Secretos de despacho

El Parc Científic, en un disco duro

Juan Antonio Raga dirige el complejo empresarial de la Universitat de València.

Juan Antonio Raga tiene un despacho provisional. Desde él dirige el Parc Científic un complejo de la Universitat de Valencia en el que se conectan institutos de investigación, un vivero de empresas surgidas de los propios laboratorios de investigación y un parque empresarial que va acogiendo poco a poco a empresas de alto contenido tecnológico. Una ambicioso proyecto en un despacho provisional. "En el edificio central que se está construyendo habrá un despacho para la dirección general, aunque en realidad mi despacho está donde está esto", explica Raga dándole unas palmaditas a una memoria externa de alta capacidad que descansa sobre el ordenador que hay en su escritorio.

Al despacho de Raga, el hombre que debe controlar la inversión de 15 millones de euros que ha realizado la Fundación Parque Científico de Valencia -formada por la propia universidad, Bancaja, Santander, la Cámara de Comercio de Valencia y la patronal CEV-, es un poco complicado llegar. Y para acceder al mismo hay que atravesar uno de los múltiples laboratorios que forman parte del complejo. La razón hay que buscarla tanto en la constante evolución del parque, que sigue construyendo edificios y que ultima el que será edificio central, como en el perfil del propio Raga. Doctor en Ciencias Biológicas, catedrático de la Universitat de València y con más de 25 años de experiencia como profesor de Zoología, el director del Parc Científic tiene colgada en su percha permanentemente la bata blanca de investigador. "Lo cierto es que hace mucho que no se usa", se excusa. Sin embargo, Raga parece asumir que más pronto o más tarde volverá a lo que es su pasión, la investigación del mar.

Pero mientras llega ese momento, Raga dedica prácticamente el 100% de su tiempo -descontando claro está las clases que sigue impartiendo- a controlar que el parque se convierta en una herramienta para diseñar el nuevo modelo económico. Un tema muy de moda en los últimos días pero en el que desde estas instalaciones se trabaja desde hace tiempo. "Aquí se encuentran las dos partes que deben estar implicadas en ese proceso, las empresas y la universidad", explica Raga.

En los edificios que se levantan en el término municipal de Burjassot (Valencia), muy cercanas al campus que la Universitat de València tiene en esa misma localidad, ya hay 22 empresas instaladas, nueve de ellas surgidas de la propia universidad, las llamadas spin off.

Pero lo importante no es el número, si no el contenido: biotecnología y tecnología de la información, sectores de futuro, ahora quizá alejadas de los sectores tradicionales de la industria valenciana, pero esenciales para el futuro si se quiere apostar por una economía en la que la producción no sea la clave del rendimiento económico. "Aquí, en realidad, se instalan los departamentos de investigación y desarrollo de las empresas, las que necesitan tener un contacto con el mundo universitario", señala Raga.

El soporte universitario a las empresas llega de los siete institutos de investigación (Robótica, Biodiversidad, Materiales, Molecular, Física Corpuscular y Tecnología de los Alimentos) que han sido el germen de un proyecto que Raga ha visto casi crecer desde la ventana de su despacho provisional. Ahora, con más infraestructuras en las que acoger proyectos -la demanda supera la capacidad del centro, especialmente en el vivero de empresas- espera que se vayan confirmando sus sensaciones de que el Parc Científic sea un polo de atracción de inversiones en la economía del futuro.

Valencia se ha incorporado quizá un poco tarde a las iniciativas de parques científicos que ya están funcionando en otras ciudades españolas. Pero ha decidido hacerlo con fuerza. Con los institutos de investigación, el vivero de empresas y la recién inaugurada zona empresarial, el Parc Científic espera marcar la senda de la economía valenciana del futuro.

Pocos detalles personales

El despacho de Juan Antonio Raga no atesora grandes recuerdos personales. De hecho, los libros que se acumulan en la estantería no son tampoco grandes obras de cabecera del director del Parc Científic de la Universitat de València.

En esa misma estantería hay algunos pequeños detalles personales, como la ballena tallada en piedra que sí es un regalo de un colega de investigaciones. Por el resto, pocas cosas a las que tenga apego, aunque es curioso comprobar que la vinculación de Raga al mar está presente en muchos de los detalles, como una divertida estructura móvil que cuelga del techo.

Prácticamente el despacho lo tiene dividido en dos, por lo que se refiere a la ubicación de sus documentos. Tras de sí, los vinculados a su profesión. Enfrente, junto a una pequeña mesa de reuniones, toda la documentación referida al parque en archivadores de cartón.

Quizá el nuevo despacho que tenga cuando finalice la obra del edificio principal del parque -que se ha construido después de los inmuebles para los institutos y las empresas- tenga un carácter más institucional. Pero de momento, Raga parece cómodo en un lugar de trabajo en el que a veces parece estar de paso, tanto por su manera de trabajar como por su vocación investigadora.