Demasiado dinero
El dinero es una droga poderosa. La economía mundial está digiriendo dosis sin precedentes de ésta. Ha respondido positivamente al tratamiento, pero hay ya signos de efectos colaterales adversos, sobre todo en las commodities y en los mercados de bonos. La medicina del dinero ha sido administrada de varias formas: enormes déficits públicos, rescates bancarios, compras de activos de los bancos centrales y tipos de interés cercanos a cero. El temor a una sucesión de quiebras bancarias y a la deflación ha sido desterrado.
Los inversores tienen dinero para despilfarrar. El problema inmediato es que el dinero es por naturaleza fungible, por lo que las autoridades no pueden dar por seguro que el suministro extra vaya sólo donde está previsto que sea de ayuda. El banco considera que los compradores de petróleo, por ejemplo, están ahora muy financiados. El precio del petróleo ha subido más del doble desde febrero, desde 33 dólares a 72 dólares el barril. Esta brusca subida viene bien a los jefes de las compañías petroleras pero corre el riesgo de agravar los desequilibrios comerciales y de reducir el gasto del consumidor.
A más largo plazo, la inundación de dinero podría dejar el mundo con demasiado dinero para comprar muy pocos bienes: la receta para la inflación. No hay signos de esto aún.
Pero la inflación podría precipitarse cuando lleguen mejores tiempos y los trabajadores y las compañías intenten ponerse al día. El temor a que esto suceda ayuda a explicar la caída del precio de un activo financiero importante, los bonos del Estado. La caída ha impulsado el rendimiento en los bonos del Tesoro a 10 años del 2,1% al 4% en cuatro meses.
Los más altos rendimientos de los bonos, como los más altos precios del petróleo, ralentizan la recuperación recortando los fondos disponibles para gastar. En respuesta, algunos economistas están haciendo un llamamiento para que los bancos centrales compren incluso más bonos del Estado a largo plazo. Esto podría equivaler incluso a una cura monetaria más intensa. Esto trae a la mente un viejo dicho de medicina: algunas curas son incluso peores que la enfermedad.
Por Edward Hadas.