados por el Gobierno del Reino Unido en el rescate de la sociedad de crédito hipotecario West Bromwich de la semana pasada.
Pero la inyección de capital no será suficiente por sí sola para devolverle del todo la salud al sistema bancario español. El sector creció demasiado durante los años del boom. No sólo se hincharon los balances, sino que el país tiene el mayor número de sucursales por habitante del mundo. La consolidación es muy necesaria tanto entre los bancos como entre las cajas. Los banqueros dicen que las 45 cajas de ahorros del país, que suponen la mitad del sistema financiero, necesita reducirse hasta 20 ó 25 en los próximos dos años.
El problema es que el recorte de empleo sale caro en España. El Estado tendrá que costear los costes de reestructuración de los bancos en los que intervenga. Además, cada caja de ahorros está controlada por diferentes partidos políticos, lo que inevitablemente politizará el proceso.
Afortunadamente, el plan del Gobierno otorga poderes al Banco de España para forzar las fusiones entre cajas de ahorros independientemente de la opinión de las oposiciones políticas locales. Todo apunta, pues, a un periodo de discusiones en el sector el año que viene. El banco central debe asegurarse de que emplea sus recién logrados poderes hasta el límite posible.
Fiona Maharg-Bravo