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Tribuna

Las necesidades básicas de la vida

En tiempos de tensiones, los inversores suelen alejarse del riesgo. Esto puede estar justificado, ya que en el volátil entorno actual la selección de sectores y valores es fundamental. Aun así, podría ser el momento adecuado para volver a incluir la renta variable de mercados emergentes en las carteras y, en concreto, invertir en infraestructuras.

A primera vista, el atractivo no es obvio; el mundo está en recesión y los países emergentes sufrirán también. Sin embargo, las infraestructuras son menos sensibles a la desaceleración. La inversión en este sector ofrece exposición a tendencias de crecimiento a largo plazo, nuevas fuentes de rentabilidad y ventajas derivadas de una baja correlación con otras clases de activos.

Las infraestructuras encarnan las necesidades de la vida: equipamientos sin los cuales no puede funcionar un país moderno. Son elementos esenciales para la producción de capital y bienes de consumo y para el desarrollo eficiente y continuo.

Muchos países en vías de desarrollo tienen todavía mucho camino por recorrer, aunque existen excepciones como el aeropuerto de Pekín: el proyecto se culminó en sólo cinco años, mientras que para la terminal 5 del aeropuerto londinense de Heathrow el horizonte es de 20 años.

Las infraestructuras suelen requerir enormes inversiones y grandes costes iniciales. Las empresas que operan en esta área tienden a ser aquellas que poseen elevadas cuotas de mercado. Como resultado, estas inversiones ofrecen generalmente un flujo de rentabilidades en efectivo estables más altas -ajustadas al riesgo- que las de la Bolsa.

La liquidez es, no obstante, escasa y las empresas de todo el mundo están congelando sus planes de expansión. En la inversión en infraestructuras, el elemento diferenciador es el respaldo gubernamental. Más del 70% de los proyectos en los países emergentes están respaldados por gasto público, lo que significa baja exposición al ciclo empresarial mundial.

Los Gobiernos consideran que un gasto fuerte y sostenido en infraestructuras es esencial para mantener el crecimiento interno y compensar el descenso de la demanda externa. Además, es atractivo para los políticos, pues crea trabajo de forma muy visible. Por ello, han presentado una oleada de paquetes de estímulo para luchar contra la debilidad del crecimiento.

Por ejemplo China, que anunció un programa de medidas económicas de 585.000 millones de dólares. Brasil está llevando a cabo un programa que simboliza un proceso de urbanización, consecuencia de la industrialización. Cuando los emigrantes económicos llegan a las megaciudades, se encuentran con atascos, transporte público y sistemas de agua y alcantarillado inadecuados y escasez de vivienda. Estas tensiones amenazan con desbaratar el crecimiento, por lo que el gasto en infraestructuras es la única solución viable a largo plazo.

Las infraestructuras son uno de los argumentos de inversión más importantes -si no el más- de la próxima década. Política y económicamente es positivo. Con su mejora, viene la mejora de la eficiencia y la productividad y el consiguiente y muy visible efecto dominó sobre el crecimiento y los beneficios. Conviene contar con inversiones en infraestructuras de mercados emergentes en una cartera diversificada.

Joanna Terret. Directora de inversión del Departamento de Mercados Emergentes Internacionales de Scottish Widows Investment Partnership

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