Para leer

El poeta que enamoró con su obra

Más de 80 libros componen su legado. Poesía, novela y cuento resumen el latir de Benedetti.

Nació en un país, Uruguay (Paso de los Toros, 1921), con forma de corazón humano y, casualidades de la vida, Mario Benedetti, se convirtió en el poeta contemporáneo del amor. Su gran mérito consistió en acercar la cadencia de las rimas a los más profanos, a quienes jamás habían leído poesía. Con Te quiero y Rostro de vos muchos se enamoraron. Llegó a todo el público con versiones de Serrat y Viglietti. Escritor comprometido y prolífico en novela y cuento, la Feria del Libro notará su vacío. Nunca faltó a la cita del Retiro hasta que Luz, su mujer, falleciese hace tres años. Quien le observó alguna vez, extrañó su leve y menuda presencia, como si no fuera nadie. Antes de partir, Benedetti pidió marchar con una pluma en sus manos. Seguía soñando.

La Tregua

Con La Tregua, Mario Benedetti obtuvo una importante proyección internacional. La escribió en 1960, tan sólo un año después de Montevideanos (1959), obra en la que describe el carácter de sus compatriotas. En ella, cuenta la historia de Martín Santomé, un opaco burócrata empleado de una empresa de comercio a punto de jubilarse. Viudo y padre de tres hijos registra en su diario íntimo la monótona rutina y percibe como se le escabulle el tiempo hacia un destino oscuro y sosegado. El brillo regresa a su tez de cincuenta años cuando se enamora de Laura Avellaneda, la nueva funcionaria de la compañía 25 años más joven. Cuando Martín se dio la oportunidad de ser nuevamente feliz comprendió que Dios sólo le había concedido una tregua. La frustración, la soledad, la conciencia política y la precaria vida familiar fluyen en la introspección cotidiana del protagonista. La obra tuvo más de un centenar de ediciones, fue traducida a diecinueve idiomas y llevada al cine, el teatro, la radio y la televisión.

'La Tregua' tuvo más de un centenar de ediciones, fue traducida a diecinueve idiomas y llevada al cine y la radio.

Inventario

En 1963, coincidiendo con su acercamiento al Partido Socialista y el inicio de su compromiso político, publica Inventario Uno, que abarca los poemas desde 1958 a 1978, entre los que destaca No te Salves (No te quedes inmóvil/ al borde del camino/ no congeles el júbilo/ no quieras con desgana/ no te salves ahora/ ni nunca/ no te salves). En la edición de 1992, Inventario recopilaría todos los poemas publicados en libros desde 1950 a 1985. Año a año incrementaría las páginas de este volumen y de él nacerían nuevos libros como El amor, las mujeres y la vida, la única obra poética en Alfaguara. El resto pertenece a Visor, cuyo editor, Chus Visor, mantuvo hasta la muerte del poeta una cercana amistad.

El amor, las mujeres y la vida

Leer a Benedetti es un placer, pero mucho más escucharle. Alfaguara tiene una edición de esta obra de 2008, que incluye un CD con la voz del poeta. Cálida, sencilla, melodiosa, Benedetti acaricia con sus palabras. No hace falta mucha imaginación para evocar al autor recitando a Luz, su mujer, con la que compartió toda su vida, aquello de (...) Porque eres mía/Porque no eres mía/Porque te miro y muero/Y peor que muero/Si no te miro amor/Si no te miro (...) del poema Corazón Coraza. Quizás, en el mismo piso del barrio de Prosperidad (Madrid), que ambos eligieron para pasar las temporadas del invierno austral que tanto afectaba al asma del autor.

La borra del café

La borra del café, cuyo significado son los posos, se publicó por primera vez en 1992, año en el que se festejó el V Centenario del Descubrimiento de América. Pero esta obra se aleja totalmente del compromiso político y se convierte casi en una biografía novelada. "Mi familia siempre se estaba mudando. Al menos, desde que tengo memoria" comienza esta historia en primera persona. Su abuelo paterno, un astrólogo nacido en Umbría, Brenno Benedetti, fue contratado directamente desde Italia por Francisco Piria, un visionario que llegó a concebir la ciudad balneario que lleva su nombre. Su hijo mayor, Brenno, y padre de Benedetti se mudaría a Paso de los Toros donde nacería el autor. De allí a Tacuarembó y en 1924 a Montevideo. La borra del café narra las peripecias de un joven de barrio que va descubriendo los avatares de la vida.

Vivir adrede

Los pensamientos del autor quedan reflejados en esta obra, de minirreflexiones. Vivir adrede se compone de dos partes. Vivir, en donde explica conceptos que le caracterizaron como la sencillez (Cuando uno es sencillo -en sus actos, en su habla, incluso en su poesía- corre el incómodo riesgo de ser tomado por tonto, por Babieca). La segunda parte, Adrede, empieza con todo un manifesto: Todo es adrede, bien lo sabemos. Desde el maleficio de las drogas hasta el desmantelamiento de la juventud. Todo está destinado a que no creamos en nosotros mismos y menos aún en el prójimo.

Primavera con esquina rota

Benedetti dedicó este relato dolorido, sobre una sociedad fracturada por el autoritarismo, a su padre, "que fue químico y buena gente". Primavera con una esquina rota se publicó en 1982. Un año después, una manifestación o "río de la libertad", como se la llamó, recorre Montevideo. En 1984, Uruguay celebra elecciones democráticas y en 1985, el poeta inicia lo que denominó su desexilio.

La visión de una montevideana

Hortensia Campanella, una montevideana nacida en 1947, acaba de publicar en Alfaguara una de las biografías más completas de Benedetti, Un mito discretísimo, con extractos de artículos periodísticos, ensayos y fotografías del poeta con sus amigos, entre los que se encontraba la poetisa uruguaya Idea Vilariño, quien falleció sólo unos días antes que el autor, Eduardo Galeano y Juan Carlos Onetti. También Juan Gelman, Mario Vargas Llosa, Rafael Alberti, Antonio Saura, y el líder cubano Fidel Castro.

Uruguay, Cuba, Argentina y España fueron los lugares donde Benedetti repartió su corazón y su exilio. Pero, en realidad, el poeta nunca tuvo fronteras. Eran ficticias y algún día tenían que desaparecer como cuando la izquierda conquistó su país.

Fue entonces cuando regresó. Criado en un colegio alemán -lengua que dominaba- se sentía ciudadano del mundo y cercano a quienes menos tenían. Campanella abrió los agradecimientos de su libro con uno especial: "gracias por existir".